Gobernado por borrachos, River terminará quebrado en la “C”
Las tropelías cometidas por la barra brava e incluso hinchas comunes de River la tarde del domingo, cuando tras 110 años el equipo de fútbol perdió la categoría y descendió a la “B” nacional, podrían ser castigadas por el tribunal de disciplina de la AFA con pérdida de puntos y suspensión del estadio monumental.
El club de Núñez no solo descendió sino que puede empezar el torneo de primera B con un descuento de entre nueve y 30 puntos de acuerdo con el informe del árbitro Jorge Pezzota. El juez ya expuso por escrito que un grupo de 12 barras bravas penetró en su vestuario en el entretiempo del partido con Belgrano el domingo pasado y uno de ellos le dijo: “o cobrás un penal o no salís vivo de acá”.
De acuerdo con el testimonio de Guillermo Marconi, presidente del Sadra, agrupación de árbitros a que pertenece Pezzota, el camino de los barras brava fue allanado por un dirigente de River y por los policías que miraron para otro lado cuando no debieron abandonar un instante a la terna arbitral.
Pezzota trató de tranquilizar a los matones y decidió a continuar el partido sometido a una grave presión. Si confirma en dos semanas su informe, River podría no solo perder puntos sino tampoco podría jugar como local durante 20 fechas.
La situación de River es caótica: no solo por un resultado deportivo que no por esperado es menos doloroso para sus hinchas, sino porque el club está quebrado de hecho con una deuda de 220 millones de pesos según el balance del año pasado que no tiene ninguna posibilidad de saldar, al contrario aumenta porque los gastos superan las entradas.
Y porque los socios, hinchas y simpatizantes, que son unos 15 millones en la Argentina, ya no tienen confianza en sus directivos y saben que el club no tiene la grandeza de otras épocas, en que era modelo de buen manejo gracias a dirigentes visionarios como Antonio Vespucio Liberti, cuyo nombre lleva el estadio.
Hoy el club está vaciado debido a los negociados a la vista perpetrados sobre todo durante el segundo de los dos gobiernos de cuatro años cada uno de José María Aguilar, que desparramaba negocios y dinero a manos llena entre sus amigos y entre los barras brava.
Justamente los barra brava, a quienes los políticos cada vez más próximos a los métodos e la mafia permitieron crecer con el propósito de que actúen como brazo armado para sus fines, aplican con prepotencia métodos “directos” para apropiarse de dinero de la transferencia de jugadores, manejar la droga dentro y fuera del estadio, cobrar peaje a los que quieren asistir al partido, apropiarse de las rentas de las playas de estacionamiento, balearse en cualquier parte por un vuelto o por el poder, conseguir del gobierno pasajes gratis para asistir a los mundiales y a cuanto partido les interese, revender las entradas y actuar como “mano de obra” para trabajos sucios de cualquier clase.
Los barra y otros hinchas, indignados por el prolongado desgobierno de un club que fue modelo otrora, rompieron el estadio de su propio club, lo que es un indicio más que claro del “amor” que sienten por él.
Pezzota presentó un informe donde consigna que recibió esta “visita” de encapuchados en el entretiempo y que el jefe de la custodia no pudo darle garantías al final del partido y por eso lo suspendió: otra mancha más.
Estos son resultados de la acción de los “muchachos”, y consecuencias naturales de los métodos que aplican, los únicos que conocen por formación y origen, la manera que tienen de conducirse en la vida porque no aprendieron otra ni nada saben de tantas otras cosas que son propias de los verdaderos hinchas, sobre todo del amor desinteresado por los colores.
Ahora el tribunal de disciplina de AFA está evaluando una posible deducción de puntos para River Plate, cuando empiece el próximo campeonato de la Primera B Nacional, debido a los incidentes que se produjeron en estadio Monumental. “Si no nos cobrás un penal, no salís vivo”, le dijeron los barras a Pezzotta, que cobró un penal, pero como a River ni el tiro del final le salió, el penal fue errado por Mariano Pavone.
Más allá de lo sucedido a la finalización del partido, con agresiones que simpatizantes le propinaron a efectivos policiales, arrojándoles proyectiles, el Tribunal tomaría ahora en consideración lo comentado por el juez para diseñar “una sanción más profunda”.
Los antecedentes cercanos dan cuenta de descuento de puntos que sufrieron, entre otros, Almirante Brown y Nueva Chicago, por los incidentes que cometieron sus respectivas parcialidades en sendos encuentros definitorios.
