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La independencia de Bolivia

Bolivia: se cumple otro aniversario de su independencia, el 13 de enero de 1825.

El 13 de enero de 1825, un congreso convocado por el  vencedor de Ayacucho, el mariscal Antonio José de Sucre, decidió la separación del Alto Perú del virreinato del Río de la Plata, al que había pertenecido, y la declaración de la independencia con el nombre de República de Bolívar, luego Bolivia.

Fue una decisión permitida y favorecida por una serie de medidas de los rivadavianos de Buenos Aires tendentes a desprenderse de aquel país siguiendo designios balcanizadores del Imperio Británico.

La separación de Bolivia del actual territorio argentino no se entiende sin el odio que Bernardino González Rivadavia sentía por el general San Martín y por todos los que superaban sus facultades intelectuales, es decir por casi todos en el mundo.

El historiador canadiense H.S. Ferns, que vino a mediados del siglo pasado a Buenos Aires a consultar los archivos para escribir una historia de la aventura comercial británica en el mundo en el siglo XIX,  encontró en ellos más que todos los historiadores argentinos juntos en el pasado, debido a una “sabia ceguera” que los aquejaba. Ferns evalúa así a Rivadavia: “Era incapaz de lealtad, honestidad o siquiera buenas maneras en sus relaciones con los hombres que lo rodeaban con quienes estaba obligado a llevar los negocios de la comunidad. Odiaba a los hombres que eran más notables o tenían más éxito que él. No encontraba nada demasiado maligno que decir sobre San Martín y Bolívar”.

Ya en 1815 los rivadavianos, el partido unitario porteño de Buenos Aires, había hecho una gestión por orden de Carlos María de Alvear ante ante Lord Strangford y ante Castlereagh, diplomático uno y jefe del Foreign Office del Imperio Británico el otro. El largo pliego de Alvear ante el vizconde Strangford dice entre muchas otras cosas de parejo valor: “El país no está en edad ni estado para gobernarse y necesita una mano exterior que lo dirija (……) En esta circunstancia la generosa nación Británica puede poner un remedio eficaz a tantos males acogiendo en sus brazos a estas Provincias que obedecerán a su Gobierno y recibirán sus leyes con el mayor placer…”.

A Castlereagh, que se suicidó más tarde, le dice Alvear: “Estas Provincias desean pertenecer a la Gran Bretaña, recibir sus leyes, obedecer a su Gobierno y vivir bajo su influjo poderoso. Ellas se abandonan sin condición alguna a la generosidad y buena fe del pueblo inglés, y yo estoy dispuesto a sostener tan justa solicitud para librarlas de los males que la afligen. Es necesario que se aprovechen estos momentos. Que vengan tropas que impongan a los genios díscolos, y un jefe autorizado que empiece a dar al país las formas que sean beneplácito del Rey y de la Nación, a cuyos efectos espero que V.E. dará los avisos con la reserva y prontitud que conviene para preparar oportunamente la ejecución”.

Era una oferta imposible de superar para convertirnos en colonia, pero los ingleses preferían que les entreguen el comercio, no la soberanía, como consiguieron totalmente luego con los frigoríficos y los ferrocarriles y  todavía hoy con los campos de la Patagonia, por ejemplo.

Por una carta de Bolívar a Santander se sabe que enviados de Alvear le propusieron algo parecido, cuando vieron frustrado su propósito de convertirse en colonia inglesa. El libertador le dice a Sucre que Alvear, siempre con vistas el odio a San Martín en el pecho, le ofrece fijar los destinos del Río de la Plata y lo considera “un ángel de protección”.

Cuando San Martín, después del renunciamiento de Guayaquil, estaba en Mendoza se propuso viajar a Buenos  Aires, donde su esposa agonizaba, pero recibió un aviso de que no lo hiciera porque lo iban a prender o a asesinar en el camino, por orden de Rivadavia.

