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Hollande, a un paso de la gloria

Un candidato “rock and roll”. Con el palacio de Bercy a pleno y 20.000 personas gritando “vamos a ganar”, al socialista François Hollande lo vivaban como a Paul McCartney. Avanzaba lentamente, en un baño de manos, por ese templo de los conciertos entre la multitud, en una fiesta con perfume de victoria. Si los sondeos se confirman, “Monsieur Normal” será el presidente electo de Francia el próximo domingo.

François Hollande, a un paso de la gloria. Foto: AFP

Hollande conseguiría el 54 por ciento de los votos contra el 46 de Nicolas Sarkozy, según la encuesta de LH2 para Yahoo. El 20 por ciento de los electores de Marine Le Pen votarían a Hollande, el 45 por ciento a Sarkozy y el 35 de ellos se abstendrían o votarían nulo. Los “lepenistas” tienen la clave del balotaje.

No cabía un alfiler en las gradas para el último acto de campaña socialista en París, antes del cierre en Toulouse el jueves. Si la elección fuera por las bandas que hacen “el aguante” al candidato, los socialistas ganan fácilmente. La atmósfera era de un gran festival de rock. Cuando Hollande llegó al escenario donde Madonna sabía electrizar a su público, él no tenía nada que envidiarle, a pesar de su “look” de gerente de banco.

El estadio ardía al grito de “François President” y los “elefantes” socialistas se alineaban para aplaudirlo, lejos de sus eternos celos. Hasta Ségolène Royal, su ex mujer y ex candidata presidencial, se unió a la ovación.

Desde la “gauche caviar” de St Germain de Pres a los empleados públicos, desde los profesores a los obreros ferroviarios, todos dijeron presente. Pero los jóvenes eran mayoría , además de negros y musulmanes. La “otra” Francia estaba allí. En la guerra de banderas que los socialistas y los sarkozistas mantienen, ganó la diversidad: banderas de Francia, de la Unión Europea, un mar de estandartes colorados, por la paz, por los gays, por Hollande 2012.

Traje gris oscuro, corbata azul, camisa blanca, zapatos lustrados como un colegial. Hollande subió al escenario y levantó los brazos moderadamente. La multitud deliraba, como en los mejores días de François Mitterrand. Hasta que él mismo se contagió la alegría y saludaba a todos lados, sin perder la calma ni la sonrisa.

Comenzó el discurso de Hollande, al mismo momento que el conservador Sarkozy en Toulouse. “El cambio está acá, va a llegar. Años que lo esperamos”, arrancó el candidato socialista. Su imagen se proyectaba en cuatro pantallas, a las cuatro tribunas de Bercy.

“Ustedes me pusieron a la cabeza con un resultado que ningún socialista hasta ahora ha obtenido”, se regocijó. El domingo pasado, “nos fue mejor que a François Mitterrand en 1981 en la primera vuelta”.

En el estadio, codo a codo, estaba la izquierda unida más algunos amigos del centrista François Bayrou, que han decidido esta vez votar a los socialistas, sin esperar que su candidato presidencial decida la consigna de voto.

“El primer deber de un jefe de estado es el de unir, el de reunir, el de no dividir”, proclamó Hollande. “Yo quiero una bella victoria, una gran victoria, una victoria que nos vuelva orgullosos, que nos eleve”.

El discurso ya no era una serie de enunciados de campaña sino que Hollande fustigaba a Sarkozy por su temática durante la campaña. Además, el socialista comenzó a perfilar cómo conducirá los temas más sensibles de la república . El empleo, Europa, la diversidad, el voto de los extranjeros, la deuda, el pacto de estabilidad europeo.

“Yo quiero unir largamente alrededor de los valores de la república, de la bella idea del cambio. Yo quiero unir a aquellos que son exigentes con la moralización de la vida política”, dijo, en una alusión a los electores de Bayrou.

Entre la multitud, Mohamed agitaba su bandera con Hollande 2012. “Es la victoria”, gritó, en medio de los aplausos. “Imaginen la fiesta del domingo” y empezó a cantar La Marsellesa, con todo el estadio.
Clarin

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