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Los niños héroes de Chapultepec

Se cumple hoy, 13 de setiembre, otro aniversario  de la batalla del castillo de Chapultepec, en que tropas estadounidenses entraron en la ciudad de México y mataron a adolescentes cadetes de un colegio militar que funcionaba allí.

El asedio al castillo de Chapultepec, en México.

El asedio al castillo de Chapultepec, en México.

Después de la independencia mexicana  de 1810, muchos estadounidenses tuvieron permiso para vivir en Texas; territorio que en ese entonces era parte de la Nueva España. Sin embargo llegaron a ser tantos que se rebelaron contra las leyes mexicanas y declarándose independientes de nuestro territorio en 1835.

En realidad fue una maniobra premeditada por el gobierno de Washington para tener el monopolio del algodón, entonces una mercadería de gran valor en la industria de punta de la época, comparable al petróleo hoy en día.

Tras la anexión de Texas, las autoridades norteamericanas señalaron en un momento de euforia que la situación predominante que tomaban en el mercado mundial de algodón, gracias al trabajo esclavo, haría que las demás naciones se rindieran a sus pies, estrategia que no han abandonado desde entonces.

El presidente James Polk no pensaba solamente en Texas, sino que se apoderó también, con la guerra que siguió, de California y Nuevo México, aunque no pudo hacerlo con Chihuahua.

En el año de 1845, debido a “separación” de Texas, el gobierno Mexicano encabezado en ese tiempo por Antonio López de Santa Anna expresó su desacuerdo y hubo enfrentamientos militares.

Los estadounidenses se lanzaron a la pelea ocupando primero California y Nuevo México, luego la cuidad de Matamoros y Monterrey hasta llegar a Puebla y la ciudad de México en donde atacaron el castillo de Chapultepec un 13 de Septiembre de 1847.

El  castillo era entonces el Colegio Militar. Los soldados y jóvenes cadetes dirigidos por Nicolás Bravo respondieron a los ataques y aunque finalmente fueron derrotados, actuaron como verdaderos héroes,  dispuestos a dar la vida por su país.

Cuentan que cuando todo había acabado un oficial norteamericano observando el rostro de los cadetes muertos, dijo lleno de sorpresa algo como: “¡Pero si son apenas unos niños!”, a partir de esta expresión se les llama “Los niños héroes”.

Después de ser ocupada la Ciudad de México, el 2 de febrero de 1848, en la sacristía de la Basílica de Guadalupe fue firmado el acuerdo con el que se daba fin a la guerra. En este acuerdo llamado Tratado de Guadalupe Hidalgo, México perdió gran parte de su territorio, reconocía al Río Bravo como el límite entre los dos países y se les daba a los Estados Unidos norteamericanos los territorios de Nuevo México y Alta California.

Por su parte, el gobierno norteamericano entre otros compromisos, tendría que pagar por esos territorios.

Así el 13 de septiembre son recordados todos los héroes que dieron su vida para salvar a la patria durante la guerra contra Estados Unidos.

En la Ciudad de México se realiza un desfile con la armada y en el Castillo de Chapultepec se hace una ceremonia con cañones para recordar a los “Niños Héroes”.

Los niños mártires de Chapultepec

I
Como renuevos cuyos aliños
un viento helado marchita en flor,
así cayeron los héroes niños
ante las balas del invasor.
Allí fue… Los sabinos, la cimera
con sortijas de plata remecía;
cantaba nuestra eterna primavera
su himno al sol; era diáfana la esfera;
perfumada la flor… ¡y ellos morían!
Allí fue… Los volcanes, en sus viejos
albornoces de nieve se envolvían,
perfilando sus moles a lo lejos;
era el avalle una fiesta de reflejos,
de frescura, de luz… ¡y ellos morían!
Allí fue… Saludaba el mundo el cielo,
y al divino saludo respondían
los árboles, la brisa, el arroyuelo,
los nidos con el trino del polluelo,
las rosas con su olor… ¡y ellos morían!
Morían cuando apenas el enhiesto
Botón daba sus pétalos precoces,
privilegiados por la suerte en esto:
que los que aman los dioses mueren presto
¡y ellos eran amados de los dioses!
Sí, los dioses la linfa bullidora
cegaban de esos puros manantiales,
espejos de las hadas y de Flora,
y juntaban la noche con la aurora,
como pasa en los climas boreales.
Los dioses nos roban el tesoro
de esas almas de niños que se abrían
a la vida y el bien, cantando en coro.

Allí fue…La mañana era de oro,
Septiembre estaba en flor.. ¡y ellos morían!

II
Como renuevos cuyos aliños
un viento helado marchita en flor,
así cayeron los héroes niños
ante las balas del invasor.
No fue su muerte conjunción febea
ni puesta melancólica de Diana,
sino eclipse de Vésper, que recrea
los cielos con su luz, y parpadea
y cede ante el fulgor de la mañana.
Morir cuando al tumba nos reclama,
cuando la dicha suspirando quedo,
“¡Adiós!”, murmura, y se extinguió la llama
de la fe, y aunque todo dice: ¡Ama!
responde el corazón: “¡Si ya no puedo…!”,
Cuando solo escuchábamos dondequiera
del tedio el gran monologar eterno,
y en vano desparrama primavera
su florido caudal en la pradera,
porque dentro llevamos el invierno,
bien está… Mas partir en pleno día,
cuando el sol glorifica la jornada,
cuando todo en el pecho ama y confía,
y la vida Julieta enamorada,
nos dice: “¡No te vayas todavía!”
y forma la ilusión mudo de encajes,
y los troncos de savia están henchidos,
y las frondas perfumaban los boscajes,
y los nidos salpican los frondajes,
y las aves arrullan en los nidos,
es cruel… Mas, entonces, ¿por qué ahora
muestra galas el bosque y luce aliños?
¿Por qué canta el clarín con voz sonora?

¿Por qué nadie está triste, nadie llora
delante del recuerdo de esos niños?
Porque más que la vida, bien pequeño;
porque más que la gloria, que es un sueño;
porque más que el amor, ale, de fijo,
la divina obligación, y en una losa
este bello epitafio: “Aquí reposa;
dio su sangre a la Patria: ¡era buen hijo!”
……
Amado Nervo

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