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Violencia y muerte en una marcha de supremacistas blancos en EE.UU.

Un auto embistió una manifestación que minutos antes se había enfrentado a nacionalistas; hubo un muerto y heridos; indignación por las declaraciones de Trump.

Los grupos de rescate evacúan a los heridos del lugar donde fueron embestidos. Foto: NYT

Los grupos de rescate evacúan a los heridos del lugar donde fueron embestidos. Foto: NYT

Una manifestación de neonazis, supremacistas blancos y miembros del Ku Klux Klan (KKK) sembró violencia, desolación y muerte en Charlottesville, una ciudad estudiantil del estado de Virginia, devenida ayer en el último epicentro de las tensiones raciales en Estados Unidos.

La tragedia se transformó en indignación por las declaraciones posteriores del presidente Donald Trump, quien evitó condenar específicamente a los responsables de la violencia y se refirió de manera ambigua a “todos los bandos”.

Una persona murió, y al menos otras 19 resultaron heridas cuando un automóvil deportivo gris con los cristales polarizados atropelló a un grupo de personas que protestaban en contra de las facciones de la ultraderecha estadounidense, que se habían congregado en la ciudad para una demostración de poder en un acto bajo la consigna “Unamos a la derecha”.

Un video que se viralizó en las redes sociales mostró al automóvil gris acelerando contra una multitud en una calle perpendicular a una peatonal del centro de la ciudad, atropellando a la multitud para luego retroceder a toda velocidad y embestir a más gente.

La policía de Charlottesville arrestó a un sospechoso y abrió una investigación por “homicidio criminal”. Hubo heridos en otros incidentes, y dos policías murieron al estrellarse un helicóptero cerca de la ciudad.

Antorchas

Los choques habían comenzado antenoche, durante una marcha con antorchas, cuando los manifestantes de la extrema derecha se enfrentaron a golpes con otros grupos de personas que se oponían al encuentro. En Charlottesville pudieron verse banderas con esvásticas, imágenes del KKK, y carteles de campaña del presidente Donald Trump y de milicias armadas.

Varias figuras políticas calificaron el ataque como un acto de terrorismo doméstico, y demandaron también una enérgica condena de la Casa Blanca contra el supremacismo blanco.

Pero Trump, acusado de envalentonar a lo más extremo de la ultraderecha, que a su vez respaldó su plataforma racista, xenófoba y nacionalista en la campaña presidencial del año pasado, quedó bajo fuego al condenar la violencia de manera genérica, sin una referencia directa a los grupos que viajaron a Charlottesville para sembrar el caos, sino cargando contra ambos “lados”.

“Condenamos en los términos más enérgicos esta flagrante manifestación de odio, fanatismo y violencia en muchos lados. En muchos lados”, dijo Trump en declaraciones ante las cámaras desde su resort en Bedminster, Nueva Jersey.

“Sólo hay un lado”, respondió en Twitter Joe Biden, ex vicepresidente de Barack Obama.

La Casa Blanca confirmó luego la postura oficial al aclarar que el presidente había condenado “el odio, la discriminación y la violencia desde todas las fuentes y todos lados”, y que en Charlottesville había habido “violencia entre manifestantes y contramanifestantes”.

Lejos de calmar los ánimos, la reacción oficial desató repudio. La postura de la Casa Blanca sobre lo que ocurrió en Charlottesville quedó a contramano de la lectura que hizo todo el arco político, y de la furia que despuntó en las redes sociales contra los grupos de ultraderecha que viajaron a Charlottesville.

El gobernador de Virginia, el demócrata Terry McAullife, quien había declarado el estado de emergencia por la mañana, ofreció el mayor contraste respecto de la reacción oficial durante una conferencia de prensa en la cual brindó detalles sobre los incidentes.

“A todos los supremacistas blancos y los nazis que llegaron a Charlottesville hoy. Váyanse a casa. No son queridos en esta gran comunidad”, indicó. “No van a tener éxito. No hay lugar para ustedes acá, no hay lugar para ustedes en Estados Unidos”, insistió.

Varios legisladores republicanos también se despegaron de la Casa Blanca. Orrin Hatch, senador oficialista, dijo en un comunicado que había que “llamar al mal por su nombre”, y que su hermano no había dado su vida combatiendo a Adolf Hitler “para que la ideología nazi fuera pasada por alto en casa”.

Otra reacción oficial que se desmarcó de la Casa Blanca fue la del presidente de la Cámara de Representantes, Paul Ryan: “La supremacía blanca es un azote. Este odio y su terrorismo deben ser enfrentados y derrotados”.

En el mismo sentido, el senador republicano Marco Rubio criticó a Trump por su falta de contundencia contra los desmanes de los supremacistas blancos en Virginia.

“Es muy importante para el país escuchar que el presidente describa los eventos de Charlottesville por lo que son, un acto de terrorismo por parte de los supremacistas blancos”, dijo el legislador.

Fuente: La Nación

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