En junio de 2007, en el marco de una final por un ascenso a la B Nacional por el certamen de la B Metropolitana, se enfrentaban Almirante Brown y Estudiantes de Buenos Aires, en cancha de Racing.
A poco de iniciado el partido, el árbitro Diego Abal sancionó un penal a favor de la entidad de Isidro Casanova, que nunca se ejecutó por una agresión de un sector de la barra “mirasol” al guardavallas de Estudiantes, Walter Cáceres. El encuentro se suspendió y continuó recién en julio de ese año, en cancha de Sarmiento de Junín.
Almirante ganó por 1-0 y ascendió, pero pagó un precio caro más tarde: El Tribunal lo sancionó con la quita de 18 puntos antes de empezar a jugar en la B Nacional.
Ese castigo le impidió al conjunto de Isidro Casanova continuar en la máxima división del ascenso local, ya que pese a diseñar una buena campaña tuvo que regresar a la B Metropolitana al año siguiente, con el penúltimo promedio.
A fines de junio de 2007, otro episodio de violencia detonó negativamente hacia Nueva Chicago. El equipo de Mataderos disputaba el encuentro desquite de una de las promociones con Tigre.
En los minutos finales del segundo partido, con la victoria parcial de 2-1 para el conjunto de Victoria, los simpatizantes `verdinegros` invadieron la cancha, con cierta connivencia dirigencial, y provocaron serios desmanes.
Los incidentes prosiguieron fuera de la cancha y los hinchas de Nueva Chicago atacaron un micro de simpatizantes de Tigre que abandonaba el estadio, provocándole la muerte a Marcelo Cejas. A partir de esta situación, la AFA y los organismos de seguridad prohibieron el acceso de los visitantes en el fútbol de ascenso.
Chicago inició el campeonato de la B Nacional con una quita de 18 puntos, sanción que complicó su posterior desenvolvimiento en el campeonato, a punto tal que disputó y perdió una posterior promoción con Los Andes.
Algo antes, en abril de 2000, Excursionistas recibió un castigo de 21 unidades de descuento en el torneo de la Primera C de aquel entonces, luego de que algunos de los integrantes de la barra albiverde agredieron al jugador de Comunicaciones, Adrián Barrionuevo. Ese equipo del Bajo Belgrano, con Néstor Rapa como técnico, se perfilaba como el dominador del torneo y se aprestaba a retornar a la B Metropolitana.
En el caso de River el domingo pasado, Pezzotta pudo haber seguido el partido en la segunda etapa y luego indicar en su informe que lo había suspendido antes de iniciar el segundo tiempo debido a las amenazas, de modo que el segundo tiempo no se debería tomar en cuenta. Esto hubiera agravado más la situación de River pero posiblemente era la actitud más correcta ante una amenaza de muerte evidentemente favorecida por la dirigencia.
Los borrachos del tablón
Los barra brava argentinos, plenamente identificables con delincuentes y drogadictos al servicio de gente que usa sus servicios por ejemplo para copar clubes, usan “trapos” o distintivos que cuelgan en las tribunas, que tienen para ellos un carácter sagrado, totémico, y se acompañan con bombos y tambores. Casi siempre se ubican en las tribunas populares, donde el partido se ve de pie aunque por lo general no miran el partido sino que buscan adversarios para combatir.
Los barra brava están esparcidos por todo el mundo, pero a diferencia de lugares como Inglaterra, donde fue posible eliminarlos sobre todo después de que provocaron una catástrofe en un estadio de Bélgica, en Iberoamérica no parecen mermar, al contrario, crecer con resultados como mandar a River al descenso en combinación con políticos y dirigentes deportivos. Desde el primer muerto en el estado Centenario en 1924 los barra brava son responsables de unos 150 muertos y gran cantidad de heridos; pero hasta el año 2000, sólo 16 casos terminaron en condena.
El primer asesinato relacionado con el fútbol argentino se produjo en Montevideo, Uruguay, en 1924. El 2 de noviembre, tras disputarse el último partido del Campeonato Sudamericano que coronó a los locales, se produjeron incidentes frente al hotel donde se alojaba el seleccionado argentino, interviniendo en la pelea hinchas uruguayos e hinchas y jugadores argentinos.
Durante los incidentes, el argentino José Lázaro Rodríguez disparó contra Pedro Demby, quien murió al día siguiente, Rodríguez logró escapar y regresar a la Argentina, gracias a la ayuda de jugadores argentinos, en un buque que partió una hora antes de lo programado y no fue interceptado por la policía.
