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“Mon Roi”: El drama de arrodillarse

Cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia…, diríamos muchos al ver esta película. El film dramático francés de Maiwenn Le Besco narra el presente de una pareja que vive un amor que se torna imposible. Varias veces contada, esta relación de pareja enfermiza se vuelve creíble gracias a las actuaciones. Emmanuelle Bercot, premiada en Cannes por este film, tiene una performance descollante. 

Mon Roi (Foto: Hollywood Reporter)

Mon Roi (Foto: Hollywood Reporter)

Primera escena. La familia esquiando en la nieve. Una caída que no vemos, la de Marie, a quien apodan Tony (Emmanuelle Bercot). Un diagónstico. Rotura de ligamentos. Y Tony que encara una dura rehabilitación en una clínica con vista al mar, pero recluida. Así comienza Mon Roi, de la francesa Maiween Le Besco, película sobre una enfermiza relación de pareja, sobre el apego a un vínculo contra todas las evidencias, sobre la consciente ceguera de un amor. Una historia conocida, mil veces contada.

Por eso el desafío es doble. Y descansa exclusiva e intencionalmente en las actuaciones de los protagonistas. Tony y Georgio (Vincent Cassel) llevan diez años juntos, a los tumbos, en un vínculo tempestuoso, que ahora ella puede mirar en retrospectiva. Cuidada por los médicos, junto a sus impolutos compañeros de rehabilitación, comienza la reconstrucción de ese pasado ardiente y doloroso. Una sucesión de flashbacks, una historia de amor sufrida, vista desde otro lugar.

¿Por qué depende de las actuaciones el filme? Porque el argumento es demasiado explícito, tanto que adjudica esa rotura de ligamentos al sufrimiento de Tony, al sometimiento a su pareja. Arrodillarse, doblegarse, someterse, sí, como resultado de un conflicto emocional. La explicación piscológica parece banal para asumir la violencia y el desprecio de Georgio, que es puro narcisismo, pero sobre todo el sometimiento desesperante de Tony.

En esa difícil tarea de reconstrucción contamos con Bercot y Cassel (ella obtuvo el premio a mejor actriz en Cannes por este papel). Actuaciones amparadas por una serie de historias colaterales, andamiaje necesario para un conflicto duro, ese amor que Tony se obliga a mantener con Georgio, un tipo despreciable que también puede ser encantador.

El trabajo corporal de Bercot, la natural repulsión que provoca Georgio, más una sucesión de hechos trágicamente familiares vistos en perspectiva, consiguen involucrar al espectador, hacerlo caminar por esa cornisa, por ese riesgo que significó entregarse por completo a alguien sabiendo que ahí nomás estaba el precipicio. Narcisismo, brevedad de los buenos momentos, inercia de un vínculo, la inteligencia y la evidencia sometidas a la pasión y a la necesidad, todo está concentrado en esa caída, amarga confirmación del sometimiento y la doblegación.

La película se relata en dos tiempos, un presente en el que Tony ha sufrido un accidente de esquí y recupera en un centro de salud su pierna dañada. Y otro el pasado, o los pasados de la relación entre ella y Giorgio. La película no esquiva la pasión y el dolor, y es lo contrario a cualquier idea de minimalismo emocional. Aquí se juega fuerte, incluso en el exceso, sobre todo por parte de Emmanuelle Bercot (una de las estrellas de Cannes 2015, donde fue premiada por este rol y además presentó una película como directora), la actriz más vistosa de la película, que descuella cuando su mirada es la que lleva adelante la performance (el perfecto final, por ejemplo).

Sin embargo, cuando sus diálogos mutan en monólogos desasosegados queda al borde del colapso, como lo hace esta película por momentos abrumadora -carece de pausas narrativas-, pero siempre apasionada. El gran sostén de la película es Vincent Cassel como Giorgio: seductor, complicado, irascible, oscilante, elegante, honestamente mentiroso e irrecuperable. Cassel tiene las mejores oportunidades de lucirse en diálogos que intentan hacer ver las situaciones en las que está inmerso desde otro ángulo, porque los ángulos convencionales no le convienen nunca.

El diálogo de la planicie de una línea muerta versus las oscilaciones de un electrocardiograma vivo sirve para definir también esta película despareja, pero ciertamente viva; de corazones heridos, pero en movimiento, en torbellino, como decía esa canción que cantaba Jeanne Moreau en otra película de Truffaut: Jules y Jim.

“Mon Roi” :Drama. Francia, 2015. SAM 16, 125′. De Maiwenn Le Besco Con Vincent Cassel, Emmanuelle Bercot, Louis Garrel Salas Lorca, Bama, Cinema City

 

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