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Angelina Jolie: “Para mis hijos, no soy cool”

Admirada y deseada como ninguna otra en el mundo, reluce en alfombras rojas y brinda su ayuda a refugiados y excluidos. En una charla exclusiva con La Nación revista, cuenta cómo es ser madre de seis chicos, por qué se ríen de ella y qué la motivó a nacionalizarse camboyana

Con su amiga, y escritora, Loung Ung.

Con su amiga, y escritora, Loung Ung.

A las 17:40 de un jueves cualquiera suena el teléfono y una voz grave y, por momentos seductoramente ronca, saluda: “Hola. Soy Angelina”. Habrá que imaginar los gestos de su cara angulosa mientras habla de su última película, si frunce su boca, inquietante de tan voluptuosa o si su cuerpo, imponente y frágil a la vez, se desparrama sobre un sillón. Por el tono relajado de la voz, podemos ubicarla en su mansión de 25 millones de dólares en el barrio Los Feliz, al este de las colinas de Hollywood, en la siempre soleada ciudad de Los Ángeles. Ella no es como uno espera que sea. Las respuestas atraviesan los miles de kilómetros de distancia con una risa liviana cuando confiesa: “Para mis hijos, no soy cool”.

Angelina Jolie se mueve en los extremos. Se pasea tan cómodamente por alfombras rojas sobre tacos aguja como visitando los campos de refugiados en las zonas más calientes del planeta. Con ella, una charla sobre maternidad puede derivar en las bandas punk que escuchaba en su adolescencia. Es actriz, directora, guionista y enviada especial del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (Acnur). Puede hablar de todo. O casi todo. “Las preguntas más personales deben hacerse por escrito y ella las responderá por mail.” La advertencia se repite al menos tres veces antes de llegar a ella. Una frontera invisible para asegurar un mínimo de intimidad que, a sus 42 años, no ha podido lograr. Es tal el apetito por los detalles de su vida privada que cada movimiento junto a su numerosa familia de seis hijos (tres adoptivos y tres biológicos) llega a los medios de comunicación. Angelina lleva a sus hijos a Toys R Us oAngie y sus hijos se van de Targetporque no sirven panchos son sólo algunos de los titulares recientes.

A un año de su separación de Brad Pitt, ella sabe que la curiosidad por su vida sentimental es infinita y universal. Con la misma tenacidad de uno de sus papeles más conmovedores, la madre del hijo desaparecido en El sustituto, parece decidida a soportar toda esta atención y a encauzarla hacia el terreno que defiende. Hoy, Jolie quiere hablar de la crianza de sus hijos, del trabajo humanitario por el que hizo más de sesenta viajes a los territorios más vulnerables del mundo y de su última película, First They Killed My Father (Primero asesinaron a mi padre), de reciente estreno en Netflix, que la vuelve a ubicar detrás de cámara, esta vez para contar las memorias de su amiga Loung Ung, una sobreviviente del genocidio camboyano bajo el régimen de Pol Pot, quien gobernó el país asiático de 1975 a 1979 dejando una nación devastada con la muerte de dos millones de personas.

Para este rodaje, Jolie se mudó con toda su familia a Camboya. Maddox, su primer hijo adoptado a los seis meses de un orfanato camboyano y hoy de 16 años, trabajó en la producción y Pax, de 13 y adoptado en Vietnam, optó por ayudar con la fotografía. Sus otros hijos son: Zahara, de 12, adoptada en Etiopía; Shiloh, de 11, y los mellizos Vivienne y Knox, de 9. Los últimos tres son los que tuvo junto a Pitt, luego de una relación amorosa que duró doce años.

¿Qué es lo mejor de ser mamá?

