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Punta Indio: Donde el río se come el mapa de la Argentina

El Hotel Argentino de Punta Indio, en la desembocadura del Río de la Plata, era la parada obligada para todos los viajeros que iban desde la Capital hacia la Costa Atlántica. Supo tener 70 habitaciones y un servicio de lujo del que gozaron políticos, artistas y familias aristocráticas desde 1934, la fecha de su construcción. Hay un mito que dice que allí se escondió oro nazi y que, incluso, estuvo escondido Adolfo Hitler.

Punta Indio: Donde el río se come el mapa de la Argentina

Punta Indio: Donde el río se come el mapa de la Argentina

Hace varias décadas, sin embargo, el edificio ya no es el símbolo de la alta sociedad sino de la erosión costera. Desde la ventana destruida de lo que alguna vez fue su elegante restaurante, se observa hoy la vieja base de un mástil sumergida entre las olas. Fue arrastrada desde una plaza que quedaba a unos 250 metros. Todo ese trayecto ahora está bajo las aguas del Río de la Plata, que es ancho, bello y, por lo visto, algo traicionero. El agua es dulce, pero las olas son continuas: es un ambiente marino. Y, por eso, también es una auténtica rareza. Un mar dulce.

La popularización de la ruta 2, que es más directa, fue relegando a Punta del Indio como destino turístico, pueblo al que se llega por la ruta 11, o el viejo camino del Gaucho, que en los tiempos de esplendor era transitado por tranvías tirados a caballo.

En algunas playas de Punta Indio, el paisaje ribereño es exuberante, con el agua marrón iluminada por el sol brillante y los juncos verdes, que las olas peinan constantemente. No llega aquí la contaminación que caracteriza al resto del frente costero del Río de la Plata en el lado argentino (aunque sí vienen plásticos nadantes de todo tipo, que se meten en la arena). Si no fuera por ello, se parecería mucho a las pinturas de la Buenos Aires colonial, en la que aparecen las lavanderas trabajando a la vera del río, entre los manchones de agua que se forman en la arena, cada vez con una forma distinta, según lo dicte el antojo de las mareas y de la luna. Es, en ese sentido, casi un viaje al pasado.

Pero en otros puntos de la localidad, el Río de la Plata parece haberse ensañado con la costa, comiéndosela a pedazos cada vez más grandes, como si tuviera angurria. Desapareció la calle que hacía las veces de costanera (se llamaba Fueginos). Y también dos calles perpendiculares más. Pero, en realidad, es tonto echarle la culpa al río. Todo lo que ha sucedido sólo se debe a una cosa: la acción del hombre.

Parado en un sector conocido como “Playa 3”, Ezequiel Calvano, el secretario de Turismo de Verónica (cabecera política del distrito), no puede creer lo que ve. Y eso que es un tipo que conoce cada palmo de la costa porque la ama. “Me causa extrañeza la rapidez con la que desapareció todo. En este lugar yo estacionaba mi auto hace sólo tres años”, dice.

Ahora, en cambio, no queda prácticamente sitio para caminar en la arena. El río hizo encallar una boya, que parece perdida. Y los troncos de los ceibos han sido vencidos porque sus raíces fueron carcomidas por el agua. Algunos, han caído tan recientemente que todavía conservan sus flores coloradas intactas. Río adentro, se notan los palos que se colocaron para controlar el ganado y delimitar los campos. Ahora, no hay vacas: hay peces.

En el parador más popular de Punta Indio, El Pericón, es donde la erosión parecer haber avanzado con particular saña. Es justo donde está un gigante monumento al Indio Querandí, que habitaba en la zona antes de la conquista. Un monumento reciente, hecho de chatarra donada por los propios vecinos, es el homenaje a ese pueblo hoy perdido. En un día de semana de verano, el lugar está bastante concurrido, con gente tomando sol y niños jugando en la playa.

No advierten, sin embargo, que hace menos de una década, se podía instalar la sombrilla 200 metros más adelante. “Estos últimos años han sido aterradores”, dice Calvano. No sabe si estar asustado o triste.

La teoría de los juncales. ¿Qué pasó en Punta Indio? Por empezar, hubo una ocupación del territorio no planificada y torpe, que se basó en una visión de la naturaleza que aún domina el mundo: que cualquier espacio geográfico es un lugar para explotar infinitamente. Una cantera que sirve para sacar lo que vemos como recursos útiles. Y a la que le podemos cambiar el aspecto a antojo.

