Los Indignados y la no violencia
El movimiento de los “Indignados” se formó al calor de la crisis financiera mundial que dejó el tendal en el primer mundo, aunque se trata de vincularlo con movimientos anteriores mucho más profundos, sobre todo en los pueblos originarios de América.
Mantiene importancia en los Estados Unidos y en Europa, donde tomó el nombre con que lo conocemos ahora de un escrito titulado “Indignaos”, obra de un nonagenario francés que al final de su vida recordó sus luchas, elogió a De Gaulle e invitó a los jóvenes a seguir peleando contra lo que consideraba el mismo enemigo bajo otras formas.
Se trata, como el mismo inspirador lo deja claro, de una lucha no violenta, quizá para no tentar a los propensos a ver “terroristas” en todas partes y combatirlos con el terror o quizá para no repetir errores del Mayo francés.
Edur Velasco, profesor de la Universidad de Madrid, destaca la condición pacífica, no violenta, del movimiento y considera que los “indignados” han permitido entender que hay cuatro problemas fundamentales para la generación joven: el desempleo como un futuro casi inexorable, a pesar de terminar su formación profesional; trabajo muy precarizado; dificultad para acceder a los servicios sociales básicos y la imposibilidad para continuar y desplegar sus habilidades y conocimientos en un entorno profesional más alto.
Los planteos de índole anarquizante pero sin discursos violentos no se apartan de la democracia, pero sí del liberalismo porque entienden que los gobiernos deben corresponder a las decisiones del pueblo, o no serán democráticos.
Se trata de explicaciones y generalizaciones empíricas basadas en gran cantidad de experiencias relacionadas con el hacer de los pueblos, que en otros ámbitos se llama “folclore” y que ahora estrena traje político. En buena parte, en lugar del “yo” liberal, se pone el menos en teoría el “nosotros” de los indígenas americanos mayas tojolabales, unas 35.000 personas habitantes de Chiapas, México, a quienes el filósofo alemán Carlos Lenkensdorf presentó como ejemplos de la filosofía de la solidaridad humana.
Los recuerdos de los indígenas americanos no son solo de los tojolabales. Profesores universitarios ingleses que trataban de describir lo que pasaba en Londres con ocupas e indignados daban cuenta de una movilización gigantesca. “Nunca se había dado una de esta magnitud (en Inglaterra moderna), y toda la movilización empezó en las junglas de Chiapas con principios de inclusión y de diálogo”.
Se reconoce en las selvas americanas el origen de un movimiento por los derechos de los pueblos indios perfectamente aplicables a la emancipación de los seres humanos.
Quizá porque hemos llegado a un punto en que la generalización de los problemas requiera una correspondiente generalización de las soluciones, que se en la creación de otro mundo y no ya en el retoque del que parece colapsado. Para las culturas andinas es el bien vivir de todos, que no depende del mal vivir de otros.

Se reconoce en las selvas americanas el origen de un movimiento por los derechos de los pueblos indios.
Al aporte indígena americano se agregan experiencias de pueblos de todo el mundo, sometidos a una presión cada vez más uniforme y más desconocedora de las diferencias, de modo que la lucha por la libertad de uno se expresa de modo que entienden todos porque todos reconocen enseguida al adversario.
En Grecia los jóvenes luchan contra las imposiciones usurarias de la deuda externa que ellos no contrajeron. La primavera árabe enfrenta a los indignados con militares criminales. En España se presentan reclamos que los bancos no satisfarán nunca.
En Wall Street los indignados se manifiestan en el centro mismo del poder parasitario mundial, mientras como desafío los especuladores toman champagne en los balcones mirando como su policía los apalea.
Hay quienes entienden que se busca una democracia real contrapuesta a la formal de los políticos, que buscan el voto para traicionarlo de inmediato. Es una democracia que no se delega, donde el pueblo delibera y gobierna sin representantes, para dar vuelta un artículo de la constitución argentina.
Las ideas de los indignados son las de varios movimientos previos, en particular, la primera es perder el miedo para poder pensar y actuar.
Además, la enumeración de principios es no pensar sólo en “qué hacer” sino en “cómo lo hacemos” y con quiénes lo hacemos (así, en plural). Aclarar diferencias con otro estilo de discusión y acuerdo. Rechar la beneficencia y el paternalismo como “caras buenas” de la cultura autoritaria; tener en vista una sociedad alternativa e incluyente; favorecer el predominio de organizaciones horizontales sobre el mercado y el Estado; promover sistemas solidarios; actualizarse en conocimientos y no inclinarse por una revolución violenta sino por la ocupación pacífica y multitudinaria de la sociedad y de la tierra.
