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Los humanos adultos no deben tomar leche

Los occidentales son en un punto fundamental víctimas de sus prejuicios y de su credulidad, que los han llevado a considerarse a sí mismos la flor y nata de la especie humana. Este punto débil es la alimentación, sobre todo desde que también ella ha pasado en alas de “progreso” del ámbito doméstico y artesanal a convertirse en una rama de la gran industria moderna.

Leche: buena para el ternero, pero no para los seres humanos.

Los orientales y los africanos han evitado siempre la leche en su dieta. El ayurveda, la medicina tradicional hindú, recomienda una dieta para cada paciente, no para cada enfermedad, pero sorprende la falta de leche y lácteos, salvo una manteca muy elaborada y depurada, proveniente de una sociedad sin aditivos, pesticidas, plaguicidas ni antibióticos.

Ayurveda significa “conocimiento de la vida” (ayur: vida; veda, de vid, conocimiento esencial) y es una ciencia tradicional derivada de los vedas, libros inspirados, sólo tolerada en occidente como “medicina alternativa”.

Se trata de una sencilla observación de la naturaleza: una vez destetados, los mamíferos de cualquier especie dejan por completo de ingerir leche. Su aparato digestivo ya no asimila la leche como antes y en el resto de su vida comerán carne los carnívoros y pasto los herbívoros, pero leche nunca más. El ser humano es el único mamífero entre todos que bebe leche en la adultez, de otra especie por lo demás, y cree para completar que está bien adaptada a sus necesidades.

A partir del año aproximadamente la leche comienza a ser indigesta para los bebés humanos debido a que no disponen ya de suficiente cantidad de lactasa para digerirla, pero mucho más la leche de vaca, que neutraliza en parte la acidez estomacal y hace que pasen el intestino delgado las caseínas, sustancias viscosas cuando no están hidrolizadas, usadas en carpintería como pegamento, que se depositan en el intestino y dificultan la asimilación de todos los alimentos.

Con los años, disminuye la cantidad en el estómago de renina, una enzima necesaria para comenzar la ruptura de las moléculas de caseína.

¿Alimento perfecto?
Contra la propaganda comercial casi abrumadora que recomienda lácteos no ya como alimentos sino como medicamentos, para mantenerse sanos y con huesos bien calcificados, la leche de vaca se relaciona con problemas circulatorios, alergias, inmunodepresión y acumulación de mucosidades. Algunas enfermedades de la garganta, nariz y oídos, incluidas el asma y la sinusitis, mejoran o desaparecen cuando se eliminan los lácteos.

La leche de vaca, un animal de otra especie, contiene por ejemplo grandes cantidades de hormonas de crecimiento, porque antes de dejar la ubre el ternero aumenta varias veces su propio peso. Esas hormonas son ingeridas por el bebé humano a pesar de que sus necesidades son muy distintas.

Como no puede hidrolizar completamente la caseína, los péptidos resultantes de la hidrólisis parcial (ruptura de la molécula por efecto químico del agua) pueden atravesar las paredes del intestino, donde los linfocitos B fabrican anticuerpos, inmunoglobinas, que se unen con los péptidos para formar complejos antígeno-anticuerpo.

La caseína y la gammaglobulina de la leche de vaca son altamente inmunogénicas, presentan una fuerte demanda al sistema inmunológico para producir anticuerpos en gran cantidad. En los casos normales, las proteínas no digeridas y otros antígenos contenidos en alimentos son expulsados con las excretas, pero en casos de personas con deficiencias la caseína puede pasar a la sangre y provocar artritis reumatoide, lupus o cáncer, entre otros males.

Mucha leche, mucha osteoporosis
Un punto favorito de la propaganda comercial es el aporte de calcio que harían los lácteos. Hace unas dos décadas, médicos norteamericanos advirtieron que su país, el mayor consumidor mundial de lácteos, era también el de mayor prevalencia de osteoporosis, hechos que parecían contradictorios, salvo en un punto: en realidad, los lácteos apenas si aportan calcio a los adultos.

Un estudio de la American Journal of Clinical Nutrition concluyó que las proteínas lácteas destruían en exceso el tejido óseo, provocando casi el doble de pérdida de tejido respecto a personas que llevan dietas estrictamente vegetarianas.

La industria láctea nos invita a pensar en las diferencias entre su producto y el que sale del tambo, que contiene desechos de todo tipo, incluso pus de vacas con mastitis, restos de bosta y pasto, etc. Pero calla respecto de la leche industrial, que debido a su tratamiento tiene gran cantidad de sustancias tóxicas por tratamiento: metales, restos de detergentes, desinfectantes, plaguicidas, pesticidas y antibióticos.

