De Paoli / “El centralismo niega las acciones independentistas de Artigas y Urquiza”
En su condición de entrerriana, docente y ciudadana de una Argentina Federal, como le gusta llamarse, la historiadora Griselda De Paoli aseguró a AIM que a través de algunos discursos “se pretende forzar al país a un centralismo vencido en Caseros, un centralismo que sigue negando las acciones independentistas de José Artigas y a Justo de Urquiza, su rol de organizador del Estado argentino”.
En diálogo con esta Agencia, De Paoli se refirió al articulo “Caseros y la trilogía de la entrega”, publicado en el matutino El Diario, el 4 de febrero pasado y se preguntó “si esta diatriba merecía mi atención”.
En concreto, la historiadora hizo alusión a lo editado en la revista número 3, Hablemos de historia, que en su página155 publicó un artículo del filósofo Gustavo Lambruschini, quien señaló: “… quien habla hoy de historia, debe entender que está hablando en el contexto en que se desenvuelve una lucha por la naturaleza de la memoria histórica; es decir, la naturaleza del recuerdo para construir nuestra hoy tan deteriorada conciencia histórica, o todavía mejor aún, nuestra autoconciencia histórica”.
A propósito del párrafo en cuestión, De Paoli advirtió que “a través de discursos como aquél pretende ser forzada a un centralismo vencido en Caseros; un centralismo que sigue negando las acciones independentistas de Artigas y a Urquiza, su rol de organizador del Estado Argentino”.
Más adelante indicó que puntualmente, el artículo se inicia equiparando el acontecimiento de Caseros con el golpe del 55 y el de marzo del 76, catalogándolo como “una de las fechas más negra de la historia argentina, nefasta”.
Para De Paoli, “es este un agravio incomprensible, contrapuesto al homenaje que 10 páginas antes realizaban el vicegobernador de la provincia (José Cáceres), la intendenta de Paraná (Blanca Osuna), el secretario de Cultura de la provincia (Roberto Romani) y el secretario de Cultura municipal (Alfredo Ibarrola)”.
También recordó a la profesora Amelia Galetti (Entre Ríos, clave…), cuando explicó que “… las aspiraciones hegemónicas de la ciudad-puerto provocan la secesión de un país, con historias paralelas hasta 1860, en que arduamente comienza la plasmación de la unificación política del Estado argentino. Este es el tiempo eclosionante de los acontecimientos políticos, de una urdimbre compleja en la que el devenir de Entre Ríos se entreteje apretadamente con la historia nacional”.
De Paoli agregó que “urdimbre en que la figura de Urquiza, el organizador, resulta ineludible reconocer. Ni héroe ni villano, ni mascarón de proa; términos que resultan claros para quien conozca mínimamente la historia de la provincia de Entre Ríos y su rol como organizador de la Confederación Argentina.”
También señaló que es imposible omitir la voz de Beatriz Bosch: “el 3 de febrero de 1852 se libra la batalla decisiva. En los campos de Monte Caseros… en las cercanías de Buenos Aires, los 46.000 hombres de Rosas sufren completa derrota. Antes de concluir la jornada, el dictador se retira, redacta apresuradamente su renuncia y busca refugio en casa del plenipotenciario británico. Tres días más tarde, protegido siempre por la bandera inglesa, se embarca hacia el puerto de Southampton, donde pasará el resto de su vida”. ( Urquiza el Organizador. Página 50)
La docente marcó que Bosch “con el análisis documental exhaustivo, sostiene que ‘la cuestión del libre tránsito fluvial vuelve al tapete con el arribo de los ministros Hothman y Saint Georges, recibidos en audiencia oficial el 11 de agosto (1850), Urquiza procura auscultar el juicio de los gobiernos brasileño y paraguayo en orden al pasaje de los buques de guerra. Antes de obtener acuerdo alguno, el 28 de agosto produce el reglamento general de aduanas. Revolucionario decreto que concluye el monopolio fiscal del puerto de Buenos Aires”.
El mismo dispone aduanas exteriores y aduanas terrestres, mientras que los buques mercantes extranjeros pueden entrar por los ríos Paraná y Uruguay y depositar sus cargas en los puertos mencionados. Elimina los derechos diferenciales, que desde 1836 gravaban, en Buenos Aires, los efectos de ultramar trasbordados de cabos adentro que perjudicaban la llegada de productos al interior.
Es un cambio trascendental en la economía argentina ya que a la aduana única (la de Buenos Aires) contrarrestan ahora once registros esparcidos en los cuatro puntos del territorio nacional: “…a partir del 31 de mayo, principia un renacimiento comercial. El interior deja de ser tributario obligado de la oligarquía mercantil porteña”. (B.B. Urquiza y su tiempo.)
El sentido unificador
La historiadora paranaense, convencional constituyente mandato cumplido (MC), aseguró que “no podemos desconocer que en el origen de las guerras civiles, existía una contradicción económica profunda, más fuerte que el conflicto entre federalismo y unitarismo. Fue después de Caseros, que los diferentes intereses tuvieron la oportunidad de articularse y compatibilizarse, dando un sentido unificador a la Nación”.