Estanislo López, el caudillo santafesino, le avisó de los planes del partido rivadaviano: Se de una manera positiva por mis agentes en Buenos Aires que a la llegada de V.E. a aquella capital será mandado juzgar por le gobierno en un consejo de guerra de oficiales generales por haber desobedecido sus órdenes en 1817 y 1820, realizando en cambio las gloriosas campañas de Chile y Perú.

Para evitar este escándalo inaudito y en manifestación de mi gratitud y del pueblo que presido, por haberse negado V.E. tan patrióticamente en 1820 a concurrir a derramar sangre de hermanos con los cuerpos del Ejército de los Andes que se hallaban en la provincia de Cuyo, siento el honor de asegurar a V.E. que a su solo aviso estaré en la provincia en masa a esperar a V.E. en El desmochado para llevarlo en triunfo hasta la plaza de la Victoria”.

La desobediencia de San Martín a aplastar el  Litoral permitió el triunfo entrerriano en  Cepeda en 1820 y de no  mediar las intrigas de Sarratea hubiera mantenido vida la divisa de Artigas y de los Pueblos Libres.

San Martín no aceptó la propuesta de López de aplastar a “Rivadavia y sus satélites”, que apenas iniciaban una carrera desastrosa para Nuestra América, y prefirió exiliarse en Francia, viudo y con su hija pequeña.

Antes de reunir el congreso que creó la República de Bolívar, Sucre consultó con el gobierno rivadaviano. La respuesta es digna de los porteños separatistas que solo  podían medrar al calor del imperio británico y no querían ser libres sino solo cambiar de dueño. “Es voluntad del Congreso General y Constituyente que las provincias del Alto Perú queden en plena libertad para disponer su suerte, según crean convenir mejor a sus intereses y a su felicidad”.

Había una intención balcanizadora que estaba en Europa y no se mostraba y había un grupo de hombres que había traicionado la revolución de 1810 y que miraban al extranjero, totalmente desinteresados del interior, que no era para ellos sino una fuente de problemas interpuestos en el camino de los buenos negocios.

Cuando Sucre le hizo saber a Bolívar lo que pensaban los rivadavianos, el libertador le contestó: “Ni usted ni yo ni el Congreso mismo del Perú ni de Colombia, podemos romper la base del derecho público que tenemos reconocido en América. Esta base es que los gobiernos republicanos de fundan entre los límites de los antiguos vierreinatos, capitanías generales o presidencias como la de Chile. El Alto Perú es una dependencia del Virreinato de Buenos Aires, dependencia inmediata como la de Quito de Santa Fe”.

Finalmente se impuso la actitud de los porteños, que siguen todavía gobernando la Argentina con no menos suceso que en este de Bolivia, y tuvimos un país independiente a nuestra costa. Pero faltaba todavía un pedazo: Tarija, en el norte de Salta.

Relata un historiador argentino: A pesar de la inaudita renuncia de Buenos Aires a los territorios del Alto Perú, Bolívar entendía que la región de Tarija estaba histórica y comercialmente unida a la región de Salta y por lo tanto a las provincias del Río de La Plata, y así se lo hace saber a Sucre, cuando aquel visita. Ante al voluntad de Bolívar, se incian negociaciones y se nombran como representantes a José María Serrano por parte de Tarija y a Carlos María de Alvear por parte de Buenos Aires.

Durante la estadía de Alvear en Chuquisaca, con la ayuda de su colaborador (el hijo de Díaz Vélez), Alvear escalaba los muros del Conventos de las Mónicas, para mantener relaciones con una monja, hermana del plenipotenciario boliviano José María Serrano.

Se conoció el asunto, y fue grande el escándalo. El mariscal Sucre aprovechó para ayudar a Alvear a que regrese precipitadamente a Buenos Aires el 17 de agosto de 1826, y se  perdió el territorio de Tarija, que quedó gobernado solo por el plenipotenciario boliviano, menos trepador que Alvear, o más discreto.