La humanidad sobrevivió hasta el siglo XX sin conocer otra cosa que la leche de los tambos. Ahora aquello, gracias a la industria, parece un pasado bárbaro, pero no es sino una forma nueva de la barbarie vieja, “moderna” y tecnificada.

Nada mejor que su madre para el bebé
La leche humana es un alimento completo para el bebé, ya que durante casi un año lo sostiene en perfecto estado de salud y le aporta todo lo que necesita, incluso la inmunidad contra enfermedades que ha desarrollado un adulto como su madre.

Pero un indicio de que debe ser alimento único es que tiene grasa, lo que la hace compatible solo con ella misma. Si hay otros alimentos en el estómago la leche se cuaja por efecto de la acidez y sus grumos se coagulan en torno a las partículas de comida y las aíslan de la acción de los jugos gástricos, retrasando su digestión el tiempo suficiente para que comience la putrefacción.

Los beneficios de la pasteurización
Si la leche humana es indigesta para los adultos, la leche de vaca lo es mucho más nada más que por provenir de otra especie con otras necesidades. Pero la industria ha agravado el problema con la pasteurización, que destruye las enzimas naturales y altera sus proteínas.

La leche pasteurizada, desprovista de lactasa y demás enzimas activas, no puede ser correctamente digerida por los estómagos adultos, e incluso resulta difícil para los niños, que sufren cuando son alimentados a mamadera, como cualquier madre lo sabe, problemas respiratorios, gases, cólicos y otras afecciones frecuentes.

Además, la ausencia de enzimas y la alteración de las proteínas vitales hacen que el calcio y los restantes minerales contenidos en la leche no sean bien asimilados.

La leche pasteurizada puede tener relación con la esterilidad, un mal que se extiende al punto que se considera que el esperma de los hombres actuales contiene una fracción de los espermatozoides que debería contener.

En 1930, el doctor Francis M. Pottenger realizó un estudio de 10 años de duración sobre los efectos relativos de una dieta de leche pasteurizada y otra natural en una población de 900 gatos. Uno de los grupos no recibía nada más que leche entera al natural, mientras que el otro era alimentado exclusivamente con leche entera pasteurizada de la misma procedencia.

Los gatos alimentados con leche natural evolucionaron bien, se mantuvieron sanos, activos y alertas durante toda su vida, pero los alimentados con leche pasteurizada pronto se volvieron inquietos, confusos y sumamente vulnerables a enfermedades degenerativas crónicas propias también algunas de seres humanos: enfermedades cardíacas, afecciones renales y tiroideas, problemas respiratorios, pérdida de dientes, fragilidad ósea, inflamación hepática, etc.

Pero lo que más llamó la atención al Pottenger fue lo que les sucedía a la segunda y tercera generaciones. Los primeros descendientes del grupo de la leche pasteurizada nacieron todos con mala dentadura y huesos pequeños y débiles, síntomas evidentes de una deficiencia de calcio que indicaban a su vez una mala absorción del calcio de la leche pasteurizada. Los descendientes del grupo de la leche al natural nacieron tan sanos como sus progenitores. Muchos de los gatitos de la tercera generación del grupo pasteurizado nacieron muertos, y los que sobrevivieron eran todos estériles e incapaces de reproducirse.

El experimento debió terminar ahí porque no hubo una cuarta generación de gatos alimentados con leche pasteurizada, aunque el grupo de la leche natural siguió reproduciéndose y criando indefinidamente. Si esto no parece prueba suficiente de los efectos nocivos de la leche pasteurizada, hay que tener en cuenta que incluso los terneros recién nacidos que son alimentados con leche pasteurizada obtenida de sus propias madres suelen morir antes de seis meses, un hecho comprobado que la industria lechera comercial se resiste a reconocer.

No obstante, la pasteurización es obligatoria en casi todas las ciudades argentinas, porque alguien la impuso como si fuera la evidencia misma como un avance científico incuestionable aunque es un retroceso igualmente incuestionable en la fertilidad humana.

Pero el problema es económico, no tanto científico, salvo que consideremos a las conductas economicistas como “científicas”. La industria pasteuriza la leche a fin de alargar el tiempo de vida de su producto en el comercio, aunque venda leche desnaturalizada que no beneficia la salud.