Más adelante destacó que el artículo referencia que la situación económica y de la industria argentina se ven fuertemente perjudicadas. “Oszlak, en La formación del Estado Argentino, analiza la situación previa y posterior a Caseros y señala que la economía exportadora en expansión ya en la primera mitad del siglo XIX, comenzó a acelerar su ritmo, precisamente a partir de la caída de Rosas. ‘La articulación de intereses económicos y el desarrollo de las fuerzas productivas se erigieron en los componentes materiales de la nacionalidad en construcción’. Y aproximándonos a distintas lecturas, Horacio Giberti refiere el auge de la actividad saladeril y la importancia del tasajo como producto exportable. Se agrega la demanda de lanas que se duplicó entre 1850 y 1860”.
De Paoli acotó que “el autor de la nota de referencia asevera que con la derrota de Juan Manuel de Rosas, se instaló en la Argentina un régimen seudo-democrático. Llamar seudo democrático, al régimen que se instala a partir de la Constitución, como resultado de un Congreso constituyente en que la ausente solo fue Buenos Aires, realmente me confunde. Entonces apelé a las palabras del propio Urquiza quien al establecer la Constitución Nacional en todo el territorio de la Confederación Argentina, dice ‘fuera de un régimen constitucional, todas las mayorías son opresivas y tiránicas, todas las minorías son facciosas y anárquicas…. La paz, la tolerancia a todos los partidos, y la religiosa observancia de los deberes públicos son los principios que pueden dar solidez a las instituciones que el Congreso ha sancionado y entregado al cuidado de los buenos argentinos’”.
La Constitución de 1853 representó la plasmación normativa de esta concepción, dijo De Paoli y recordó que Oszlak manifestó que “pensar la Argentina después de Caseros implicaba una toma de conciencia, una crítica evaluación del pasado, una repentina actualización de concepciones que venían madurando desde hacía décadas, un inevitable cotejo con la experiencia de países que habían dispuesto de oportunidades similares a las que se abrían luego del triunfo sobre Rosas”.
Respecto del párrafo que menciona que “cuando Urquiza entró a Buenos Aires asesinó a doscientos federales y procedió a colgar sus cuerpos en el bosque de Palermo”, De Paoli citó a Bosch, quien dijo en la página 51 de su libro Urquiza el organizador: “Abandonado por su gobernante, el pueblo de Buenos Aires padece el saqueo de la soldadesca ‘rosista’ en la mañana del 4 de febrero, mientras algunos se encaminan a capitular con Urquiza. Reprime los desmanes con vigor y ordena ejecutar a aquellos que faltaron a la palabra empeñada para luego del triunfo dejar atrás las ofensas del pasado reciente y de mirar sereno el porvenir. Dos de los primeros nombramientos recaen en colaboradores de Rosas: el doctor Vicente López, gobernador interino de Buenos Aires y el de Bernardo de Irigoyen, enviado cerca de los gobernadores de las provincias del interior…”.
La profesora afirmó a AIM que “más allá de las cuestiones puntuales que refiere el artículo me llevó a reflexionar sobre el rol del historiador, respecto de lo cual coincido totalmente con Galetti, en ‘la necesidad de revalorizar la función del historiador, como responsable de organizar intelectualmente la memoria, de hacer inteligible los mensajes del pasado y de interpretar, explicar y comunicar la imbricada complejidad de la experiencia vivida. Le compete como derecho y como deber, hacer buen uso de la memoria, entendiendo el ‘buen uso’ como una expresión alejada, por cierto, tanto de lo manipulable y adoctrinador, como de lo falazmente objetivo y aséptico”.
Para De Paoli, “es indudable que el pasado convoca desde coincidencias o desde marcadas disidencias, con frecuencia devenidas de intereses político-ideológicos, desde fuerzas de presión y de poder manipuladoras del discurso ‘marketinero’, que a través de los medios se impone y desde los espacios, a veces, supuestamente académicos que con frecuencia son cajas de resonancia de la memoria selectiva, desnaturalizando así, su rol de ámbitos de debate crítico y esclarecedor”.
La docente aseguró que parcelar la historia, “es un mal uso de ella, tanto como intentar reducir el pasado a términos de opuestos dialécticos, de blanco y negro, de antinomias irreductibles aplanando la complejidad de los contextos y la profundidad del horizonte, de una realidad ciertamente imbricada y que resiste los excluyentes planteos en términos antinómicos y dialécticos”.
Por eso estimó que “vale la pena reflexionar para comprender que la Historia no debe servir para rotular el bien y el mal, para instalar héroes y villanos a la sociedad en general. Tiene que ser la ciencia que sirva para vislumbrar los diferentes tonos de grises, desentrañando lo humano y la condición de vulnerabilidad en que está inmerso”.
El dato
Griselda De Paoli es profesora de Historia. Co directora de la Revista Hablemos de Historia. Cuestiones teóricas y metodológicas de la historia. FHA y Ciencias Sociales de la Universidad Autónoma de Entre Ríos (Uader).
URL: http://www.aimdigital.com.ar/aim/?p=75619







