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El Lliupacha Yuyaychay, la doctrina peremne en las cumbres andinas

Los que han preservado durante cinco siglos en silencio y en secreto el saber tradicional andino parecen decididos ahora a hablar, quizá porque consideran llegado el tiempo. El Lliupacha Yuyaychay se ha traducido como “cosmovisión andina”, pero no es una visión del cosmos ni una filosofía pues supera, como todo saber tradicional, el nivel cósmico y racional de la experiencia, tanto científico como filosófico.

Lliupacha Yuyaychay, la doctrina peremne en las cumbres andinas.

 
Los símbolos fueron deformados, atacados, por los conquistadores españoles, pero de todos modos se mantuvieron a la vista de todos sin ser comprendidos, porque su verdadero sentido no podía ser conocido sino por los depositarios del saber, que lo transmitieron de boca a oído de generación en generación.

Los estudiosos, antropólogos, arqueólogos, sociólogos, etnólogos, europeos y norteamericanos no obtuvieron nunca más que fragmentos insignificantes, relatos “folklóricos”, costumbristas o “populares” sin relación con el conocimiento puro, que permaneció oculto para ellos.
 
Los indígenas solían decir respecto del conocimiento que preservan que cuanto más se habla de él más lejos se está, así como el libro de Lao Tse dice “quien habla no sabe, quien sabe no habla”.

Cinco siglos de opresión, genocidio, saqueo, explotación y transculturación no pudieron vencer la límpida claridad de la doctrina perenne, que se mantuvo en las alturas de los Andes cuando podía pensarse que la cultura occidental, es decir la codicia, el egoísmo, la fuerza bruta, el individualismo y el desprecio habían hecho su tarea hasta el fin.

Los indígenas solían decir respecto del conocimiento que preservan que cuanto más se habla de él más lejos se está.

Lliupacha Yuyaychay se ha transmitido en un lenguaje llamado runasimi, lo que lo emparienta con la “lengua primordial” (la que el Corán llama “lenguaje de los pájaros”) que no se debe confundir con el quechua actual).

En el Lliupacha Yuyaychay, en la escasa medida en que lo conocemos, Pachakamaq es equiparable al Ishvara hindú. Es el Uno invariable, no manifestado, el polo esencial de cuanto existe sin salir en realidad de él mismo sino de modo ilusorio, en los hombres que se creen seres separados y actúan como individuos.

Los andinos no expresan su nombre sino rara vez porque nombrarlo aleja de él. Solo se puede captar en el silencio y en la paz perfecta, ya que el silencio es el ámbito del que provienen todos los sonidos, incluida la palabra que lo nombra.

De Pachakamaq surge toda la manifestación o kamakuy. Su símbolo, al modo de la concentración en un punto de luz como en la Cábala, es un haz luminoso o también un sonido fugaz, una vibración que se representa con Inti, el Sol.

Inti es una unidad sintética que contiene toda la manifestación sin ser él quien la produce. Pero mientras antes de la manifestación estamos en el ámbito de lo que no se puede comprenderse porque no tiene límites, es ininteligible, la manifestación simbolizada por Inti es ya comprensible, lo que equivale otra vez a decir que no es el principio incondicionado.

Inti significa en runasimi sol, luz y sabiduría: el conocimiento, la luz en la mente y la presencia de la energía primordial. Cada uno de estos sentidos se refiere a un plano diferente de significación del runasimi: el físico, el psíquico y el espiritual, tal como los gnósticos distinguían entre físico, psíquico y neumático, sin que nunca estuviera claro al profano a qué plano debía referir un texto.

Inti significa en runasimi sol, luz y sabiduría: el conocimiento, la luz en la mente y la presencia de la energía primordial.

Un ideograma chino significa al mismo tiempo fuego, luz y espíritu, en tres niveles diferentes que sólo se aclaran por el contexto. Eso invita a pensar que la china es una escritura mucho mejor adaptada que las nuestras para el lenguaje simbólico.

Pacha (de donde “Pachamama”, Madre Tierra), es la naturaleza, pero más y menos que lo que expresa la palabra castellana, que por etimología se refiere a lo que ha nacido (natur).

Pacha es todo lo que contiene la tierra, también el cielo, el espacio sideral, y el tiempo con sus dimensiones de pasado, presente y futuro. Pero en otro plano Pacha es la “prakriti” hindú, el polo sustancial de la manifestación que genera todas las cosas por influencia de Inti. Es la energía potencial no manifestada, algo similar a la materia prima aristotélica. Los indígenas tienen muy claro estos sentidos, pero a nosotros nos cuestan un poco más porque un largo recorrido nos ha “especializado”.

