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Si estamos juntos, ¿qué importa el mundo?

La Acción poética irrumpe con la impertinencia de la utopía y la esperanza en las sórdidas calles de las ciudades distópicas de un capitalismo avasallante. Este artículo, a riesgo de caer en facilismos narrativos, está intervenido por frases reapropiadas, porque de eso se trata, de la acción directa de algunos sujetos que eligen creer en el cambio como puntapié inicial, motor e inspiración: sucederás, lo sé, porque de eso se trata, de creer en los hombres pequeños con fuerza de colosos, capaces de cambiar su entorno, su mundo, el mundo. Valentín Ibarra [*]  

Mural de Acción poética, Paraná.

Mural de Acción poética, Paraná.

Palabras que nutren y transforman. Mucha gente pequeña, haciendo cosas pequeñas, pueden cambiar el mundo. La frase es inspiradora y, como tantas otras, está inscripta en el imaginario popular, es muy antigua y puede rastrearse desde muchas latitudes, con pequeñas diferencias propias de la sintaxis y la semántica. A pesar de ello, en la actualidad se le atribuye a Eduardo Galeano, pues el uruguayo la rescribió en uno de sus tantos (y elegantes) juegos de palabras donde se mezcla aquello, tan antiguo, escrito sobre la roca, con su pluma latinoamericana irreverente. No pondremos en tensión su escritura porque lo que nos interesa es el efecto que pueden causar las pequeñas intervenciones estético-políticas en medio del caos cotidiano, la violencia física y de la otra, sumando también el silencio doliente de los menos afortunados. A contramano, frases que se confunden en el decir callejero, que enfatizan sueños de libertad, se inscriben en lo que algunos llaman un “efecto mariposa” haciendo una traspolación de aquel concepto tomado de la teoría caos que expresa (más o menos) que ante una muy pequeña variación al interior de un sistema dado pueden operarse grandes cambios a mediano y largo plazo.

Sólo está derrotado aquel que deja de soñar. A riesgo de caer en facilismos narrativos, el presente artículo está intervenido por frases reapropiadas porque de eso se trata, de la acción directa de algunos sujetos que eligen creer en el cambio, pero no en el sentido comercial-devaluado que la palabra adquirió en estos tiempos políticos agrietados, sino como puntapié inicial, motor e inspiración: sucederás, lo sé, porque de eso se trata, de creer en los hombres pequeños con fuerza de colosos, capaces de cambiar su entorno, su mundo, el mundo.

Sonríe, esto también pasará. Hace poco me encontré transitando por un lugar no muy alejado del centro de la ciudad. Para evitar suspicacias y comparaciones poco felices obviaremos dar la ubicación exacta; sin embargo, diremos que el desamparo que uno huele por aquellas oscuras calles periféricas sólo puede compararse con la imagen de un campo de batalla a la mañana siguiente de un intenso combate. Sí, así de cruel me resultó el paisaje y a menos de cinco minutos del centro.

Hasta que la realidad nos separe. Hundido entre las sombras, un caserío desolado y apenas iluminado. Contenedores de basura dañados y rebalsados, pozos infinitos en el asfalto tapados con aguas putrefactas y barro. Los niños jugando por ahí, perros y caballos, carros para cirujear. Allí reina la desesperanza enseñoreada por el silencio vergonzante de un Estado ausente y la mirada indiferente de casi todos los demás. Sin embargo, en una pared de fondo blanco, una leyenda resaltada por sus letras negras se parece a un susurro en cuatro palabras: sonríe, esto también pasará. Susurro, faro erguido en la costa para guiar a los marinos en medio de la noche y la tormenta. Como del ánfora de Pandora emerge la esperanza, ungüento para el alma. Canción, verso y en el margen inferior la firma-anónima de “acción poética” como quien dijera en mí puedes refugiarte.

 

Que la poesía nos salve del mundo. Acción poética es un fenómeno mural-literario internacional que toma por asalto las paredes de las ciudades buscando desarticular el juego de ausencias y silencios, grises metálicos, humos y ruidos contaminantes. Delitos de hambre y de guantes blancos, acción poética no tiene financiación, tampoco un organigrama, y evita los mensajes religiosos o político-partidarios, es sencillamente la iniciativa directa individual o grupal enfocada en dar mensajes, pequeñas pistas por dónde seguir, a partir de intervenciones estéticas, en clave política libertaria. Sin poesía no hay mundo.

Es difícil saber a ciencia cierta dónde y cómo nació la “acción poética”, posiblemente en México a mediados de los `90 por iniciativa de algunos artistas, según cuentan algunas crónicas aquí y allá. Lo cierto es que se viralizó por todo el continente y más allá, tal vez porque lo que abunda en las urbes es la miseria. Cuidado con los miedos, les encanta robar sueños.

Los versos que irrumpen en los muros ofrecen esperanza y tiñen la ciudad de un mensaje de paz en medio del caos. Roban sonrisas. Crean un mundo mejor porque no lo anhelan entre resoplidos de nostalgia, van por él y lo construyen.

Si pudiera te besaría la voz. Duermo temprano para soñarte más tiempo o mi fantasía textual es que me comas y punto son algunas de frases un poco cursis, tal vez, pero que con la picardía de un poeta barrial apelan al doble sentido sin ser groseras, buscan sacar de lo profundo un recuerdo lejano y de un paso al otro brotan para cambiar el día, esos instantes que son toda una vida. No sabía qué ponerme y me puse feliz.

Cuando tropiezo con ellas me las quedo rumiando por unas cuadras, me las apropio, las resignifico y las paso como una antorcha. Entonces, el aletear de una mariposa en una pared cualquiera pasa de boca en boca hasta, quizá, transformarse en un maremoto al otro lado del planeta, porque la palabra encierra la fuerza de los mares. Viaja y destruye las condiciones actuales para crear nuevos mundos, más amigables y más bellos.

Ten un buen día, tú que leíste esto sin querer.

*Valentín Ibarra, estudiante de Filosofía de la Universidad Autónoma de Entre Ríos (Uader).

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