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La portadora de la memoria ancestral

La cantora colombiana, que fue elogiada por Peter Gabriel y convocada a grabar por Calle 13. Además Gabriel García Márquez la invitó a cantar en la ceremonia del premio Nobel de Literatura de 1982.

"Nuestra música nace de la naturaleza, por eso se llama ancestral", dice. Foto: La Nación.-

“Nuestra música nace de la naturaleza, por eso se llama ancestral”, dice. Foto: La Nación.-

En el día de la Pachamama, Totó La Momposina cumplió 77 años. Nació el 1 de agosto de 1940 en la isla de Mompox, a orillas del río Magdalena, en una familia de zapateros, bailarines y músicos. Si hay alguien que aprendió a decodificar el sonido del tambor y el lenguaje de la naturaleza es esta cantadora colombiana. Sonia Bazanta, su nombre de cuna, se hizo conocida en el mundo entero como Totó La Momposina cuando el escritor Gabriel García Márquez la invitó a cantar en la ceremonia del premio Nobel de Literatura de 1982.

Cantó en las calles, en el metro, en las universidades y estudió artes en La Sorbona de París. En ese tiempo, Totó recuerda que su imagen de mujer del Caribe y su música impregnada de gaitas y tambores despertaba un interés exótico. “Tenía tiempo de estar cantando y ni siquiera me hicieron examen para entrar -cuenta la cantora-. Pagué mi cuota y me puse a estudiar. Quería saber todo el proceso para hacer un espectáculo. Si uno quiere ser un buen artista tiene que saber eso y conocer la historia de la música y la danza. Claro que era estudiar lo que ellos han desarrollado, aunque yo también tenía mi propia historia. Entonces, eso se enriquece. Porque la música no es para jugar. Es para santificar a las personas”.

Peter Gabriel la invitó a grabar en el sello Real World Music en 1993. El disco Candela viva, en el que la cantora repasaba la historia popular de los ritmos del Caribe, a caballito de hits como “El Pescador” y otras joyas tradicionales de la música colombiana -bullerengues, porrós y cumbias- la ubicaron como la voz más representativa del Caribe colombiano. En total grabó siete discos. En 2010, vendió su casa para grabar el álbum La bodega. “Por suerte, ya tengo casa”, tranquiliza al recordarlo. Su último material, El asunto, lo grabó hace tres años. Lo suyo es la calidad, antes que la cantidad. “Los discos no se hacen porque sí. Es una manera de aportar a la música ancestral, que no es imitando al jazz, no es imitando al rock, a los portugueses, sino con los sentimientos y los sonidos propios de cada país. Los discos tienen su tiempo de maduración”, sostiene con una sonrisa franca entre los labios.

En el medio, además de ser la estrella de los festivales de world music del verano europeo de forma continua, realizó colaboraciones con grupos de otros géneros, como Calle 13, con la canción “Latinoamérica”. En 2002, fue nominada al Grammy Latino en la categoría mejor álbum tropical tradicional por Gaitas y tambores. Pero Totó La Momposina no hace esto por la fama. “El cantar y hacer arte no es para hacerse millonario, sino para hacerse rico a nivel espiritual. Es formar parte del proceso de los hombres, de lo que uno tiene que hacer aquí en la tierra, ni emborracharse, ni andar por ahí volviéndose malo, ¡no señor! Porque como decía mi abuelo, el que está en la calle, come calle y se comporta de lo que se hace en la calle”, remata.

La artista colombiana tampoco necesita de grandes escenarios para cantar: “Yo soy una guerrera, pa’lo que sea. Sino hay luz, canto a capella. Si hay tambores, pongo velas y ahí nomás me pongo a cantar. Los bailes cantados allá, son todos así, con velas, haciendo una rueda y con tambores. No sé necesita más”.

Ella está en una suerte de cruzada sagrada. Vino a esta vida, dice, para cumplir la misión de ser la portadora de la memoria ancestral de su tierra. “Yo digo que uno viene marcado para eso”, sentencia como si fuera la cacique de la tribu Mompox.

-¿Dónde aprendió a cantar?

-Eso viene de allá. Desde el vientre de la mamá uno escucha a los antepasados. Porque no es que a uno le van a enseñar a cantar. La afinación y el ritmo, eso no se lo enseña nadie a uno. Ni la inspiración tampoco. Eso es sagrado.

-En su familia había artesanos y artistas. ¿Eso también la marcó?

-Sí, porque no todos pueden ser médicos, abogados, curas, ingenieros y arquitectos. Cada uno viene a lo suyo. Por ejemplo, el oficio de los zapateros sí se puede combinar con la música. Para ser zapatero tienes que tener el sentido de la destreza y la delicadeza para poder hacer un modelo de zapato. Tienes que haber conseguido la horma para hacer el molde, después tienes que tener la gracia de hacer la capellada y después coserlo con una costura bien fina. Lo mismo pasa con la música. Los artesanos pueden hacer artesanía y pueden cantar. Por eso, pueden abarcar ese ámbito de la creatividad del hombre para cantar, para escribir, para ser buenos agricultores, para cocinar, para lavar, planchar, para ser filósofos, porque tiene el conocimiento completo de lo que verdaderamente tenemos que ser en la tierra. Y, a la vez, llevar una vida espiritual.

-Usted dice que en la cultura europea hay una idea pragmática de la vida, pero en Latinoamérica hay una convivencia más natural con el realismo mágico.

-Mi hijo, todos nosotros hablamos con el sol. “¿Bueno, usted cuándo va a salir que está haciendo mucho frío?” le decimos a la mañana. Mi abuelo, que murió a los 105 años, decía que no había sábado sin sol. Y no hay sábado sin sol, por algo lo decía. Nosotros estamos más pendientes de la naturaleza. Allá tenemos un tipo de calendario distinto que te dice cuando tenés que cortarte el cabello, o cuando uno tiene que cuidarse. También hay que protegerse de las malas energías. Uno está pendiente de lo que tiene que hacer. Claro que no todos lo creen, pero es problema de ellos.

-¿Esas creencias también tienen que ver con el lugar donde nació?

-Nosotros, allá en la isla, sabemos que se llama así por el cacique Mompox, el indio caribe que cuidaba toda esa zona caribe del Río Magdalena. Entonces, cuando se habla de esa región es sagrado para nosotros. Es tierra de Dios. Allá se cultivaba tabaco, arroz, yuca, plátano, maíz y había pesca. Pero ahora como están haciendo la hidroeléctrica han secado el río. Se perdió la comunicación con el interior del país porque por ahí navegaban los barcos. La civilización ha llevado a todo eso, entonces el modernismo no es tan bueno. Para nada.

-¿Se perdió lo sagrado?

-No, para mí esos guardianes están por ahí…

-¿Su música busca traducir el lenguaje de la tierra?

-Nuestra música nace de la naturaleza, por eso se la llama ancestral. Es el cotidiano vivir de los hombres que se va convirtiendo en música. Nosotros somos ritmos, tonalidades y acordes melódicos, que salen de acuerdo a la contemplación de la vida.

-¿Se siente una portadora de esa memoria?

-He llegado a pensar que sí. Pero no soy la única. Las cantadoras somos muchas. No hay una sola. Cuando uno siente la felicidad de expresar lo que se hacía en tiempos pasados y que a través de uno todo eso está reviviendo, se siente que se está cumpliendo con lo que uno vino a hacer a esta vida.

La Nación.-

 

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