Gerónimo/ La vieja América no olvida
El 3 de setiembre de 1886 el legendario indio norteamericano Gerónimo, de la tribu de los Apaches, se rindió al ejército norteamericano tras años de heroica resistencia en defensa de la libertad y la autonomía de su pueblo ante un rival técnicamente muy superior.
Gerónimo fue considerado una pesadilla por los colonos blancos que querían apoderarse del territorio ancestral de los Apaches en Arizona y Nuevo México a fines del siglo XIX
Por eso algunos lo consideraban un indio cruel y salvaje, pero otros un visionario que reivindicó el derecho de los Apaches a vivir en la tierra de sus antepasados.
Frente a otros grandes y belicosos jefes apaches (Cochise, Victorio, Mangas Coloradas), la figura de Gerónimo ha sido siempre la más famosa. En realidad sólo fue un hombre que, con un pequeño grupo de guerreros chiricahuas, mantuvo en jaque durante años a miles de soldados.
Sabemos mucho sobre él, porque su nombre ha sido muy utilizado. Cuando se convirtió en un prisionero de guerra, los últimos años de su vida, era tan famoso que vendía a cinco dólares los botones de su chaqueta. Para los indios, es un símbolo de la resistencia contra el cambio en los modos de vida tradicionales y contra los modos de ver, actuar y vivir del hombre moderno.
Gerónimo estaba preso pero se fugó de la reserva del arroyo del Pavo, en 1885, hasta que debió rendirse el 3 de septiembre de 1886.
La documentación sobre el caudillo chiricahua es muy abundante: cientos de novelas (la mejor de todas ellas está escrita por Edgar Rice Burroughs, el creador de Tarzán), los periódicos de la época hablaron mucho (y mal) de sus andanzas, el propio Gerónimo dictó su autobiografía al final de sus días y existen bastantes testimonios de los militares que participaron en las guerras apaches, además de dos películas anteriores sobre su figura (dirigidas en 1939 por Paul Sloane y en 1962 por Arnold Laven).
Edward S. Curtis, el mejor historiador de los indios norteamericanos (publicado también por J. J. Olañeta), describió así a los apaches: “Eran nómadas auténticos, con un anhelo de guerra innato y un valor y resistencia no superados por ningún pueblo. No hay ninguno tan apto para llevar a cabo una guerra predatoria continua. Toda forma de vida le paga tributo”.
Los apaches de Gerónimo, en la leyenda son duros, nacidos para sobrevivir en la frontera en una guerra constante que, al final, perdieron.
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