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Energía despilfarrada o vida tranquila

Antonio Medrano, un español de 67 años que dejó hace tres décadas la administración de empresas para dedicarse a reflexionar sobre la crisis mundial,  recomienda en “El modo de vida tradicional” actitudes  propias de todas las culturas tradicionales,  pero ignoradas desde hace 500 años por la civilización occidental, que se enfrenta ahora a los resultados de sus actos casi suicidas confundida y sin soluciones.

Vivir bien no es hacer alarde de poder ni de capacidad de consumo ni dispendio de energía, cara, cada vez más difícil de conseguir, que cada vez más implica medios destructivos como el fracking y la megaminería.

Vale la pena entresacar de la obra de Medrano algunas ideas que anclan en principios universales:
1) El hombre ha de regirse por las mismas leyes que regulan el grandioso edificio del universo. Esto significa llevar una vida, sana, natural, ordenada, sencilla, sobria y equilibrada, absteniéndose de cualquier cosa que sea antinatural, de todo lo frívolo y superfluo, de lo que no es necesario o es perjudicial, de lo que sea artificio y ficción engañosa (así, por ejemplo, el ingente cúmulo de necedades, necesidades artificiales y problemas inventados que genera la civilización consumista).

2) Hay que ordenar la propia vida en todos sus aspectos: la mente, las ideas y los sentimientos, el horario y el calendario, las actividades que se realizan durante el día, las cosas que utilizamos y configuran nuestro ambiente vital.

3) Se impone huir del desorden, de las situaciones caóticas, del lujo y la extravagancia, de lo excesivamente rebuscado o complicado. La naturalidad y la sencillez son el ideal del modo de vida tradicional, pues sólo una vida sencilla, austera y sin excesos puede ser una vida libre y auténtica, en la que arraigue la verdad.

En síntesis, una vida arraigada en la verdad, libre y auténtica, es austera, huye de los excesos, de las extravagancias, de los lujos, de los rebuscamientos y complicaciones inútiles, del consumismo, y valora cada cosa en la medida que es un símbolo de las realidades que están más allá de los sentidos.

Semejante vida no necesita hacer dispendios escandalosos, obscenos, de la energía que necesitan otros meramente para conseguir agua o preparar la comida ni necesita ocuparse por instaurar la igualdad ni la justicia porque ellas están implícitas en aquello donde semejante cultura arraiga.

Vivir bien no es hacer alarde de poder ni de capacidad de consumo ni dispendio de energía, cara, cada vez más difícil de conseguir, que cada vez más implica medios destructivos como el fracking y la megaminería. Es vivir de acuerdo con normas de austeridad asumidas desde adentro.

Cuestión de suerte
Una anécdota daba cuenta de la experiencia de un jovencito que enviado por sus padres había ido a visitar a su abuelo que trabajaba en una granja. El chico, hecho al modo de vivir de las ciudades norteamericanas, competitivo, amante del lujo, de los excesos tecnológicos y de los logros fáciles, le preguntó al abuelo cómo fue que se quedó a vivir en el campo.

El viejo miró el prado, el arroyo a los lejos, contempló el paso lento del ganado, la brisa que movía la copa de los árboles y les arrancaba una melodía virginal, y le dijo: “cuestión de suerte, hijo mío”.

Aquellos polvos trajeron estos barros
La historia de la degradación da la energía comenzó posiblemente en el neolítico, que con la invención de la agricultura hizo posible a la humanidad disponer de mucha más energía que en la época de los recolectores depredadores y cazadores.

Los cazadores no eran más “primitivos” que los agricultores que los siguieron; si juzgamos por su arte es al contrario.

Estos cazadores no eran más “primitivos” que los agricultores que los siguieron; si juzgamos por su arte es al contrario. El arte rupestre es uno de los fenómenos más difíciles de explicar del pasado remoto, porque los autores eran los hombres de las cavernas, que tenemos por primitivos apenas humanos, en el primer peldaño de una evolución que llega mediante un mejoramiento sin pausa hasta nosotros. Pero aquellos “primitivos” eran capaces de un arte perfectamente figurativo y realista, dinámico  y vivaz, no geométrico, muy alejado del arte infantil.