Bolivia desde los inicios
La población de Bolivia se formó en base a pueblos aimaras que constituían el Kollasuyo, y que vivieron a orillas del lago Titicaca, extendiendo su influencia hasta las costas del océano Pacífico. Los pueblos que integraban el Gran Kollasuyo estaban los Ayaviri, el Colla, del que ha tomado nombre toda la región, los Omasuyos, los Lupacas, Larecajas, Pacajes, Charcas y Chichas.

Luego, con la llegada de los Incas, todos estos pueblos fueron sometidos a sus leyes. Durante la conquista este vasto territorio llegó a depender del virreinato del Perú. Posteriormente, creado el virreinato del Río de La Plata, en 1776, el Alto Perú o Bolivia pasó a ser parte de este último, comprendiendo las intendencias de Potosí, Cochabamba, Chuquisaca y La Paz, y las provincias de Moxos y Chuiquitos, que formaban parte de la intendencia de Cochabamba. Todos estos territorios, al separarse del Río de La Plata y del Bajo Perú, se constituyeron en la República de Bolivia.

Durante la conquista Francisco Pizarro envió a su hermano Gonzalo a la conquista de los Charcas o Collao en 1538. Alonso de Mendoza llegó a La Paz en 1548, en representación de don Pedro de la Gasca. A Santa Cruz en 1560, llegó Ñuflo Chávez. Tristán de Tejada y Juan Salinas, llegaron a Trinidad en 1566. A Cochabamba llega el español Sebastián Barba de Padilla el 1º de enero de 1574. Manuel Castro y Padilla llega a Oruro en 1606. Potosí es fundada por Juan de Villarroel y Diego Centeno en 1546. Un año después, el emperador Carlos V de España le concedió el título de “Villa Imperial”.

En 1561 se instaló en la ciudad de La Plata (actual Sucre) la Real Audiencia de Charcas, suprema autoridad judicial del Alto Perú. Atendiendo la necesidad de crear un nuevo centro administrativo regional desde donde se pudiera controlar con el debido cuidado y atención la zona de mayor producción de plata.

Es así como el colonialismo español toma asiento en esta parte de América, atraído por los grandes yacimientos de oro y plata que lo convirtieron posteriormente en un país netamente minero. A las ciudades fundadas se las dotó de cabildos, funcionarios de justicia, como el alguacil mayor, alcaldes de primero y segundo voto y autoridades militares.

Como es natural, una autoridad impuesta por la fuerza donde el abuso y la prepotencia, la imposición de una cultura y religión ajena a la de los indígenas, más los servicios obligatorios de la mita y de la encomienda, despertaron con el tiempo un sentimiento de profundo resentimiento y rencor hacia el poder español. A raíz de todas estas medidas represivas que impusieron los españoles, surgieron desde 1780 una serie de rebeliones que inquietaron el virreinato del Perú y la Audiencia de Charcas.

Un año después, el 15 de enero de 1781, la sublevación de Chayanta se tornó más violenta, donde los hermanos Tomás, Dámaso y Nicolás tomaron el mando militar ocupando el asiento minero de Aullagas. Una de las rebeliones más dramáticas fue la gestó Túpac Catari, al cercar a la ciudad de La Paz, durante 109 días. Reprimido violentamente el movimiento indígena, sus principales gestores fueron ejecutados el 13 de noviembre de 1781.

En 1809, en La Paz un grupo de revolucionarios al mando de don Pedro Domingo Murillo lanzan al mundo la primera proclama declarando abiertamente la independencia del Alto Perú del dominio español, antes que la revolución de Buenos Aires.

Los sucesos de 1809 sirvieron como elemento detonante para que Buenos Aires se declarara independiente del gobierno español en 1810 , y a la vez, diferentes ciudades del Alto Perú promovieron una serie de pronunciamientos. Argentina temía la incursión de los realistas a su territorio poniendo en peligro su independencia y, con el propósito de asegurarla envió hacia el Alto Perú sus Ejército Auxiliares. El primero de ellos llegó al mando de Juan José Castelli, derrotando a los realistas el 7 de noviembre de 1810.

Desde el Perú, el general español José Manuel Goyeneche con un gran ejército logró derrotar a las tropas argentinas en la batalla de Huaqui, el 20 de junio de 1811.