La policía uruguaya logró identificarlo gracias a una fotografía publicada el 4 de noviembre en el diario argentino Crítica, en donde se lo veía cenando con jugadores argentinos. Fue detenido el 24 de ese mes, pero nunca fue deportado.
El 14 de mayo de 1939, en el estadio de Lanús, la violencia se cobró sus primeras víctimas fatales en territorio argentino. En un partido por la cuarta división entre Boca y el local, tras una falta cometida por un jugador de Lanús, los jugadores comenzaron a pelearse. Al ver esto los hinchas de Boca quisieron derrumbar el alambrado e invadir el campo de juego, lo que motivó que la policía disparara. Pero un policía, Luis Estrella, disparó hacia la tribuna, alcanzando a dos espectadores: Luis López y Oscar Munitoli, un chico de nueve años.
La violencia se aplica también a los árbitros. El 27 de octubre de 1946, durante un partido entre Newell’s Old Boys y San Lorenzo en Rosario, intentaron ahorcar al árbitro Osvaldo Cossio.
El partido iba igualado en dos goles cuando Cossio anuló un gol de los locales, empeorando la situación cuando en la jugada siguiente San Lorenzo convirtió el tercer gol. Promediando el minuto 89 del partido, varios hinchas ingresaron al campo de juego logrando golpear al árbitro e intentándolo ahorcar con su propio cinturón.
Pude datarse en 1958 el comienzo de las barras bravas actuales, con el asesinato de Alberto Mario Linker, hincha de River. Por primera vez la prensa habló de grupos organizados llamados “barras fuertes”.
Luego, la “industrialización del fútbol” y la invasión publicitaria y marquetinera que sufrió hizo necesario controlar todos los aspectos que intervenían en el juego. Antes de los barra brava cuando un equipo jugaba de visitante era presionado por la hinchada rival, de modo que la primera utilización sistemática de los barras fue para neutralizar esta presión y generalizar la lucha entre hinchadas.
Como el “apriete” se hizo común se creó la teoría de que los grupos operativos con mística y capacidad de producir violencia eran la manera de contrarrestar el apriete de los otros grupos, equiparando la “mística” con la violencia sin más.
Estos grupos violentos recibían entradas y se les pagaba los viajes a los estadios, sumándose luego otras formas de financiación. Pero los barras alcanzaban estos beneficios de acuerdo con al jerarquía que ocupaban en la organización “místico-violenta”. Como el prestigio era proporcional a la capacidad de violencia, para obtenerlo era necesario extremar la violencia. Entonces aparecieron más y más muertos.
Incluso los barra hacían sesiones de “entrenamiento” que consistían en encontrarse en alguna esquina para intercambiar disparos de armas de fuego entre ellos, peleas que al principio paracian incomprensibles y que son ahora tan irracionales como antes. Entre 1958 y 1985 se produjeron en la Argentina 103 muertes relacionadas con violencia en el fútbol, a razón de una cada tres meses.
El 9 de agosto de 2007 fue asesinado Martín Gonzalo Acro, barra brava de River Plate, como parte de un enfrentamiento entre dos sectores de “Los borrachos del tablón”, pero también hubo muertos en las hinchadas de Boca Juniors, Newell’s Old Boys, Estudiantes de La Plata Rosario Central, o San Lorenzo.
La justicia no quiso o no pudo
En ocasiones el Poder Judicial suspendió el desarrollo de los torneos de la AFA. En 1998 el juez Víctor Perrota suspendió los torneos de fútbol profesional al determinar que los clubes no podían garantizar la seguridad ya que no tenían la capacidad de ejercer el derecho de admisión, determinando también que la policía no contaba con personal suficiente.
El juez había actuado en base a un recurso de amparo presentado por la Fundación Fair Play que denunciaba la falta de seguridad en los estadios, por lo que solicitó a los dirigentes de los clubes información sobre los barras bravas, pero como no obtuvo respuesta, porque los dirigentes harán todo menos molestar a un barra brava, el juez suspendió el torneo.
En 2009 varios clubes de Buenos Aires y el ministerio del Interior firmaron un convenio para delegar al Estado la aplicación del derecho de admisión que debía dejar afuera a los violentos, con el éxito que se vio en los recientes desmanes en el Monumental, donde 3000 policías no pudieron evitar los aprietes al arbitro, antes le abrieron camino a los violentos, ni el vandalismo y saqueo de comercios cercanos y la rotura de las instalaciones del club.