Los niños dibujan más lo que conocen que lo que ven, ponen las figuras de perfil con los ojos de frente o demasiado grandes porque son importantes como motivo.

El arte de los hombres de las cavernas era impresionista, casi fotográfico tanto que lo que parecían errores pudieron apreciarse en su significado por al fotografía instantánea, sutil, mucho más “evolucionado” que el de los agricultores que siguieron, que dibujaron figuras esquemáticas de las que no se puede decir con certeza sin son varones o mujeres.

Pero lo que debe retener nuestra atención es que el agricultor que vino después del cazador comenzó a usar mucha energía para sus cultivos y su ganado y que en la actualidad usamos per cápita 100 veces más energía que él con el agredado de que la población humana se ha multiplicado miles de veces.

Sin embargo, el neolítico trajo la institución del gobierno y las tiranías, agrupó la población en aldeas y ciudades, creó cultos establecidos, instituyó la propiedad privada, la explotación laboral y la desigualdad de sexos y otras maldiciones que nos acompañan, perfeccionadas.

La lucha por la energía viene creciendo a medida que crece el peligro de colapso energético y ha llegado al nivel de las guerras por las fuentes de petróleo, como fue el caso de Iraq.

En la planificación original de los Estados Unidos para después de la segunda guerra mundial estaba evitar el acceso del Japón a las fuentes de energía, para impedir su desarrollo o mantenerlo bajo control estadounidense. Una de las consecuencias fue el desarrollo de las centrales nucleares en el Japón.

También los planificadores norteamericanos se propusieron convertir a Alemania en un estado agrícola, como Polonia, pero luego desistieron porque vieron la necesidad de crear un estado fuerte en Europa para oponerlo a la Unión Soviética.

Alemania industrial usa muchísima más energía que hubiera usado aquella Alemania agrícola, y mantiene una población mucho mayor que la que hubiera mantenido aquella. El flujo de la energía es también un hecho político.

Actualmente la guerra por el petróleo, Iraq es la segunda reserva de petróleo del mundo e Irán la tercera, se llama “guerra contra el terrorismo” y toda ella es una suma de mentiras convalidada por los gobiernos occidentales.

Los pueblos recolectores que subsisten todavía en el siglo XXI tienen una calidad de vida de que nosotros, que usamos muchísima más energía que ellos, carecemos, y solo tienen que temer que la civilización moderna los alcance un día porque entonces desaparecerán físicamente o serán borrados para incorporarlos como subalternos a la periferia de nuestro estilo de vida.

Ejemplos antiguos y modernos
Dos ejemplos de actitudes tradicionales frente a las exigencias de la civilización occidental, se pueden citar tomando ejemplos de la antigua China y de la Bolivia actual, del taoísmo y la doctrina perenne que subsiste en el altiplano:

El libro de Chuang Tse data del año 2300 antes del presente, por lo menos. Recoge la tradición taoísta, hasta donde es posible.. En el capítulo 12 “Cielo y Tierra” expone un diálogo entre un funcionario, Tzu Kun, y un hortelano que trabajaba su campo en la provincia de Chin, la que dio nombre a la China.

A la ribera del río Han el hombre había preparado el terreno y estaba llevando un jarro con agua del manantial que había construido para poder regar la tierra. Sudaba y bufaba, empleando mucha energía con pocos resultados. Tzu kun le dijo:

-Hay máquinas que pueden regar 100 campos en un día, con muy poco esfuerzo pero con excelente resultado. ¿No quisieras disponer de una, maestro?

El hortelano lo miró y le dijo:
-¿Cómo funciona eso?
-Están hechas de madera, sólidas en la parte trasera y ligeras en el otro extremo. Llevan el agua allí donde se quiere regar o a donde se quiere hervir la que sobra.