Podés pasar tu vida con estos individuos extraordinarios. Ellos crecen y te enseñan quiénes son. Cuando mis hijos me sorprenden o me dicen algo lindo, me doy cuenta de que ya son individuos. Eso me parece lo mejor, lo más divertido de ser mamá. Hay algo maravilloso en esto de pensar voy a hacer lo mejor que pueda como madre, pero en el fondo son ellos mismos. Nosotras les damos tiempo y herramientas y sólo podemos esperar que puedan hacer lo que no podemos hacer por ellos.

¿Qué intentás transmitirles?

Para mí, lo más importante que podés enseñarle a tu hijo es a respetar al otro. No es tan importante cómo le va en el colegio si no celebra la diversidad que hay en el mundo y respeta al otro. Lo que más me interesa es que mis hijos sean generosos. Les enseño a ser empáticos y curiosos. Creo que con eso serán buenas personas y harán algo valioso de sus vidas. Tendrán amistades verdaderas y conexiones sinceras.

¿Cuáles son los desafíos y miedos en tu día a día como mamá?

El desafío es vivir bajo tus valores y tratar de ser un ejemplo para tus hijos. No es algo que dé miedo, pero requiere un sentido de la responsabilidad.

Hace 17 años, Angelina Jolie era una mujer completamente distinta. Y es que ella es un poco como la energía, que nunca se pierde, sino que se transforma, se reinventa. Para rastrear el cambio más dramático en su vida, no hay que pensar en su composición de Gia, la supermodelo lesbiana y heroinómana del film basado en la vida de Gia Marie Carangi, ni en el Oscar a mejor actriz secundaria que ganó por el rol de una sociópata de Inocencia interrumpida, con esa sonrisa perturbadora y sagrada que traspasaba la pantalla. En aquella entrega del Oscar, festejó su premio besando en la boca a su hermano, una conducta ciertamente extraña y provocativa. Hablaba de cuchillos, muerte y tatuajes. Hablaba de sangre, como la de su segundo marido, el actor Billy Bob Thornton, que ella portaba en un frasco colgado de su cuello. El primero había sido el actor Jonny Lee Miller, reconocido por su actuación en Trainspotting como Sick Boy. Hablaba de sexo y era la mujer que más fantasías despertaba en hombres y mujeres. Era la bomba salvaje, la chica rebelde que Hollywood había estado esperando.

A comienzos del milenio se encontraba musculosa y entrenada para el rol de Lara Croft en la película de acción Tom Raider, que la hizo mundialmente conocida. Uno de los lugares de filmación era Camboya y, en un descanso, la actriz se acercó a un puesto callejero y compró el libro First They Killed My Father. Era la historia real de Luong Ung, una sobreviviente del genocidio en manos de la guerrilla Khmer Rouge. Esas páginas y el contacto con la gente de Camboya le abrieron la puerta a un nuevo universo, hasta entonces desconocido para la actriz nacida en Los Ángeles, de cuna artística y posición acomodada. Palabras como minas antipersonales, trabajo forzado, torturas y refugiados se volvieron parte de su vocabulario cotidiano, porque, como dice ella, “una vez que sabés y que despertás a lo que está pasando en otras partes del mundo, ya no podés seguir igual”. Ese despertar la llevó a convertirse en embajadora de buena voluntad para las Naciones Unidas. Por eso, hablar con Jolie sobre lo que pasa en el mundo no es escuchar opiniones sueltas ni argumentos débiles, sino cifras alarmantes en la voz de quien conoce y ha caminado por los rincones más desamparados del globo.

En una entrevista dijiste que tu nueva película, First They Killed My Father, “es la pesadilla de todo padre. Ves a tus hijos muertos de hambre y torturados y no podés hacer nada”. Como directora y madre de seis, ¿hubo alguna escena en particular que te haya afectado o costado más?

Claro, la escena de la despedida entre la madre y los hijos. Eso no me lo puedo ni imaginar. Siento tanto respeto y admiración por la madre de Loung porque probablemente ella murió sin saber si sus hijos la iban a entender. Tuvo que ser fuerte e incluso hacerlos enojar para que ellos se fueran solos y pudieran sobrevivir sin ella. Lo que la madre hizo fue un acto de generosidad nacido del amor. Otra madre los hubiera querido retener porque no querría estar sin ellos. Hizo un gran sacrificio y por eso su hija [Loung Ung] está viva.