La pasteurización tiene una ventaja económica adicional para la industria: hace que la leche de las vacas enfermas en tambos poco sanitarios resulte relativamente “inofensiva” para el ser humano, ya que mata algunos de los gérmenes peligrosos (aunque no todos), y esto también contribuye a abaratar los costos de producción.

Hoy en día, la esterilidad se ha convertido en un problema de importancia entre las jóvenes parejas occidentales, mientras que la deficiencia de calcio se ha extendido tanto que más del 90 por ciento de los niños norteamericanos padecen de afecciones dentales crónicas.

Otra “delicadeza” de la industria es la leche homogeneizada al punto que no puede formar nata. El proceso consiste en destruir los grumos de grasa hasta fragmentos que tienen la propiedad de que se filtran con facilidad a través de las paredes del intestino delgado y aumentan la cantidad de colesterol y grasas desnaturalizadas absorbidas por el cuerpo. En realidad, se absorbe más grasa láctea bebiendo leche homogeneizada que consumiendo nata pura.

La leche desnaturalizada no aporta el calcio suficiente para combatir la osteoporosis. Si falta prueba, la proporcionan las mujeres occidentales que consumen grandes cantidades de productos lácteos pasteurizados y tienen mucha más incidencia de osteoporosis que las de cualquier otra zona del mundo.

La col cruda proporciona muchísimo más calcio asimilable que cualquier cantidad de leche pasteurizada o sus derivados, como yogures, quesos y todos los demás productos lácteos desnaturalizados.

No es como parece
Un estudio publicado hace poco por la especialista española Rocío Acosta insiste en que la leche de vaca es un alimento muy sobrevalorado y que contra la persistencia publicitaria después del destete no es imprescindible al punto que muchas personas harían bien en evitarla.

Para ella la leche de vaca no es fuente ideal de calcio porque contiene mucho fósforo que en el producto industrial es más que lo necesario y no contempla el equilibrio que debe haber entre ellos en la sangre humana. Si hay más fósforo del necesario, se activan ciertas hormonas que sacan calcio del hueso y lo vierten a la sangre, para mantener la proporción.

La leche es un alimento que acidifica la sangre. Para compensarlo y alcalinizarla, nuestro organismo se desprende de calcio que ha almacenado en los huesos.

Además es rica en grasas saturadas y en colesterol, lo que agrava la situación de los que tienen una dieta abundante en grasas de baja calidad, como son casi todos los productos de la comida “chatarra”.

La leche se digiere gracias al cuajo en el estómago y a la lactasa en el intestino. Los mamíferos no están preparados para consumir leche después del destete por lo que en muchos casos no disponen de esas sustancias y la leche les resulta indigesta.

Si hay poco cuajo la leche provoca náuseas. Si hay poca lactasa, la leche irrita el intestino, se provocan diarreas, se perjudica el sistema inmunológico, se generan gases, dolores de cabeza y articulares, cuadros inflamatorios difusos y trastornos respiratorios.

La leche es rica en IGF1, una hormona de crecimiento que llegada a cierta concentración puede desarrollar cáncer especialmente de mama en la mujer o de próstata en el hombre.

El cáncer acecha
La científica inglesa Jane Plant padeció cáncer de mama cinco veces. Confiaba en su propia ciencia, pero aprendió a desconfiar. La sometieron a la extirpación de una mama y le irradiaron los ovarios para esterilizarlos de modo de provocar la menopausia con la promesa de que así el cáncer no volvería. Volvió otras cuatro veces. Cuenta que durante el tratamiento se sintió más cerca de la muerte que de la vida. Una vez superada la triste experiencia, con su marido, que es también científico, se propuso averiguar porqué las mujeres chinas padecen el cáncer de mama a razón de una cada 10.000, contra una cada 12 en Inglaterra. La conclusión fue: los chinos adultos no toleran la leche y no la beben nunca. Las mujeres casi no conocen el cáncer de mama ni los hombres el de próstata.

La naturaleza es sabia
La leche está hecha sabiamente, con toda la sabiduría de la naturaleza, para los lactantes. Es nuestra ignorancia civilizada la que nos induce a consumirla adultos, cuando es algo claramente antinatural, una anomalía que como todas termina produciendo un desequilibrio, una desarmonía que en el caso del cuerpo y la mente se llama enfermedad.

Si de todos modos se quiere seguir actuando como mamón en la adultez, se puede ingerir leche moderadamente, de origen ecológico, desnatada y con calcio provenientes de algas marinas.