El hortelano se irritó, después se rio y dijo:
-Le oí decir a mi maestro que cuando tienes máquinas surgen cierto tipo de problemas; cuando tienes cierto tipo de problemas te encuentras con el corazón abrumado. Cuando tienes el corazón abrumado su pureza y sencillez se ven alteradas. Cuando la pureza y sencillez se ven alteradas el espíritu se alarma y en un espíritu alarmado no hay lugar para que se instale el Tao.
No ignoro la existencia de tales máquinas, pero me sentiría avergonzado de usar una de ellas.

Tzu Kung no dijo nada, parecía confuso. Al cabo de un tiempo, el hortelano quiso saber quién era.

-Un discípulo de Confucio
-¿Sois entonces, señor, uno de esos individuos que muestran de tal modo sus conocimientos que aparentan ser hombres sabios, tratando de impresionar a todo el mundo con su superioridad (…) con la esperanza de convertirse en seres famosos?

Más os valdría olvidaros de vuestra respiración y de vuestro espíritu y despreocuparos del cuidado de vuestro cuerpo. Así os sería posible progresar. Pero tal como estáis, que no podéis cuidar de vos mismo, ¿cómo pretendéis gobernar el mundo? Marcháos, señor, y no alteréis mi trabajo.

Más de 2000 años después, en “El pensamiento indígena y popular en América”, el argentino Rodolfo Kusch narra un encuentro con un viejo campesino aymara en un ayllu cerca de Oruro, en Bolivia, donde llegó con un grupo de estudiantes para hacer un trabajo de campo.

Acosaron a preguntas al viejo, que estaba acodado en una pirca mientras era el hijo el que las respondía. El abuelo se daba vuelta de tanto en tanto y contestaba con sonrisas apenas esbozadas, pero decía poco. Hablaba sobre todo acerca de los ayllu, o comunidades, o de los ayni, o sistemas de prestación.

El abuelo advertía la falta de lluvias y los inconvenientes que provocaba. Cuando la entrevista terminaba, uno de los estudiantes preguntó porqué no compraba una bomba hidráulica, con el argumento que asociado con vecinos obtendrían un préstamo y habría instituciones dispuestas a ayudarlos.

El rostro del viejo se volvió más impenetrable y más todavía cuando los estudiantes le decían que la bomba lo favorecería y engordaría el ganado.

El hijo, un poco como para ser diplomático, aseguró que irían a Oruro y tratarían de comprar la bomba.

Kusch dice que la distancia que los separaba del viejo era un metro, “pero era mucho más”. En realidad era la que separaba al hortelano chino del funcionario confuciano, la que va de una cultura tradicional centrada y armónica a una civilización descentrada e inarmónica, que solo ve beneficios y que a pesar de no poder resolver sus problemas ya está gobernando el mundo.

Los estudiantes pensaron que se trataba de un problema de conocimiento. Si el abuelo conociera la bomba la adoptaría, solo había que cambiarle la mentalidad, informarlo, convertirlo al pensamiento occidental.

La distancia es abismal, es la que va desde una sociedad normal, basada en principios de orden superior, a una civilización sin principios, cuyos científicos son cada vez más ideólogos inconscientes de las bombas y máquinas de riego y han liberado para que devasten el mundo fuerzas sin control, como malos aprendices de brujo.

Si tenemos en cuenta el proverbio que dice que un camino de 1000 leguas comienza con un paso, el primer paso que se da hacia la explotación del mundo con máquinas, con la idea de que todo debe estar supeditado al hombre, se entiende porqué el abuelo boliviano y el granjero chino no querían dar el primer paso con pleno conocimiento de que implica comenzar a andar el camino que lleva a Chernobyl y Fukushima, a Monsanto, el envenenamiento de la tierra, el efecto invernadero y finalmente, por no vivir en armonía, no tener para dónde disparar.