El gobierno nacional puso su grano de arena a favor de los violentos, presentados casi como patriotas. Se creó la organización no gubernamental “Hinchadas Unidas Argentinas”, un pasito más hacia la organización de la mafia. El proyecto fue ideado por el kirchnerista Marcelo Mallo, y comprendió más de lo mismo: le pagaron a 250 barras bravas el viaje a la Copa Mundial de Fútbol en Sudáfrica, a cambio de que no se produzcan hechos de violencia.
Las barras que integran la organización desplegaron en las tribunas banderas con alusiones al fallecido ex presidente Néstor Kirchner, de modo que el gobierno quedó como financista de los barras.
Los barras “oficialistas” viajaron a Sudáfrica, pero lejos de renunciar a sus métodos protagonizaron incidentes. Pero la policía sudafricana no es la argentina: los violentos “K” argentinos fueron individualizados y rápidamente los metieron en un avión de regreso a la patria. Desde aquí hicieron esfuerzos para volver, pero chocaron contra una pared sudafricana y no se sintieron contenidos como era su costumbre por el colchón argentino.
Cómo se explica a los barras
Los barras brava han producido varias fragmentaciones hasta hace poco inexistentes: entre países, entre ciudades, entre barrios de la misma ciudad y dentro de si mismas, lo que las ha llevado a sangrientas disputas internas.
En cada caso los barras se ven a si mismos como custodios sagrados del club, que con su presencia en los estadios provocan mágicamente un resultado favorable. Pero finalmente, necesitan acceder al poder económico, a la financiación de sus actividades primero y al lucro mezquino luego. Las peleas entonces se dirimen para acaparar parte de ese poder.
Algunas doctrinas sociológicas indican que mediante la violencia, los “trapos”, los tambores y la presencia en los medios por su conducta delictiva, los barras se hacen ver en tanto son individuos excluidos o marginales cuya existencia sería desconocida de otro modo.
Pero también se trata de lograr jerarquía en el ranking imaginario del “aguante”, que ubica a los mejores defensores de los símbolos del club, de modo que el “aguante” es una cuestión de índole moral, por el estilo de quien más se sacrifica por la patria, la iglesia, la bandera o la familia.
Barras y dirigentes, un solo corazón
Los barras se han vuelto necesarios a los dirigentes, de los que obtienen financiación, como también de políticos y de jugadores, de la reventa de entrada y del negocio de las drogas, delitos para los que cuentan con la complicidad de la policía.
Hay politicos que usan a los barras como grupos de choque para sus campañas electorales, como fue el caso del ex relator y ex intendente de Morón, Juan Carlos Rousselot. Un ejemplo de esto es la utilización de la barra del Club Deportivo Morón por parte de Rousselot.
En enero de 1993 el presidente Carlos Menem le conmutó la pena a Emilio Narváez Chávez, barra brava de San Lorenzo condenado por asesinar a Saturnino Cabrera, socio de Boca Juniors. Es que Menem no podia ver encerrado ni a un pajarito, siempre que fueran de la índole de Videla o este Chavez.
Cuando Luis Barrionuevo era dirigente de Chacarita, la barra brava del club integró el brazo civil del tercer alzamiento carapintada del coronel Mohamed Alí Seineldín contra Alfonsín.
En marzo de 2003, cuando fue impugnada la candidatura de Barrionuevo a gobernador de Catamarca, el día de la elección hubo incidentes que obligaron a la suspender los comicios. Entre los detenidos había miembros de la barra brava de Chacarita, que mostraban la continuidad de intereses entre ellos, los políticos y los gremialistas.
La barra brava de Independiente, los “Diablos Rojos”, tienen relación estrecha con el mandamás sindical, Hugo Moyano, que ahora tiene aspiraciones políticas para las que pedirá la ayuda del Diablo. El “Polaco” un jefe de Los Diablos, es guardaespaldas de Moyano. Otro barra, Emilio Quiroz, disparó balazos en la quinta de San Vicente cuando trasladaron allí los restos de Perón, porque hubo una diferencia entre los camioneros de Moyano y la Uocra.
El domingo pasado los Borrachos del Tablón tuvieron participación decisiva en los disturbios que podrian complicar enormemente la campaña de River en la B. Los barras comenzaron a bajar al sector que está casi al nivel del campo de juego, colgándose de las banderas, con la intención de invadir el césped.
Los bomberos los rociaron con las mangueras de alta presión, pero con cuidado de no mojar a los barras sino a los hinchas que digerían el trago amargo en paz. El partido se estaba jugando todavía pero el árbitro lo suspendió a los 44 minutos del segundo tiempo.
El plantel de River fue rodeado por efectivos de seguridad privada y los de Belgrano se tuvieron que ir esquivando piedras, librados a su suerte, con riesgo de muerte y sin ninguna protección a pesar del enorme despliegue policial previsto para el partido, que debió jugarse sin público.
