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Argentina no cambia

La táctica de denunciar privilegios para quitar derechos es más vieja que  la injusticia; y los recientes anuncios del  Programa de Atención Médica Integral (Pami) de quita de subsidios a los privilegiados se parece mucho a la injusticia, como las que cometía el fascismo metódicamente. 

Pami, UGL XIV, Entre Ríos. Sede Paraná. Foto: AIM.

Pami, UGL XIV, Entre Ríos. Sede Paraná. Foto: AIM.

El Pami presta servicios a nueve millones de jubilados, que por los últimos anuncios de recorte de prestaciones en materia de medicamentos están angustiados, sobre ascuas.  Y tiene apenas 25 afiliados “privilegiados” que tienen aviones a su nombre.

Y por 25 van a perder derechos nueve millones. La intención está a la vista,  y con ella, la maniobra también.

Después de los primeros anuncios del presidente del Pami, Carlos Regazzoni, que eran contundentes con aspecto de justicieros, de haber descubierto abusos de jubilados que tenían yates   y aviones y recibían medicamentos gratuitos, el Pami empezó a relativizarlas ante la evidencia de que estaba subiendo la espumita protestona más de lo previsto.

Después de que el propio  Ragazzoni saliera fibra en mano a explicar en los medios que le son afines cómo son las cosas, cosa que a pesar de las explicaciones  nadie sabe todavía, las afirmaciones originales empezaron a relativizarse, embarullarse  y a generar confusión creciente.

Ahora el secretario técnico médico del Pami, Rafael Zamora, dijo haberse generado un temor que no se justifica. No se sabe, pero se intuye, qué generó el temor que una larga experiencia hace dudar que sea injustificado.  Y se intuye porque después de tanta y tan reiterada mentira política, la gente en la Argentina aprendió a ver debajo del agua.

“Los medicamentos son un bien esencial para la gente mayor. Nadie que lo necesite se va a quedar sin la cobertura del Pami”, aseguró  Zamora, repitiendo meramente lo que dicen las normas que él sencillamente debe cumplir calladito la boca, si fuera  buen funcionario.

En realidad si había 25 jubilados con aviones a su nombre,  bastaba con eliminarlos de la lista, demandarlos judicialmente y mandar al calabozo por delincuentes  a los funcionarios que les dieron el beneficio de medicamentos 100 por ciento gratuitos. No amenazar con quitar el beneficio a todos, que en realidad es lo que quieren para enjugar el déficit del Pami. Pero el Pami cada mes entrega su superavit financiero al tesoro nacional  y no va a mejorar el servicio de los jubilados, como marcan las normas a que debe ajustarse. Es decir, su misión no es financiar al Estado sino procurar el bienestar de sus afiliados. Nada más lejos: los afiliados ven como su plata se  “vuela” para todas partes. (En el kircherismo 600 millones de dólares fueron a prestamos a la General Motors, una multinacional que es o era la empresa más grande del mundo) y sufren en carne propia amenazas difusas que luego se trata de borrar pero que caerán  puntualmente como plomo sobre sus lomos.

De la redacción de AIM.

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