¿Cómo lidiaste con todas estas emociones durante la filmación?

El tema es.. (risas). Te podés imaginar que, si estás rodeada de gente que realmente sobrevivió a un genocidio, no pensás tanto en vos.

En el momento en que una menos lo espera, Angelina se corre del lugar de estrella de Hollywood. Al notar que la cronista se ríe de su torpe pregunta, empatiza con una carcajada sincera. Un perfecto ejemplo de su sentido del humor, que alguna vez Johnny Depp calificó de inteligente y perverso.

¿Cómo cambió tu vida al conocer la historia de Loung Ung?

Muy profundamente. La primera vez que leí su libro había tanto que no sabía por la manera en que fui criada. Estaba en la calle, en una esquina. Encontré su libro, lo leí y me impactó la manera en que te hacía ver el horror y atravesar la guerra a través de los ojos de una chica. Después, nos conocimos en una campaña para ayudar a eliminar las minas terrestres en Camboya. Nos convertimos en grandes amigas.

Una vez más, Jolie elige posar la mirada sobre el lado oscuro de la humanidad. Ya lo había hecho en su ópera prima In the Land of Blood and Honey (2011) sobre la guerra en Bosnia y, luego, en Inquebrantable (2014), donde cuenta la verdadera historia del atleta olímpico Louis Zamperini, un héroe de la Segunda Guerra Mundial que pasó 47 días en un bote en medio del océano y cayó prisionero en dos campos de concentración japoneses. En su cuarto trabajo como directora, muestra los horrores de la guerra a través de los ojos de una niña. Loung era una chica feliz y de clase media de Phnom Penh y tenía cinco años cuando vio su vida suspendida y mutilada con la llegada del régimen comunista bajo las órdenes de Pol Pot. Los detalles son todo en el film que recrea las memorias de Loung, quien llegó a ser entrenada como niña soldado: el arma que carga y es casi más grande que ella, los vegetales que cultivan en el campo, pero que no pueden comer, el osito rosa, símbolo de la infancia perdida, la araña enorme y peluda que cocina al fuego para luego comérsela, el vestido rojo arrojado a un cesto de mimbre por ser imagen de la vanidad occidental. La película fue elegida para representar a Camboya en los próximos Oscar y podría competir como Mejor película extranjera, ya que Jolie tiene, desde 2005, doble nacionalidad: estadounidense y camboyana.

Tres de las cuatro películas que dirigiste abordan la temática bélica y son historias de resiliencia, lucha y supervivencia. ¿Cuándo surge esta fascinación?

Muchos de mis proyectos como directora tienen que ver con esto. Creo que es en parte por mi trabajo en las Naciones Unidas. Paso mucho tiempo entre gente extraordinaria que ha sobrevivido a la guerra. Cuando estudiás el comportamiento humano, querés saber qué es lo que nos divide, cómo las ideologías pueden surgir y por qué la gente se pelea. Al mismo tiempo, te encontrás con historias de gente con un espíritu que los impulsa hacia adelante a pesar de todo. Cuando puedo dirigir una película, elijo estos temas. Me enfoco en ellos porque, a la vez, es en lo que me enfoco en mi vida.

¿Por qué son esos los temas que más te atraen?

No hay nada más inspirador que la gente que se rehúsa a dejarse llevar por los conflictos y, en cambio, encuentran la voluntad para superarlos. A veces necesitamos de esos ejemplos de fuerza para encontrar los recursos escondidos que tenemos dentro de nosotros. Eso ayuda a sacar lo mejor de cada uno. Me gusta pensar que no estamos definidos por los problemas que la vida nos trae, sino por cómo los enfrentamos.

La Nación.-

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