Widgetized Section

Go to Admin » Appearance » Widgets » and move Gabfire Widget: Social into that MastheadOverlay zone

El concepto de autopercibido en la Ley 26743 de Identidad de Género

Es impostergable la tarea de ampliar los horizontes de la democracia y abrir nuevos y mejores canales de comunicación, de debate, de disenso, movilizando el pensamiento crítico, provisorio y con especial atención en la dignidad humana. Hace unos días los medios de comunicación se encargaron de sembrar nuevamente confusiones en el espacio de la opinión a partir de las réplicas, marchas y contra-marchas que en un verdadero escarnio público sufriera  Florencia de la ‘V’ a manos de  Jorge Lanata. Lo que a todas luces, entendemos intenta forjar caminos de retroceso, la Ley de Identidad de Género sancionada en 2012 es clara y conciliatoria, busca tender lazos y comenzar un arduo pero posible camino de libre frontera entre un tácito adentro y un evidente afuera. Por Valentín Ibarra*. 

Foto: Ilustración.

Foto: Ilustración.

En consecuencia con lo antes dicho leemos del texto “Hacia una ley de identidad de género” (Instituto Nacional contra la Discriminación, la Xenofobia y el Racismo) que inicia diciendo: “La comunidad travesti, transexual y transgénero de nuestro país se encuentra entre una de las poblaciones más vulneradas históricamente. La realidad de este colectivo está atravesada por un contexto de persecución, exclusión y marginación. Las personas trans no gozan de igualdad de oportunidades y de trato en ningún ámbito de la vida social e institucional; la mayoría de ellas vive en extrema pobreza, privadas de derechos económicos, políticos, sociales y culturales”, vemos con sólo asomar nuestras narices que no todos gozamos de las mismas oportunidades y del mismo trato.

Esta Ley (de identidad de género) busca inscribirse en un espacio diverso e inclusivo, apunta a erradicar toda figura jurídica y aquellas prácticas que estigmatizan la identidad y expresión de género, busca legitimar los cuerpos y erradicar los prejuicios sociales, el desarraigo, la expulsión del sistema educativo, del sistema sanitario o del campo laboral, todas situaciones atravesadas por violencia física y verbal sean explícitas como implícitas. Es decir una Ley que pone énfasis en abolir las practicas segregatorias de criminalización, patologización y otorgar, finalmente, ciudadanía plena en pos del trato igualitario real, es decir, superando la mera formalidad, en este sentido y al referirnos a la distinción entre igualdad formal y real debemos destacar que ésta noción se desprende directamente de la dignidad humana enunciada en la Declaración Universal de los Derechos Humanos, por la cual se torna incompatible toda situación que pondere un grupo por sobre otros.

La Ley 26743 expresa en su artículo 1° que: “Toda persona tiene derecho: a) Al reconocimiento de su identidad de género; b) Al libre desarrollo de su persona conforme a su identidad de género; c) A ser tratada de acuerdo con su identidad de género y, en particular, a ser identificada de ese modo en los instrumentos que acreditan su identidad respecto de el/los nombre/s de pila, imagen y sexo con los que allí es registrada”. Y seguidamente define: “…identidad de género a la vivencia interna e individual del género tal como cada persona la siente, la cual puede corresponder o no con el sexo asignado al momento del nacimiento, incluyendo la vivencia personal del cuerpo. Esto puede involucrar la modificación de la apariencia o la función corporal a través de medios farmacológicos, quirúrgicos o de otra índole, siempre que ello sea libremente escogido. También incluye otras expresiones de género, como la vestimenta, el modo de hablar y los modales”. Asimismo, En nuestro país la Ley N° 23.592 Antidiscriminatoria establece en su artículo 1° que: “Quien arbitrariamente impida, obstruya, restrinja o de algún modo menoscabe el pleno ejercicio sobre bases igualitarias de los derechos y garantías fundamentales reconocidos en la Constitución nacional, será obligado, a pedido del damnificado, a dejar sin efecto el acto discriminatorio o cesar en su realización y a reparar el daño moral y material ocasionados. A los efectos del presente artículo se considerarán particularmente los actos u omisiones discriminatorios determinados por motivos tales como raza, religión, nacionalidad, ideología, opinión política o gremial, sexo, posición económica, condición social o caracteres físicos”.

Estamos considerando una perspectiva que apunta a recusar lo denominado naturaleza y donde las personas no se reconocen como hombres o mujeres sino como cuerpos parlantes con la posibilidad de acceder a todas las prácticas significantes, a todas las posiciones de enunciación. Así se renuncia a toda identidad sexual cerrada y determinada. En este sentido la contra-sexualidad juega en dos temporalidades: una que es lenta y parece no haber sufrido nunca cambios, la que se presenta como universal y transcultural; pero también hay una temporalidad del acontecimiento en la que cada hecho se escapa a la causalidad lineal, una temporalidad construida por múltiples ahoras donde la contrasexualidad interviene directamente sobre los cuerpos y sus identidades.

Entonces la identidad de género viene a realizar un cambio de paradigma, en pos del reconocimiento del derecho humano a la libre expresión y a la promoción de la ciudadanía plena, establece que se respete la identidad autopercibida, corresponda ésta o no con los caracteres asignados al nacer, norma que en congruencia con la de Educación Sexual Integral y la de Matrimonio Igualitario están dirigidas visibilización y debate, promoción, difusión y protección de las libertades en medio de una pluralidad de prácticas.

Estamos claramente atravesados por una sociedad en tránsito, nos referimos a las tensiones y contradicciones que surgen entre algo que pierde sentido como las anacrónicas fundamentaciones tradicionales y los nuevos espacios que se abren, donde reclamar la propia identidad, creemos, es tomar la palabra para reapropiarnos de los cuerpos.

 *Valentín Ibarra, estudiante de Filosofía de la Universidad Autónoma de Entre Ríos (Uader). Para AIM.

Comparte este articulo