Energía
La energía en su definición física más sencilla, sin considerar los aspectos ecológicos, es la capacidad de producir trabajo.  Se puede definir también como todo que es capaz de cambiar las propiedades de la materia. Por ejemplo, si tenemos cierto volumen de gas en un recipiente cerrado, al calentarlo aumentará la presión, o si el recipiente se puede expandir como un globo, aumentará el volumen. Si se comprime de modo que disminuya al volumen, aumentarán la presión y la temperatura del gas. Tanto el calor como el trabajo mecánico de compresión son energía.

Todo funciona gastando energía, también nosotros mismos. Para “entrar en calor” hay que mover los músculos; los estudiantes saben que al cabo de varias horas de estudio, sobre todo antes de los exámenes, se les “calienta la cabeza”.

La energía en su definición física más sencilla, sin considerar los aspectos ecológicos, es la capacidad de producir trabajo.

Para reponer la que gastamos para movernos, trabajar y mantener el cuerpo a 36,6 grados, debemos alimentarnos, ingerir alimentos que el cuerpo puede metabolizar de modo de usar la energía de enlace de las moléculas de los alimentos para convertirlas en nuestra propia materia y energía. La energía mantiene la vida y ésta exige una gran circulación energética a través de las estructuras biológicas para mantenerse.

La vida dilapida energía, en mayor medida los animales de sangre caliente que los de sangre fría, que usan el calor del sol para calentarse y no el de los alimentos, y menos los vegetales, que en este sentido son máquinas mucho más eficientes. Comparado con un lagarto, un pájaro “vive comiendo”.

La vida misma, a nivel físico, se puede considerar como una serie muy complicada de procesos de intercambio de materia y energía entre el ser vivo y su medio ambiente, un continuo transformarse y transferir energía de un sistema a otro.

Un árbol absorbe luz a través de sus hojas en todas las frecuencias menos el verde, que es devuelto al medio y por eso la vegetación se ve verde, el único rango de radiación luminosa que la planta no usa.

La fotosíntesis es la capacidad de la planta de usar la luz para producir con el dióxido de carbono del aire y el agua la materia de su propio organismo y almacenar energía en los enlaces químicos entre los átomos de las moléculas orgánicas. Luego la planta usa esa energía para producir hojas, ramas y frutos.

El principio es el mismo para las máquinas. Un motor de combustión interna convierte la energía de la nafta, derivada del petróleo, es decir, producto fósil del cuerpo de plantas y animales prehistóricos, en calor, Mediante las bielas y el cigüeñal transmite esa energía al eje y a las ruedas, convertida en energía mecánica.

El fundamento se conoce como primer principio de la termodinámica, que es simplemente el de la conservación de la energía, de modo que una forma de energía se puede transformar en otra, en particular el calor en energía mecánica.

El físico inglés James Prescot Joule lo formuló observando lo que acontecía cuando se taladraba un cañón: “ El consumo de una cantidad dada de trabajo, no importa su origen, produce siempre la misma cantidad de calor”.

El principio establece que la energía puede cambiar de forma, pero no puede surgir de la nada ni perderse en la nada. Su suma total es constante de tal modo que si sumamos toda la energía que existe después de una transformación energética, siempre terminaremos con la misma cantidad de energía con la que comenzamos, pese a los cambios de forma.

Esta idea vale para todas las experiencias que podamos hacer en la Tierra. Se puede extender a todo el universo, pero aquí ya no es experimentable. La teoría astronómica de un universo en inflación, en que se estaría creando constantemente materia y energía, la contradice por completo pero tampoco es verificable.

Sin embargo, en los límites de nuestra experiencia, el principio de conservación de la energía es fundamental para la comprensión de la naturaleza y nunca se ha observado un fenómeno que lo contradiga.

Conservar es inevitable, degradar es fácil
Un punto esencial para la crisis energética planetaria actual es el problema de la degradación de la energía, a la que el concepto termodinámico de entropía dio por primera vez una formulación cuantitativa como “medida del grado de desorden”. En eso vino a para la definición original de la transferencia de cierta cantidad de calor dividida por la temperatura absoluta a que se transfiere.