Este sector del Río de la Plata se caracteriza por tener lo que se llama en la jerga técnica un “humedal intermareal”. Otros dirían solamente que se trata de juncales. Parecen plantas frágiles, pero su secreto está en la flexibilidad. Las aguas sacuden cada junco, pero todos juntos, uno al lado del otro, cumplen una función impresionante: frenan el oleaje y atrapan el sedimento. En una playa, que algunos le dicen La Escondida, donde no se han tocado los juncales, ha sucedido algo que es lo opuesto a lo que le pasó al Hotel Argentino: en vez de perder línea de costa, comenzó a ganar médano.

Los procesos erosivos podrían haberse iniciado a raíz del retiro de la vegetación natural del humedal, dice un informe.

Allí, los árboles, en vez de quedar destruidos desde la raíz, están enterrados, como si los estuvieran sofocando con arena. Y el viejo alambrado, que separaba la playa de un campo vecino, apenas se ve, aunque tenía seis hileras de alto.

Francisco Cellone ha pasado estos últimos años estudiando este tramo de la costa. Es geólogo de la Universidad Nacional de La Plata y miembro del Conicet. Junto a Eleonora Carol, realizó un estudio comparativo entre viejas fotografías aéreas de 1943, tomadas por personal de la Base Aérea de Punta Indio, e imágenes satelitales de 2013. Y confirmó lo que se ve en el terreno: un fenómeno dispar en el comportamiento de la costa. La erosión no era pareja.

El proceso de erosión empezó al menos hace 70 años. “Al analizar la relación existente entre la vegetación intermareal y los desplazamientos de la línea de costa se observa que en muchos sectores se da una coincidencia entre la presencia de vegetación y los valores positivos de la tasa de cambio (avances de la línea de costa) y viceversa, entre su ausencia y sectores fuertemente afectados por la erosión costera”, señala el estudio “Los procesos erosivos podrían haberse iniciado a raíz del retiro de la vegetación natural del humedal, desencadenando un proceso continuo que habría inhabilitado la recuperación natural de la vegetación”, agrega en el informe.

Precisamente, la zona más desarrollada de la costa es la que parece haber sufrido más. Pero hay científicos que sospechan que Punta Indio, al igual que muchos lugares de la costa de la Argentina, que llegan hasta la mismísima Tierra del Fuego, están siendo erosionados, además, por algo más determinante aún: el cambio climático.

Alerta sudestada. En Punta Indio, viven aproximadamente unas 800 personas de manera estable, aunque ese número se incrementa los fines de semana y en temporada por el turismo. Hasta 1995, dependía de la ciudad de Magdalena, famosa por su penal militar. Justamente, hay un mito popular que dice que, para construir esa carcel, en la que estuvieron presos desde el dictador Jorge Rafael Videla hasta Carlos Menem, se sacó arena de la zona y que la erosión se debe a ello.

Punta Indio y la Bahía de Samborombón están siendo afectadas por un cambio en las corrientes marinas, con un aumento de energía del tren de olas. Y esto ocurre, a su vez, porque se está tropicalizando la zona.

Jorge Codignotto, geólogo e investigador del Conicet, se ríe cuando le cuento todo esto. “Es como haber sacado un valdecito del arenero”, responde. Según explica, Punta Indio y la Bahía de Samborombón están siendo afectadas por un cambio en las corrientes marinas, con un aumento de energía del tren de olas. Y esto ocurre, a su vez, porque se está tropicalizando la zona, con el desplazamiento hacia el sur del anticliclón del Atlántico, un fenómeno que está ocurriendo desde los ‘70. Por esa razón, las sudestadas son ahora más fuertes y más frecuentes, con vientos rotados al este-nordeste.

Un trabajo realizado ya hace algunos años para la Fundación Ciudad por Vicente Barros, uno de los especialistas más destacados en cambio climático de la Argentina, indicaba: “El efecto de estas tormentas sobre las costas se ve agravado por el aumento paulatino del nivel del Río desde 1970, coincide con el incremento del número de ondas de tormenta por encima de 1,60 metros. La tendencia al aumento del nivel del Río no sólo aumentó la inundación de las áreas bajas, sino que incrementó la erosión de algunas costas, provocando su retroceso”.

En esa línea de pensamiento, Codignotto afirma: “El ascenso del nivel del mar está medido en el Río de la Plata. Esto es indiscutible”. El mar sube por el derretimiento de los glaciares en las montañas de todo el mundo, así como de las grandes superficies heladas de la Antártida y Groenlandia. Además, como el agua más caliente ocupa más espacio, los océanos también se expanden por eso. “Las tormentas cambiaron de posición. Son más intensas y frecuentes. A eso se suma la erosión”, agrega.

La combinación del mal manejo del territorio con el cambio climático hace desastres como los que se ven en Punta Indio. “Y pensar que uno ve el río tan mansito…”, reflexiona Calvano, una tarde de sol de verano. “Todo se aceleró en los últimos cinco o 10 años”, asegura. Y esto sólo recién empieza

Clarín.-

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