El Segundo Ejército Auxiliar al mando del general Manuel Belgrano, ingresó a territorio de Charcas, el 7 de mayo de 1813, después de derrotar al general español Pío de Tristán, quien había perseguido a Castelli hasta territorio argentino. Belgrano tampoco tuvo éxito en esta campaña porque fue derrotado en Vilcapugio el 1º de noviembre de 1813, y por segunda vez en Ayohuma el 14 de noviembre del mismo año.

El Tercer Ejército Auxiliar al mando del general José Rondeau, ingresó al Alto Perú después de vencer a los realistas en la Quiaca, el 17 de abril de 1815. En su avance hacia Cochabamba fue derrotado en Sipe Sipe, el 29 de noviembre de 1815 por Joaquín de la Pezuela, quien había reemplazado a Tristán por su mala campaña militar emprendida en contra lo ejércitos argentinos.

Pero al margen de las incursiones del ejército argentino a territorio alto peruano, las guerrillas desempeñaron un papel sumamente importante en la consecusión de la independencia de nuestro territorio. El cura Ildefonso de las Muñecas cubrió el norte del Lago Titicaca, Sorata y Yavi; en el sudeste, entre Camargo y Cotagaita estaba Vicente Camargo, entre los río Grande y Pilcomayo, y en la Laguna  combatían los esposos Padilla (El general Padilla y su mujer, Juana Azurduy); en el este entre Valle Grande y Santa Cruz de la Sierra, ponía en jaque a las autoridades españolas el guerrillero Ignacio Warnes, y por último en  Tarija estaban Eustaquio Méndez, Manuel Rojas y Francisco Uriondo.

Fracasada la intervención militar de los tres Ejército Auxiliares, el general Pezuela ante la súbita aparición de grupos guerrilleros en casi todo el territorio del Alto Perú, organizó una cruenta arremetida entre los años 1815 y 1816, logrando paralizar prácticamente toda actividad subversiva y dando muerte a sus principales líderes como Padilla, quien cayó heroicamente en El Villar bajo la espada del comandante realista Aguilera, el 14 de septiembre de 1816. Vicente Camargo e Ignacio Warnes, también fueron derrotados sangrientamente por los españoles.

Paralizadas las actividades de los guerrilleros, desde la Argentina, José de San Martín organizó un poderoso ejército y cruzó la cordillera de los Andes, logrando la independencia de Chile el 12 de febrero de 1818. De allí victorioso en 1820 emprende una vasta campaña militar con el propósito de liberar al Perú, es decir, tomando una vía diferente de la seguida hasta entonces. El ejército de San Martín luego de numerosos batallas hizo su entrada triunfal en la capital del virreinato el 12 de julio de 1821.

Convocando inmediatamente a un Cabildo Abierto en la que se acordó la independencia absoluta del Perú, la que fue proclamada solemnemente el 28 de julio de 1821 y San Martín fue designado a la vez, Jefe del Gobierno y del ejército con el título de “Protector del Perú”.

Mientras las tropas colombianas desembarcaban en el puerto peruano del Callao bajo el mando del general Antonio José de Sucre, el general Andrés de Santa Cruz que hasta hace poco había luchado en filas realistas, llegó a compartir las ideas libertarias de San Martín y fue enviado a engrosar las tropas de Sucre, iniciando su marcha hacia el Alto Perú, y en agosto de 1823 ingresó en la ciudad de La Paz. Forzado a librar combate, Santa Cruz sale victorioso en la batalla de Zepita contra una división del general Valdés, el 25 de agosto de 1823.

Entre los años 1822 y 1823, la situación en el Perú se había tornado caótica, los ejércitos derrotados por los realistas y los políticos sumidos en la anarquía. En estas condiciones muy lamentables encontró el Libertador Bolívar al Perú, cuando al fin el 1º de septiembre de 1823 se presento en Lima. El Congreso le otorgó la jefatura militar.