Un expositor de las doctrinas indígenas señala que en la filosofía andina todo está relacionado, la vida humana se orienta en unidad con el cosmos, la naturaleza y la familia.

“Los símbolos no son meras figuras sino guías indispensables en la evolución ontológica (que el Vedanta hindú llama “realización”, y como la “evolución” andina carece de equivalente en occidente).

Los Inkas emplearon los símbolos no como objetos de valor material sino por lo que simbolizan, porque orientan y guían en la evolución (wiñay) de las personas o runakuna.

El conocer los símbolos y vivirlos personalmente, se conoció como Qhapaq Ñan, Qori Ñan o Cheqaq Ñan (vía de la sabiduría o vía de la verdad); en otros casos se conoció como Inka Ñan o Hatun Ñan (vía del gobernante o la gran vía). El hecho de expresarlo o darlo a conocer correctamente es el Qhapaq Simi, Inka Simi, Apu Simi, etc.

Vivir la cosmovisión andina es vivir una vida equilibrada y humana, aunque con una concepción de la humanidad que difiere mucho de la occidental. “Todo daño que se haga a cualquier ser detiene la evolución. Esta evolución queda grabada en nuestro cuerpo y nuestra conciencia al igual que todos nuestros actos; por ello, nosotros mismos somos los responsables y jueces de nuestros hechos cuando pasamos de un plano a otro”. Se trata de una doctrina que se corresponde perfectamente con la hindú del karma y también con la taoìsta de las acciones y reacciones concordantes.

La evolución, la posibilidad de alcanzar los planos más altos de la existencia (en fondo salir de ella a otro plano), es el sentido de la vida para los andinos y se da en todos los ámbitos.

Expresado en lenguaje simbólico: así como las cuatro extremidades permiten trabajar, los cuatro principios Inkas permiten elevarnos desde la condición animal hasta la reintegración con el principio original o Pachakamaq, que es nuestra naturaleza propia.

En el plano moral, la traducción de los cuatro principios se da como cuatro recomendaciones: Ama qella (sé laborioso), Ama suwa (sé honesto), Ama Llulla (sé veraz) y Ama hap’a (sé fiel y leal). Estas expresiones también se utilizan en el saludo andino.

El cuaternario que según los andinos y todas las tradiciones, incluso los órficos y pitagóricos, constituye el mundo material, se representa por la Cruz del Sur en el cielo; en la naturaleza por las cuatro partes del Tawantinsuyo; en la familia por el cumplimiento de normas de conducta y en el cuerpo humano, por las cuatro extremidades. Obviamente, no se trata de una explicación científica, sino de un símbolo cuya misión es servir de apoyo a la meditación para permitirnos pasar de él a lo simbolizado.

Pero el cuaternario se completa con el ternario para formar el septenario que es el símbolo de la manifestación universal, es decir, la que incluye los aspectos manifestados que están más allá del nivel sensible y no se pueden conocer sino por la mente algunos y por la intuición intelectual directa otros.

Notablemente, de manera similar, los constructores de templos ubicaban una cúpula circular sobre un basamento cuadrado. Por ejemplo la basílica de Santa Sofía en Constantinopla, donde la inmensa cúpula que constituye el techo sobre la base cuadrada que es el resto del edificio tiene el mismo significado e ilustra un problema matemático a menudo mal comprendido: la cuadratura del círculo.

El indígena peruano Evaristo Pfuture Consa se refiere a otro aspecto de la doctrina: la hermandad andina. La palabra Kausaysonqo indica la semejanza y la afinidad de todas las cosas por su origen, una armonía a la que todas responden positivamente. Esa “hermandad”, que es mucho más que social o familiar, es casi intraducible en castellano, porque como todas las lenguas occidentales es, llegado este punto, rígida y estática.

Por el mismo motivo, las lenguas de occidente no pueden traducir las proposiciones metafísicas del sánscrito sin distorsionarlas gravemente. Una imposibilidad tal no se explica solo por el idioma sino sobre todo por la mentalidad de los que lo usan. “En el español existen palabras y más palabras sólo para hablar de las formas físicas, concretas y visibles, pero no de los (conceptos) abstractos en toda su extensión y profundidad”, dice al advertir que no podrá expresar como quisiera la doctrina andina.

“Decir hermano en runasimi es reconocer la esencia de la vida que se encuentra en el semejante al igual que en mí. ¿Cuál es diferencia? ¿en qué nos diferenciamos en esencia? ¿por qué tengo que creerme diferente o superior? Por último, si uno es superior (en la evolución) entonces tiene responsabilidad de conducir por la vía de la evolución a sus semejantes, porque uno ve en el otro a Sí Mismo (porque ha advertido la Realidad). Entonces ¿por qué hacerle daño a otro que es uno mismo?”

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