La energía que llega a la tierra, de la que deriva como vimos toda otra en nuestro planeta, lo hace en forma de luz. Pero deja la Tierra predominantemente en forma de calor, que respecto de la luz es una forma degradada de la energía.

Una máquina térmica, como un motor a vapor o de combustión interna, trabaja transfiriendo energía de una fuente caliente a una fuente fría. Dentro del émbolo la mezcla que estalla está a unos 400 grados, pero los gases de escape, si bien calientes todavía, a una temperatura mucho menor.

Si bien la energía total se ha conservado, no se ha conservado utilizable de la misma manera. A 100 grados la fuente de calor es menos eficiente que a 400, se ha degradado al punto de que el rendimiento de una máquina térmica que deba tomar calor de una fuente a temperatura relativamente baja rinde menos que otro que lo toma a una fuente a mayor temperatura.

La energía existe pero no está tan disponible. Cuando se habla habitualmente de ahorrar energía no se hace referencia a cantidades totales porque como sabemos la energía no se pierde, solo se transforma, de modo que no puede tratarse de no perderla, porque es imposible.

Se trata, y este punto es esencial, de no degradarla, de buscar la manera de usar a conciencia y con conocimiento, de modo que evitar un despilfarro que consista en una degradación irreversible.

Hay que tener en claro que toda transferencia de energía a partir de la luz del sol, por ejemplo a los animales, a los combustibles, a las máquinas, la transformación en electricidad y de éste en iluminación o calefacción, implica una degradación de la energía. Nuestro cuerpo emite calor, todo movimiento implica rozamiento y elevación de la temperatura, por ejemplo los neumáticos, etc, etc.

Otro ejemplo es la cadena trófica, en la que el pasar de productores a consumidores hay también degradación de la energía. Por eso es más eficiente desde el punto de vista energético comer vegetales que animales, porque hay una degradación al pasar la energía de los vegetales a los animales herbívoros y de éstos al consumo humano.

La teoría depende del esfuerzo
El hombre dependió durante casi toda su historia de la energía muscular, que dejó incluso su rastro en la ciencia, porque el concepto mismo de “fuerza” está tomado del esfuerzo de brazos y piernas para quitar obstáculos o del esfuerzo de animales de tiro. Cuando cesó la dependencia total de esta clase de energía, la física empezó a pensar si se trataba de fuerzas o de “campos” donde ya no había fuerzas en el sentido antiguo.

El problema al que estamos enfrentados ahora es que el uso de formas externas, no somáticas, de energía, por ejemplo de los combustibles fósiles, ha hecho posible mantener una población humana muy superior a la que permitiría el lugar de la humanidad en la red trófica planetaria.

Pasamos a depender de la energía exterior de tal modo que cualquier cosa que la afecte nos afectaría a nosotros de manera decisiva. Y justamente estamos ante la perspectiva de acabamiento de los combustibles fósiles, echando mano de nuevo al carbón, que había sido abandonado a favor del petróleo, o a la explotación del gas de esquistos, que conlleva graves peligros.

Mientras tanto, no hay a mano ninguna otra forma de energía que pueda reemplazar a la de los combustibles fósiles en un lapso prudencial, habría un “bache” catastrófico. La energía nuclear, que podría constituir la alternativa por las cantidades que permite obtener y por estar disponible la tecnología, está siendo abandonada debido a gravísimos eventos como los de Chernobyl y Fukushima, que evidentemente no son completamente evitables.

Entender no basta, pero es un paso
Un problema importante es que cualquiera puede entender la crisis que enfrentamos y los riesgos que asumimos, incluso que haya que tomar medidas para corregir una situación que puede ser insostenible, pero nadie quiere cambiar su estilo de vida ni poner en cuestión su propia situación de consumidor-degradador de la energía.

