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Sin mujeres, patrimonio de la humanidad

Okinoshima, la isla que no admite mujeres fue declarada Patrimonio de la Humanidad. La isla, que se encuentra al sur de Japón, solo recibe visitantes varones una vez al año, el 27 de mayo y fue declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco.

Foto ilustración.

Foto ilustrativa

La isla de Okinoshima, uno de los lugares más sagrados de Japón, representa un “valor universal excepcional” para la Humanidad. Por eso la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco) la declaró el pasado fin de semana Patrimonio de la Humanidad.

El Comité del Patrimonio Mundial de esta agencia de la ONU, reunido en Cracovia (Polonia), la inscribió en su lista de sitios culturales más preciosos del planeta.

La isla de Okinoshima tiene dos particularidades: prohíbe el paso de las mujeres, y los hombres solo pueden acceder a tierra completamente desnudos.

Situada a medio camino entre la isla principal de Kyushu y la península coreana, esta isla era el centro de relaciones con China y Corea y también se utilizaba como espacio sagrado para rezar por la seguridad marítima a mediados del siglo IV.

Este nuevo patrimonio de la UNESCO tiene un acceso muy restringido que en principio solo permite ingresar a los sacerdotes de Munakata Taisha, un grupo de sintoístas. El protocolo para entrar en la isla consiste en desnudarse completamente y bañarse en el mar para “liberarse de las impurezas”.

El lugar permite anualmente viajar a unos 200 hombres una vez el año, el 27 de mayo, día en el que se honra a los marineros que murieron en la batalla naval durante la guerra Ruso-Japonesa (1904-1905). El resto del tiempo, sólo vive allí un sacerdote shintoista.

 

Acceso restringido

Algunos de los participantes en el debate de la Unesco se preguntaron si la prohibición de acceso a Okinoshima para las mujeres es discriminatoria, sin embargo no es el primer lugar religioso en Japón que forma parte de la lista de la Unesco con la entrada prohibida a las mujeres.

El Monte Athos también mantiene la prohibición a las visitantes femeninas. En el periodo Heian las mujeres comenzaron a ser excluidas de las ceremonias religiosas. Algunas creencias budistas declararon la “impureza” sobre las mujeres. Si bien esas creencias se han mantenido hasta la actualidad, las restricciones por género generan polémica y rechazo entre la población.

 

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