Hubo incendios de vehículos mientras sonaban detonaciones y se hacían claramente audibles en las avenidas Udaondo y Del Libertador.
Cuando se desconcentraba el público de la tribuna popular local, una densa columna de humo asomó por detrás del sector del tablero, debido al incendio de un patrullero.
Se registraron enfrentamientos entre los mismos hinchas del conjunto “millonario” en las plateas, mientras que otros agredieron a policías.
Tampoco se salvaron los periodistas y un móvil televisivo, que fue destrozado, mientras que también fueron quemados contenedores de residuos.
Dentro y fuera del estadio, cientos de hinchas del River destrozaron todo lo que encontraron a su alcance. Las autoridades sanitarias de Buenos Aires informaron de que 72 personas habían resultado heridas. Unos 15 de los heridos eran policías, cuatro de ellos de gravedad.
Los Borrachos del Tablón destrozaron los asientos del estadio, puertas y vidrios de la sede social del club, quemaron coches en el estacionamiento y camiones de la televisión que estaban apostados en las calles, rompieron escaparates de farmacias, verdulerías, casas de computación y otros comercios de los alrededores del estadio y los saquearon, quemaron cestos de residuos, rompieron las puertas de viviendas, agredieron a periodistas, policías y dirigentes de su club. La barra brava intentó sin éxito llegar al vestuario de los dueños de casa para agredir a sus jugadores.
La invasión del campo de juego en Córdoba, en ocasión del primer partido, fue considerada por medios de prensa deportivos como una acción premeditada intimidar a los jugadores de River, con el objetivo de “despertarlos del letargo futbolístico” que obtuvo el efecto contrario y llevó al descenso al club.
El diario Olé narra: “entren porque nos comemos cuatro”, ordenaron desde la primera línea de la barra de River, según reveló Roberto Ponce, alias “El Loco Tito”, capo de la hinchada de Belgrano que luego del partido compartió un asado con “Los Borrachos del Tablón”; el barra cordobés le aseguró a Radio Universidad de Córdoba que se lo contaron sus “colegas millonarios”.
La orden fue para Chiwi y Tato, dos integrantes de la facción Budge de los Borrachos, que no dudaron un instante e irrumpieron en medio del partido. A ellos se sumaron tres hombres más que fueron enviados por “El Gordo Ale”, jefe de una tercera línea del grupo violento.
La maniobra habría sido controlada por Alejandro Flores, históricamente conocido como “El Zapatero”, que hoy tendría vinculaciones con el peronismo de la Capital. Y también fue impulsada por Gustavo Larraín (El Uruguayo) y Martín Araujo, el otro líder.
Los violentos fueron filmados, pero nadie los detuvo. Según la misma investigación, los barras sabían de su inmunidad, tras sus arreglos con la comisión directiva y con factores de poder de nuestro país.
Según investigaciones de medios porteños, los “Borrachos del Tablón” habrían mantenido una reunión con Facundo Moyano en los quinchos del club, el 26 de abril, para sumarse a las manifestaciones. De hecho, en la tribuna, mezclados con los barras, había un grupo del Sindicato de Camioneros y uno quedó registrado en un video, cuando daba instrucciones a los que volvían de agredir a los jugadores de River dentro del campo.
De la denominada “política grande”, el amparo estaba garantizado por los contactos de Eduardo Ferreyra, Alias “Joe”, quien hizo buenas migas con Guillermo Moreno en su militancia en la Unidad Básica de Las Cañitas.
Un ejemplo de la buena relación entre este grupo y la política fue la enorme bandera de River y Argentina que apareció hace unas semanas en la cancha de Quilmes, que tenía los rostros de Evita, Perón y Cristina Kirchner.
¿La mejor hinchada del mejor club?
La página web oficial de los Borrachos del Tablón se presenta: “somos la mejor hinchada del mundo, la barra brava del Club Atlético River Plate, el club más grande de la Argentina”.
Efectivamente, eso era River cuando suscitó su atención y se lanzaron sobre él para depredarlo, parasitarlo y destruirlo. No son la mejor hinchada ni lo fueron nunca; en buena parte gracias a ellos, River no es ya el mejor club de la Argentina sino un club fundido que debe afrontar el campeonato de la B fuera de su estadio con quita de puntos.
Ellos saben lo que encontraron y lo dicen, cuando llegue el momento de abandonar el club como los parásitos abandonan un cadáver, seguramente no rendirán cuenta de lo que dejan.
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