Las dificultades se relacionan con la valoración del estado a que la llegado la civilización actual como el mejor posible, debido a la idea del progreso indefinido, y la idea de que el futuro traerá nuevos avances que permitirán resolver las dificultades actuales y nos pondrán en un estado superior por la vía del mejoramiento general.

Fuentes energéticas
Las fuentes de energía pueden ser clasificadas de distinta manera, pero una de particular interés es la de energías renovables y no renovables.

No renovables son el carbón, el petróleo, el gas natural, la energía geotérmica producida por el calor interno de la Tierra, y la energía nuclear.

Hay otras fuentes de energía prácticamente inagotables por la extrema lentitud de su degradación o renovables: ríos, olas y mareas que producen energía hidráulica, el sol, el viento y la biomasa.

Toda energía deriva del sol
Los telescopios permiten conocer detalles de la formación de las estrellas y las galaxias a partir del polvo interestelar, acontecimientos que implican masas inimaginables de materia y energía, pero en los que estamos involucrados porque esos son también nuestros orígenes.

Cuando el sol se formó congregó la materia y la energía es también nuestro cuerpo. Todos nuestros átomos estuvieron alguna vez en el centro del sol, somos polvo de estrellas y toda la energía que usamos, sin excepción, es de origen solar.

Y atómica además, porque toda forma de energía terrestre deriva de la fusión de átomos de hidrógeno para producir helio en el sol.

El sol provoca los vientos, la evaporación del agua superficial, la formación de nubes y lluvias, los saltos de agua y proporciona la energía para las reacciones de fotosíntesis sin las cuales nuestra vida sería imposible, ya que en última instancia dependemos de los vegetales para alimentarnos ya sea directamente o a través de los animales herbívoros.

La escasez de carbono en la Tierra y el hecho de que sea un elemento esencial para la vida, ya que la química de la vida es la química del carbono, hace que su rotación deba ser rápida y que todos los seres vivos se lo disputen, lo que se traduce en el hecho de que todos deban morir y que se coman los unos a los otros.

La energía solar es responsable de las reacciones químicas que permiten el desarrollo de vegetales y animales, que con sus cuerpos descompuestos, con el paso de millones de años, se han convertido en petróleo y en carbón. Pero el sol es fuente de las energías renovables como el viento, las olas y la biomasa.

El sol irradia su energía en todas direcciones, pero una parte ínfima llega a la tierra, como la luz de un foco que alumbrara una pelota de diez centímetros de diámetro desde un kilómetro. La radiación solar interceptada por la Tierra es 4500 veces toda la energía que consumimos, es la principal fuente de energía renovable a nuestro alcance y la que produjo indirectamente toda la energía no renovable.

La energía solar que golpea directamente los objetos es la fuente de la energía solar térmica y la que llega absorbida por el aire y el polvo atmosférico, la radiación difusa, es la que aprovechan las células fotovoltaicas.

La radiación solar se puede transformar en electricidad mediante tecnología fotovoltaica y mediante artefactos que calientan agua aprovechando la radiación directa.

Las células fotovoltaicas convierten los rayos solares en energía eléctrica y están entre las más prometedoras de las energias renovables. Ya se usa en relojes y calculadoras, por ejemplo, pero también se han hecho funcionar automóviles experimentales con ella y hay casas provistas de paneles que producen energía para la iluminación.

Además se emplea en el alumbrado público y en equipos como los boyeros eléctricos para el campo, en viviendas aisladas y como fuente de energía para los satélites y sondas enviadas al espacio exterior.

A pesar de ser limpia, no contaminante y libre de ruidos, un limitante por ahora es el costo de los paneles, de modo que su participación en el total de energía consumida es marginal.

La energía solar térmica se puede utilizar mediante receptores en que circula un fluido que absorbe el calor o mediante el bioclimatismo, es decir, el diseño de viviendas y edificios de modo de disminuir las necesidades de calefacción y refrigeración.

La energía solar para producir agua caliente es atractiva, y dentro de las reglas del juego que por ahora predominan, es rentable.

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