La dietista Susana Holden, de la Triangle Vegetarian Society de los Estados Unidos, enumera los eslogan publicitarios que a fuerza de repetidos –y de fomentar la ignorancia- funcionan en nosotros como la verdad misma: “la leche hace huesos fuertes”, “es el alimento perfecto de la naturaleza”, “¿tomaste leche?”

Pero los lácteos están llenos de contaminantes. No previenen la osteoporosis, como dice la propaganda, sino que los porcentajes de osteoporosis son más altos en las naciones occidentales industrializadas, que son los mayores consumidores de lácteos.

La osteoporosis involucra el balance del calcio, antes que una mera deficiencia. Minimizar la pérdida de calcio es difícil para los que siguen la dieta común, pero los vegetarianos están en mejor situación.

Los vegetales que reemplazan a la leche con ventaja como aportantes de calcio son el brócoli, las berzas, el nabo, las hojas de mostaza, la col, el repollo chino, tofú cuajado con calcio, bebidas de arroz o soja enriquecidas, zumo de naranja enriquecido, melazas oscuras e higos.

Los niños alimentados con leche de vaca pueden padecer pérdidas de sangre en el intestino, que deriva en anemias. La leche además desplaza de la dieta a otros alimentos ricos en hierro, lo que deriva en la aparición de anemias.

Las dos terceras partes de la población mundial no puede digerir la lactosa, el azúcar natural de la leche, lo que ha decantado en las sabidurías populares de todo el mundo “no civilizado” donde la leche no la consumen sino los niños pequeños, y desaparece de la dieta adulta o tiene en ella un papel secundario.

La leche de vaca no es ajena a la producción en el organismo de galactitol, que podría ser una causa de daño en la estructura del cristalino del ojo y de la aparición de cataratas.

Por otra parte, si se alimenta a un bebé con leche de vaca, lo que fue casi normal en occidente porque las madres abandonaron el amamantamiento al que es difícil hacerlas volver, es posible que desarrolle diabetes juvenil, ya que una proteína de los lácteos podría desatar una reacción inmune que destruye las células productoras de insulina del páncreas.

Los lácteos contienen grasas saturadas, buenas para el ternero, pero asociadas en los seres humanos con las enfermedades del corazón. Las grasas monoinsaturadas como los aceites de oliva o canola son mejores para el corazón que las grasas saturadas.

Finalmente, Susana enumera una lista que no es la del terror:

Los pesticidas procedentes de los forrajes se concentran en la carne animal y luego pasan a la leche.

La gente que consume productos de animales alimentados con antibióticos puede adquirir resistencia antibiótica.

La leche es fortificada con vitamina D, la cual es peligrosa en altas dosis. (Sin embargo, cuando es sintetizada por nuestra piel durante la exposición al sol, no es peligrosa). En 1992 ocho personas fueron diagnosticadas con hipervitaminosis D, después de haber bebido leche “fortificada” inadecuadamente.

Civilizados, nada más
En nuestra sociedad el beber leche es una norma cultural que la mayoría de las personas no cuestiona. Sin embargo, desafía la racionalidad dar por supuesto que una persona, además de un ternero, tiene necesidad fisiológica de consumir leche de vaca. ¡Parece que los bigotes de leche más prudentes de llevar son aquellos hechos con leche de soya, arroz, almendra o avena!

La leche que produce cada mamífero es específica para su especie, idónea para las necesidades de su cría y no para las de otra. La Naturaleza previó que los mamíferos obtengan la leche directamente de las mamas de sus madres sin contacto con agente externo alguno ya que se trata de una sustancia que se altera y contamina con gran facilidad.

Es notable como la civilización, que debía hacernos más cultos, más sensatos, más racionales, más sabios, nos induce a través de las necesidades de la industria a creer sin dudar que es sano seguir apegados a la leche ya adultos, con lo que nos lleva a contrariar leyes naturales.

Hace mucho, para paliar al menos la mala situación de en estábamos ya entonces, cuando no había soja ni glifosato en los campos, el pediatra Florencio Escardó luchó hasta obtener que la industria separe la leche de vacas con ternero de las de vaca con ternera, porque no es lo mismo macho que hembra y la naturaleza lo sabe perfectamente, al punto que la leche para uno y otra que produce la vaca no es la misma. La industria no lo ignora, pero la mezcla es más barata y hoy en día todo se mezcla de nuevo, incluso las hormonas que no son para cualquier sexo.