El panorama no podía ser más sombrío para los patriotas, la independencia del Perú no estaba consolidada, ya que el 29 de febrero de 1824 los realistas lograron ocupar nuevamente Lima. Pero esta vez, las conmociones políticas que vivía España influyeron decididamente para el fraccionamiento de las tropas españolas en América.
El general Pedro Antonio Olañeta absolutista recalcitrante, se rebeló contra el virrey La Serna, que era de tendencia liberal y constitucionalista, porque se atribuía a éste el deseo de separarse de la monarquía para liberar al Perú del absolutismo que quería imponer Olañeta.

Bolívar, encontró a los españoles divididos y organizó prontamente un ejército formado por colombianos y peruanos y el 6 de Agosto de 1824, derrotó al ejército español del general Canterác en los campos de Junín.

Esta victoria constituye sobre todo, el paso previo para el triunfo final de Ayacucho. Los jefes españoles, Canterác, Valdés y La Serna, reunidos en el Cuzco deciden reorganizar sus fuerzas y salir al encuentro de los vencedores de Junín. Sucre, por encargo de Bolívar, decide continuar la campaña militar en el Perú, y el 9 de diciembre de 1824, los patriotas logran una espectacular victoria en la llanura de Ayacucho. Con la capitulación del virrey La Serna se reconocía “La Independencia del Perú y América”.

Luego el triunfo de Ayacucho, y siguiendo instrucciones de Bolívar, el general Sucre entra en territorio boliviano el 25 de febrero de 1825.  Cochabamba, Santa Cruz de la Sierra, Valle Grande, Tarija y Cinti, ya se hallaban en poder de los revolucionarios.

El 9 de febrero de 1825, Sucre convoca a todas las provincias alto peruanas para reunirse en un congreso que debía decidir el destino de la Nación.

Convocada  Asamblea Deliberante en Chuquisaca, 10 de julio de 1825, y concluida el 32, se determinó por unanimidad la completa independencia del Alto Perú, bajo la forma republicana, por soberana voluntad de sus hijos. Finalmente, el presidente de la Asamblea José Mariano Serrano, junto a una comisión, redactó el “Acta de la Independencia”, que lleva fecha del 6 de agosto de 1825, en homenaje a la Batalla de Junín ganada por Bolívar.

El acta en su parte expositiva dice en tono vibrante: “El mundo sabe, que el Alto Perú ha sido en el continente de América, el ara donde se vertió la primera sangre de los libres y la tierra donde existe la tumba del último de los tiranos”. “Los departamentos del Alto Perú, añade en su parte resolutiva, protestan a la faz de la tierra entera, que su resolución irrevocable es gobernarse por sí mismos”.

Mediante un decreto se determinó que el nuevo Estado llevara el nombre de Bolívar, en homenaje al Libertador, quien a la vez es designado Padre de la República y Jefe Supremo del Estado. Bolívar agradeció estos honores, pero declinó la aceptación de la Presidencia de la República, para cuyo cargo insinúo el nombre del general Sucre.

El 18 de agosto, a su llegada a La Paz hubo una verdadera manifestación de regocijo popular, jamás país alguno rindió mayor homenaje a un hombre. La misma escena repitió cuando el Libertador llegó a Oruro, después a Potosí y finalmente a Chuquisaca.

Bolivia nacía a la vida independiente con los territorios que correspondían a la Real Audiencia de Charcas de la época Colonial. Comprendía cuatro provincias convertidas en departamentos: La Paz; Chuquisaca con Capital Sucre; Santa Cruz con capital, Cochabamba y Potosí. Posteriormente, se creó el departamento de Oruro.

Para la administración del nuevo gobierno se adoptó el sistema francés: el territorio dividido en departamentos; el departamento dividido en provincias; la provincia dividida en cantones y el cantón dividido en vicecantones. La autoridad que administraba un departamento se llamaba Prefecto, de la provincia subprefecto y del cantón y vicecantón, corregidor.

La segunda parte, “Bolivia desde los inicios” se ha tomado de “Nuevos Horizontes”

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