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Salma Hayek reveló el calvario que vivió con Harvey Weinstein

The New York Times publicó hoy miércoles la carta de Salma Hayek, quien escribe que por años Harvey Weinstein fue “mi monstruo”.

Salma Hayek y Harvey Weinstein

Salma Hayek y Harvey Weinstein

Después de que salieran a la luz decenas de testimonios con denuncias por acoso contra Harvey Weinstein, Salma Hayek se animó y contó su verdad. Ella vivió una dura experiencia con el productor y recién ahora pudo relatarla públicamente. Lo hizo en una extensa columna que escribió en el New York Times.

“Durante años, él fue mi monstruo”, afirmó en el texto. Explicó que pensó que ese capítulo de su vida estaba asumido y cerrado, y creyó que con tantas declaraciones y acusaciones, su voz no haría la diferencia. Luego se dio cuenta de por qué se había callado hasta ahora: “Estaba tratando de salvarme del desafío de explicar algunas cosas a la gente que quiero. Por qué excluí algunos detalles al contar que él me acosó. Y por qué por tantos años fui cordial con un hombre que me hirió tan profundamente”.

“Sentí que nadie se preocuparía de mi dolor. Quizás eso fue un efecto de todas las veces que me dijeron, especialmente Harvey, que yo no era nadie”, indicó.

Comentó luego que es posible que su amistad con personalidades como Quentin Tarantino y George Clooney la haya salvado de haber sido violada.

La historia de acoso tiene que ver con la película Frida. Salma tenía el sueño de hacer un filme sobre su heroína, la artista mexicana Frida Kahlo. Llegó a Weinstein con la idea y él se embarcó en el proyecto. Ella no era muy conocida en ese momento.

Arreglaron que él pagaría los derechos del trabajo que ella tenía hecho. Como actriz, cobraría el mínimo requerido más un diez por ciento. Recibiría un crédito como productora pero ningún pago. También acordó hacer otras películas con Miramax, que Salma creyó que darían un empuje a su carrera como actriz protagónica.

“En mi ingenuidad, creí que mi sueño se había hecho realidad. Él había validado los últimos 14 años de mi vida. Había apostado por mí, por una nadie. Dijo que sí. Yo no sabía que vendría mi turno de decir que no”, indicó.

Describió entonces las cosas que él empezó a pedirle. Tocaba a su puerta, en cualquier habitación de hotel, a cualquier hora, incluso en locaciones de películas que no tenían nada que ver con la de Frida. Le pidió tomarse una ducha con ella, mirarla mientras se duchaba, darle un masaje, hacer que un amigo suyo, desnudo, le diera un masaje, hacerle sexo oral, desnudarse junto a otra mujer.

También le pidió, en el medio de una noche, que despidiera a su representante porque él se había peleado con él por otra cosa. En otra oportunidad, la arrastró a la fuerza de la gala de apertura del festival de Venecia, al que había ido por Frida, y la llevó a una fiesta privada en la que había prostitutas.

“Sus tácticas de persuasión iban desde hablarme dulcemente a, en un ataque de furia, decirme que me mataría”, describió.

Salma se negó a tener cualquier encuentro sexual con el productor y él le dijo que su personaje lo haría otra actriz. Ella entonces recurrió a abogados. Él contestó que su nombre como actriz no era tan grande y que era incompetente como productora. Le dio entonces una lista de pedidos para que cumpliera antes de una fecha límite.

Tenía que lograr una reescritura del guion sin que costara un peso; conseguir 10 millones de dólares para financiar el filme; contratar a un director de primer nivel; y encontrar cuatro importantes actores para cuatro papeles secundarios. Ella pudo lograr todos los objetivos.

Finalmente, Salma quedó al frente de la película. Pero el calvario no terminó ahí. Weinstein le dijo que lo único que tenía a favor era su sex appeal y que en el filme eso no se veía. La amenazó entonces con cancelar la producción porque nadie quería verla en ese rol.

“Perdida en la neblina de una especie de síndrome de Estocolmo, quería que él me viera como una artista”, confesó. También esperaba que la reconociera como productora, ya que además de cumplir con su lista de pedidos, ella logró los permisos para usar las pinturas, negoció con el gobierno mexicano, consiguió las locaciones necesarias, incluso la casa de Frida Kahlo y los murales de Diego Rivera.

Weinstein le ofreció entonces una única manera para que el filme continuara: debía hacer una escena de sexo con otra mujer que incluiría un desnudo frontal. Ella aceptó.

“Llegué al set el día en que íbamos a filmar la escena que yo creía que salvaría la película. Y por primera y última vez en mi carrera, tuve una crisis nerviosa. Mi cuerpo empezó a temblar descontroladamente, no podía respirar bien y empecé a llorar y llorar, sin poder parar, como si estuviera escupiendo lágrimas”, recordó.

Describió que todos estaban sorprendidos, ya que no sabían lo que en realidad pasaba. “No era porque estaría desnuda con otra mujer. Era porque estaría desnuda con ella para Harvey Weinstein”, indicó.

Salma tomó un tranquilizante, que la hizo parar de llorar pero hizo que empeoraran los vómitos.

El drama continuó después de que se terminara la película. El productor la vio y dijo que no era tan buena como para estrenar en cine, por lo que la enviaría directo para videos.

Finalmente, lo convencieron de presentarla en un cine en Nueva York como para hacer una prueba. La película fue un éxito y se estrenó en todos los cines. Más adelante, el filme ganó dos premios Oscar por maquillaje y banda de sonido.

Años después, Weinstein encontró a Hayek en un evento y le dijo: “Estuviste bien en Frida. Hicimos una película hermosa”.

“Harvey nunca sabría cuánto significaban esas palabras para mí. Él tampoco sabría nunca cuánto me lastimó. Nunca le mostré cuánto miedo le tenía. Cuando lo veía socialmente sonreía y trataba de recordar las cosas buenas de él, diciéndome que fui a la guerra y gané”, concluyó la actriz.

TN.-

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