En la revista Discovery DSalud, el médico Jean Signalet, hematólogo, inmunólogo, biólogo, escribió: “muchas personas piensan que prescindir de la leche puede provocarles pérdida de calcio y problemas como la osteoporosis pues la televisión, la prensa y la mayoría de los médicos repiten que la solidez de los huesos depende de su cantidad de calcio y sólo el consumo diario de productos derivados de la leche puede aportarles en cantidad suficiente ese precioso calcio. Sin embargo, yo digo firmemente que NO. El peligro de la falta de calcio es una ilusión.

Es cierto que la leche de vaca es rica en calcio pero una vez en el tubo digestivo humano la inmensa mayoría del mismo es precipitado en forma de fosfato de calcio y expulsado a través de las heces fecales.

Sólo una pequeña parte es absorbida. El calcio asimilable es aportado en cantidad más que suficiente por los vegetales: hortalizas, legumbres secas, verduras, carnes crudas y frutos secos y frescos. Además el calcio es un mineral muy abundante en el suelo donde es recuperado por las raíces de las plantas. En definitiva, eliminar de la alimentación la leche animal no provoca carencia de calcio. Al contrario, el régimen hipotóxico -desprovisto de derivados de la leche- acompañado de magnesio y silicio bloquea 70 veces de cada 100 la evolución de la osteoporosis e incluso permite a veces recuperar parte del terreno perdido”.

La leche de vaca, como la de casi todas las especies de mamíferos, contiene unas 59 hormonas diferentes: pituitarias, esteroideas, adrenales, sexuales.

Las más importantes son las del crecimiento, dirigida por supuesto al ternero, no al bebé ni al adulto humano. Los humanos, a diferencia del ternero, no necesitamos multiplicar el peso en poco tiempo, pero ingerimos hormonas de crecimiento como si lo necesitáramos. Y las consecuencias pueden ser enfermedades degenerativas.

Monsanto tiene su parte
En 1994 la agencia del medicamento norteamericana, la Food and Drug Administration (FDA) aprobó que la compañía Monsanto, la misma que produce la soja transgénica y el glifosato, use la hormona recombinante de crecimiento bovino para aumentar la producción de leche en las vacas entre el 10 y el 25 por ciento.

Como esta hormona aumenta los niveles de otra hormona proteica en la leche, activa en los seres humanos, es posible que dé paso a la división y crecimiento incontrolados de células, lo que se llama cáncer.

Los peligros potenciales de esa hormona son tantos que su uso está prohibido en los países desarrollados, pero sabemos que en el resto se hacen maravillas a manos llenas con los ojos cerrados porque los resultados se observan con el correr de los años y siempre se puede oscurecer las razones.

Qué nos ofrece la industria
La industria láctea ofrece un líquido de buena textura y sabor, contaminado con productos químicos, hormonas, antibióticos, pesticidas, virus, bacterias, priones, aditivos, vitaminas y minerales sintéticos, semillas, plantas, frutas, proteínas, ácidos grasos. Por esta vía es posible ingerir leche con grasa de cerdo, sin saberlo el que la bebe ni el que la vende ni el que la produce.

En la leche industrial puede haber metales y plásticos derivados del equipo utilizado en la explotación ganadera para obtener, conducir o almacenar la leche.

Se ha detectado mediante el análisis químico hierro, cobre, plomo, cadmio, zinc o sus aleaciones. Lo que puede provocar una actividad catalítica nefasta sobre las reacciones de oxidación que se producen en ella.

También puede tener detergentes y desinfectantes como formol, ácido bórico, ácido benzoico, sales alcalinas, bicromato potásico empleados en la limpieza y desinfección del material que se pone en contacto con la leche.

También pesticidas y fertilizantes porque en la comida que se da a las vacas se pueden encontrar compuestos químicos con los que se ha procurado tanto el incremento de las cosechas como su mejor conservación.

Hay en la leche por esta vía acaricidas, nematicidas, fungicidas, raticidas y herbicidas, lindano, metoxiclor, malation, aldrín y otros venenos varios.

A partir del alimento balanceado que se da a las vacas la leche puede contener micotoxinas debido a mohos, en particular el aspergillus flavus.

Se encuentran también antibióticos y otros fármacos usados en el tratamiento y prevención de las enfermedades infecciosas y parasitarias de las vacas.

Para evitar la mastitis la industria “baña” las vacas en antibióticos. Pero quedan residuos en la leche que pueden ser peligrosos para los humanos.

Detrás de la leche hay un gran negocio que justifica una gran publicidad, pero hay también mucho sufrimiento, muchas enfermedades. Como dicen los orientales en un contexto muy diferente y con otros fines: la única raíz del sufrimiento es la ignorancia.

 

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