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100 años de La Cumparsita

Cuatro notas son necesarias para poder reconocerla. Aunque con menos también es posible. Su melodía está arraigada al ADN rioplatense y, en particular, es una seña de identidad para los uruguayos. La Cumparsita es uno de los temas más famosos del tango, tanto que para el mundo su popular tonada es sinónimo del género.

 

La cumparsita, el tango más popular.

La cumparsita, el tango más popular.

Hace 19 años fue proclamada himno cultural y popular de la República Oriental del Uruguay y en 2009, cuando Unesco declaró al tango como un Patrimonio Cultural Intangible de la Humanidad, La Cumparsita se confirmó como uno de sus temas más representativos.

En este 2017 se celebra el centenario de la mayor y más distinguida composición de Gerardo Matos Rodríguez. Pero la historia detrás del creador y su obra es casi tan intrigante como las mismas razones por las cuales este tango trascendió décadas y fronteras.

Gerardo Matos Rodríguez no tenía conocimientos formales de música. Lo que sí tenía era un oído absoluto. “Él era capaz de escuchar una sinfonía de Beethoven y tocarla en el piano intuitivamente”, contó Rosario Infantozzi, sobrina nieta de Matos Rodríguez, cuya investigación sobre su vida y obra quedó plasmada en dos libros y un documental.

Desde joven tenía una de esas personalidades que generaban amor u odio, sin matices. Era muy cautivante, un playboy. Y con sus amigos de la Federación de Estudiantes solían confluir en cabarets y pensiones.

Pero a los 19 años Matos Rodríguez se enfermó de tuberculosis. En una de esas noches donde la fiebre quemaba, escuchó los acordes de lo que sería su mayor composición. “Cuando a la mañana siguiente se siente mejor, siente que aquello maravilloso que escuchó se le está borrando, pero no sabe cómo escribirlo”, relató Infantozzi. Entonces le pidió a su hermana Ofelia –abuela de Infantozzi, que como buena niña de sociedad sí sabía tocar el piano–, que haga la transcripción. Fue ella quien se dio cuenta de que lo que había creado su hermano era un tango.

Ofelia ‘Becha’ Matos Rodriguez, hermana del compositor que fue la encargada de escribir el primer ensayo de partitura de La Cumparsita.

El que compone La Cumparsita es un gurí muerto de miedo. Él siente que se muere, que va a perder todo. Ese gurí en carne viva es el que desciende a los infiernos y vuelve de allí con esta música que es de otro mundo”, dijo Rosario Infantozzi parafraseando a Carlos Maggi.

En la madrugada de la primera fecha patria después de carnaval, el director de orquesta Roberto Firpo accedió a estrenar la obra en La Giralda, mítico boliche ubicado en la esquina que ahora ocupa el Palacio Salvo. Firpo le había ofrecido a Matos Rodríguez arreglar un poco la composición y que compartieran la autoría, pero el joven se negó.

La música tuvo gran éxito esa noche, y Matos Rodríguez decidió entonces vender la obra a la editorial Breyer de Argentina. “En aquel entonces se pagaba 5 pesos nacionales, y él pide 50, una cosa desmesurada. Pero se lo dieron. Y él se olvida de La Cumparsita”, rememoró Infantozzi.

La obra lo encontraría nuevamente siete años más tarde en París, donde La Cumparsita sonaba en todos lados. Además de darse cuenta de que su tema era famoso, encontró que había personas dispuestas a pagarle buen dinero por más obras. A raíz de ello comenzó clases de composición y armonía.

También se enteró de que en Buenos Aires dos músicos – Pascual Contursi y Enrique Maroni– le habían puesto sin su permiso letra a su gran obra, y le habían cambiado el nombre por el de Si Supieras. Por si fuera poco, Carlos Gardel, a quien consideraba un amigo, prestó su voz para grabar esa versión.

Enojado por esta osadía, Matos Rodríguez creó su propia letra –que no consiguió prender de la misma manera que la interpretada por Gardel–, pero por otro lado logró recuperar los derechos de su obra, que había vendido a Breyer Hermanos.

“Él no solamente empieza a vivir de los derechos de autor sino que también tiene la posibilidad de oponerse a la otra letra, y es lo primero que hace”, explicó Infantozzi.

Luego de idas y venidas de París a Buenos Aires, en la década de 1940 Matos Rodríguez volvió a radicarse en Montevideo, en una chacra en Libertad, donde instaló un haras de caballos de carrera. Allí abandonó la composición definitivamente. Pero no los problemas que ocasionó el éxito de su creación.

Los herederos de Contursi y Maroni comenzaron una demanda para reclamar sus correspondientes derechos por la letra. “Entre 1941 y 1948, que él muere, fue terrible. Creo que el pleito lo mató”, afirmó Infantozzi. Matos Rodríguez tuvo un derrame cerebral que lo llevó a su fallecimiento. Fue su hermana quien luego decidió darle a los letristas lo que pedían para ponerle punto final a la disputa.

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