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La fractura hidráulica enferma y mata

Cuando el modo de vida que ha sido impuesto a la humanidad aparece claramente como insostenible, incluso en el mediano plazo, sus promotores, que retiran de él ganancias colosales, tratan de sacar todo el jugo posible, ahora con la técnica devastadora de la “fractura hidráulica” que los legisladores entrerrianos se aprestarían a consentir sin demasiada crítica ni estudio por razones de peso: por lo menos por disciplina política partidaria, registró AIM.

Fracking: ¿será Entre Ríos la próxima ?.

Fractura total
La fractura hidráulica, el “fracking” es una técnica agresiva para el medio ambiente necesaria para extraer de la tierra las  últimas reservas de gas natural. Una técnica costosa  y menos rentable que las del gas convencional, que a diferencia del gas de pizarras o esquistos no está retenido entre las rocas del subsuelo.

Estas técnicas se están utilizando desde hace aproximadamente tres lustros en los Estados Unidos, donde ya están provocando graves problemas ecológicos en Pensilvania, presentada como la “nueva Arabia Saudita” del gas y en el vecino estado de Nueva  York, que recibe enormes cantidades de agua contaminada por el método de extracción, con la que no sabe qué hacer.

Las ganancias se las llevan los que prometen mantener sin término –algo imposible- el sistema de vida actual de despilfarro de recursos por minorías ricas del primer mundo y el desierto queda para los habitantes de las regiones que se someten a su arbitrio, como amenaza ser ahora Entre Ríos.

En Europa ya saben y tratan de salvarse
En  países como Francia, Alemania o Gran Bretaña, ya se cuestiona la legitimidad de unas técnicas que, para alargar la vida de recursos que de todos modos están inexorablemente destinados a agotarse, ponen en grave peligro el suministro de otro recurso realmente indispensable: el suministro de agua dulce.

En Francia se considera la prohibición total de estas técnicas, en Alemania, Gran Bretaña y Estados Unidos se han impuesto moratorias para estudiar mejor sus efectos. En  España hay varios proyectos de investigación, sobre todo en la llamada Cuenca Vasco – Cantábrica.

A pesar del debate a nivel internacional sobre la fractura hidráulica, el proceso de concesión de los permisos de explotación a empresas petroleras internacionales se ha llevado a cabo totalmente a espaldas de la gente de los territorios afectados y de la opinión pública, que ha sido engañada a sabiendas.

Cómo se rompe y raja
La fractura hidráulica se usa para agrandar las pequeñas fracturas naturales en los esquistos, rocas constituidas por  planos superpuestos que se deslizan fácilmente unos sobre otros,  varios cientos de metros.

Con ese fin se  inyecta fluido a una presión entre 400 y 700 veces más que la atmosférica, superior incluso a la máxima que pueden soportar los tubos de gas natural comprimido para automóviles, equivalente a la presión bajo el agua del mar a  6 ó 7000 metros de profundidad

Desde el fondo del pozo trepanado en el suelo se hacen extensiones horizontales. Para fracturar las rocas  y liberar el gas se usa un líquido de composición no revelada por los petroleros,  pero que contiene  aditivos que van siendo conocidos y  que envenenan enormes cantidades de agua dulce.

Cada  pozo sufre gran cantidad de fuertes compresiones y descompresiones que ponen a prueba la resistencia de los materiales y la correcta realización de la cementación, de las uniones, del sellado, etc.

Aproximadamente el 98 por ciento del fluido inyectado es agua y un agente de apuntalamiento, (normalmente arena) que sirve para mantener abiertas las fracturas formadas, permitiendo así la extracción posterior del gas a través del tubo de producción.

El dos por ciento restante son productos químicos que sirven para lograr una distribución homogénea del agente de apuntalamiento, facilitar el retroceso del fluido, inhibir la corrosión, limpiar los orificios y tubos y como antioxidante, biocida obactericida.

El agua es vida
Sólo para la fase de fractura, una plataforma con seis pozos de dos kilómetros de profundidad y 1,2 km de recorrido horizontal necesita entre 72.000 y 210.000 toneladas de agua. Parte del agua se extrae directamente de fuentes superficiales o subterráneas del lugar y es transportada en camiones o a través de tuberías. Si se tiene en cuenta todo el proceso y no sólo la fase de fractura, el consumo de agua aumenta de un 10 a un 30 por ciento.

Las necesidades de agua de las operaciones de fractura entran en conflicto con el suministro para la demanda local. Esto puede tener nefastas consecuencias para la vida acuática, la pesca y otras actividades recreativas así como para industrias o explotaciones agrícolas o ganaderas.

Teniendo en cuenta que el dos por ciento del líquido de fractura son productos químicos, se inyectan en el subsuelo entre 1.500 y 4.300 toneladas de productos químicos por plataforma. Estas cantidades de agua y productos químicos deben ser trasladadas y almacenadas in situ, pues han de estar disponibles para la fractura. La fase de fracura dura entre dos y cinco días.

Otra fase del proceso es la gestión del fluido de retorno que emerge a la superficie junto al gas y que puede oscilar entre el 15 y el 80 por ciento del liquido inyectado. La parte no recuperada del fluido permanece en el subsuelo desde donde podría migrar hacia la superficie o hacia los acuíferos. El fluido es altamente tóxico y sigue emergiendo en cantidades menores durante un período prolongado.

Lo que vendrá
Entre los efectos de la fracturación están: contaminación del aire con benceno, tolueno, xileno, disulfuro de carbono y metano; afecciones a la salud humana por la utilización de 17 tóxicos para organismos acuáticos, 38 tóxicos agudos, ocho cancerígenos probados, seis sospechosos de ser cancerígenos, siete elementos mutagénicos.

El benceno es capaz de producir daños en la médula ósea y leucemia.

El xileno: cáncer de riñón y daños neurológicos.

El disulfuro de carbono: daños en el sistema nervioso.

El naftaleno es un potente cancerígeno, destruye los glóbulos rojos generando anemias graves.

El disulfuro de dimetilo irrita el aparato respiratorio, los ojos y la piel. Los compuestos de piridina producen   dolores de cabeza y náuseas.

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