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Producción agroecológica: la consciencia del alimento

En Entre Ríos, cada vez existen más personas que producen alimentos cultivando la tierra sin agredirla, controlando plagas sin agrotóxicos, y mejorando el suelo en vez de degradarlo. “Producimos cítricos 100 por ciento agroecológicos, prescindiendo totalmente de los agroquímicos, los fertilizantes y los transgénicos. Es nuestra forma de relacionarnos con el otro y con la naturaleza”, afirmó a AIM Raúl Gustavo Borgo, productor citrícola de Chajarí.

 

Cítricos agroecológicos, sanos y sin agrotóxicos.

Cítricos agroecológicos, sanos y sin agrotóxicos.

Junto con Diego Zanpedri, Borgo produce cítricos, pero, además, el productor oriundo de Chajarí tiene  bananos, paltas, verduras y hortalizas. “Nuestro fin no es obtener la mayor ganancia económica a cualquier costo, sino producir asegurando el bienestar integral de los productores, de los consumidores y del medio ambiente”, dijo.

Sin embargo, no es que la producción agroecológica no deba ser económicamente rentable para el productor, sino que la rentabilidad debe medirse en términos de sustentabilidad a largo plazo.

En diálogo con esta Agencia, Borgo explicó que  produce  “productos agroecológicos o en procesos de transición a la agroecología”. Se trata de alimentos de estación, que buscan que los hábitos de consumo se adapten a los tiempos naturales de la producción y no al revés. “Somos productores conscientes, respetando el ambiente con el fin de mejorar nuestra la calidad de vida y la de los consumidores”, aseguró.

Un poco de historia

Borgo es productor agropecuario agroecológico y activista ambiental: “Mi trabajo en pos del medio ambiente comenzó con el tema de las pulverizaciones aéreas, a lo que nos opusimos rotundamente; después vino la preocupación por el fracking, que tuvo mucha difusión en la zona, que es algo mucho más grave que el HLB. Sin el sector citrícola se producirá menos, pero sin agua no se produce nada”.

Paltas, pulposas y deliciosas.

Paltas, pulposas y deliciosas.

El citricultor aseguró que “hay otra forma de producir que es posible” y destacó que aunque son pocos quienes producen de la misma manera “la gran ventaja es que se gana en salud, para cada uno, nuestras familias y el producto final”.

Contó también que en 1994 tuvo un problema de salud, que lo llevó a reflexionar y a cambiar sus hábitos: “Es importante analizar los mensajes del cuerpo y saber qué decisiones tomar al respecto”.

Posible y necesaria

Para Borgo, “la producción agroecológica no solo es posible y necesaria, sino que está siendo puesta en práctica, en diferentes grados, en la provincia y el país. No es complicado, sólo hay que saber conjugar el conocimiento tradicional de los ancestros con elementos de la ciencia moderna, y establecer un diálogo de saberes que conforman una serie de principios ecológicos y agronómicos”.

“Estos productos agroecológicos van a otro mercado, que no es el convencional, pero cada vez tienen mayor demanda. No estamos solos, ya que, además, trabajamos con nutricionistas, ingenieros en alimentación, y otros actores de esta cadena”.

De qué se trata

Por generaciones y generaciones los alimentos fueron producidos por los agricultores en el marco de una equilibrada interacción con la naturaleza. La agricultura era una actividad a escala humana, orientada a satisfacer las necesidades de las personas y respetuosa del medio ambiente. Si bien modificaba la naturaleza, no la ponía en peligro. Aseguraba la conservación de los recursos naturales y tenía como centro la producción de alimentos suficientes y sanos.

Cítricos: de la chacra al consumidor.

Cítricos: de la chacra al consumidor.

Sin embargo, a mediados del siglo veinte la producción agrícola sufrió grandes transformaciones. Los alimentos dejaron de ser el producto de una relación equilibrada entre el agricultor y la naturaleza y se convirtieron en objeto de especulación, del cual lo único que realmente importaba era su valor de mercado. La razón de estos cambios no está, como muchas veces se sostiene, en la necesidad de producir más para alimentar a una población mundial en crecimiento. El hambre en el mundo no se debe a la insuficiente producción de alimentos, sino a una mala distribución de los mismos.

Con el tiempo se pasó de la agricultura a escala humana a otra de tipo industrial, que busca producir cada vez más, sin importar cómo ni a costa de qué. Esto ha sido logrado haciendo un uso cada vez más intensivo de maquinarias, sistemas de riego, semillas híbridas, fertilizantes químicos, agrotóxicos y, en los últimos años, semillas transgénicas. Estos elementos técnicos conforman un paquete tecnológico que aumenta la “productividad” de los predios, sin reparar en los costos sociales y ambientales de esa manera de producir.

Ese tipo de agricultura industrial expulsa agricultores del campo e impone el monocultivo como práctica predominante de manejo. Esta generalización del monocultivo -espacial o temporal- no solo atenta contra la biodiversidad y promueve la aparición de plagas sino que profundiza la dependencia económica y la pérdida de soberanía alimentaria de cada productor, de cada región, de cada país. El uso de agrotóxicos -indisolublemente ligado a los monocultivos- y de fertilizantes químicos que intentan paliar la sobreexplotación del suelo, contamina el suelo, el agua y el aire e implica un grave riesgo para la salud de las personas que producen y que consumen estos alimentos.

Fuente: AIM, Departamento de Agroecología y Soberanía Alimentaria de la intendencia  de Treinta y Tres (Uruguay)

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