Ahimsa y pacifismo
Este punto constituye la vinculación de los “indignados” con la doctrina de la no violencia, “ahimsa” en sánscrito, que algunos intérpretes confunden con el pacifismo, aunque es en realidad algo muy diferente.
Un hombre puede ser pacífico, pero ser “pacifista” es otra cosa. Pacífico es el que tiene un equilibrio esencial -cada vez más raro- que le permite expresar serenamente su naturaleza auténtica (su “dharma” dirían los hindúes) y mantenerla consciente e invariable a pesar de todas las contrariedades.
Pacifista es el que padece un conflicto interior que lo lleva al desasosiego y por consecuencia a buscar la paz que le falta y si es preciso a imponerla por la violencia a los demás.
De acá resultan contradicciones tales como la “pax” imperial (Pax romana, pax britannica)o la “pacificación” de países por la fuerza. Es pacifista puede ser el peor de los violentos porque se cree en posesión de una verdad consagrada moralmente y que con ella puede y debe plegar a los demás a su voluntad para lo que está siempre dispuesto a pasar a la acción. Finalmente gritará “haya paz” con un garrote en la mano.
Para los indignados su “no violencia” es enfrentar sin armas bélicas una guerra diseñada por el Pentágono, que caracterizan como “violenta y armada, contra la educación, contra la cultura, guerra económica con la deuda externa y derivados, la guerra social que deshace el tejido comunitario, familiar, de clase; guerra ideológica y pseudo-científica neoliberal, cínica, re-colonizadora y neofascista: guerra que destruye la biosfera y siembra el terror acompañadas de la guerra inmoral para cooptar, corromper y someter a una humanidad que se rinda y se venda”.
Cómo son las cosas para un ideólogo sistemático
El autor del concepto de “modernidad líquida”, el sociólogo polaco Zigmunt Bauman, piensa la realidad “positivamente” tomando en cuenta ante todo el punto de vista del dominio del capital parasitario a nivel mundial y solamente “primer mundista”. Atribuye a los indignados una tarea casi contraria a la que se proponen: promover la globalización, que en su criterio ha quedado relegada a nivel político.
Según Bauman la economía se ha globalizado (el capital financiero ha arrasado las fronteras estatales) pero los estados siguen siendo políticos y nacionales.
Esta discordancia, o falta de desarrollo en un ala importante de la realidad, ha producido una descomposición que arrasa las referencias locales que tiene la gente todavía y hace aparecer a los políticos como marionetas incompetentes o corruptas ya que efectivamente, tienen detrás un poder que no les conviene confesar.
Bauman considera a los indignados un movimiento emocional, sin metas racionales claras, por lo tanto apto para destruir pero no para construir debido a la turbiedad y bandazos propios de las emociones. Los define así: “Gentes de cualquier clase y condición se reúnen y gritan las mismas consignas. Todos están de acuerdo en lo que rechazan, pero se recibirían 100 respuestas diferentes si se les interroga por lo que desean”.
El movimiento no aceptaría líderes, dice, porque su potencia y su gozo es la horizontalidad, sentirse juntos e iguales, un sentimiento que les resulta necesario y que les niega el superindividualismo actual.
Dentro del punto de vista de Baumann, toda la modernidad, y no solo los indignados, es “líquida, fluida”. “Nada se halla lo suficientemente determinado. Ni las ideas, ni los amores, ni los empleos, ni el 15-M”. Por eso espera que tal arrebato acabe también, finalmente, “en nada”. “No es seguro, pero siendo líquido, ¿cómo no pensar en la evaporación?” Al menos hay una idea en Bauman, respecto del porvenir de los indignados, que parece menos “líquida” que las otras y parece más sólida cuanto más vaporosa.
Una visión europea
“En historias del presente” una nota aparecida en la prensa de las Islas Canarias, se hace una interpretación más conciliadora y entusiasta del movimiento “Democracia Real Ya-15M-Indignados”. A diferencia de Bauman se lo considera como serio aspirante al éxito y no a la evaporación. Pero no al éxito electoral inmediato como resulta a veces de las alianzas políticas o de los “discursos” mejor o peor “construidos” que siempre terminan de espaldas al electorado.
El autor les augura la victoria a largo plazo y no plena, es decir sin alcanzar todos sus objetivos, que Bauman les niega haber explicitado siquiera.
Los indignados son realistas en la medida en que atacan problemas concretos. Mientras el Mayo francés, siguiendo a Bakunin, proponía “pedir lo imposible” los indignados se restringen a lo posible. Por otra parte, los gobiernos hacen lo que pueden por darles más y mejores argumentos, quizá en la medida en que son la cara visible de un poder “globalizado” invisible por ahora. Su programa se reduciría a democracia real y no violencia, en lo que los apologistas quieren ver “una nueva ética”.
Los “emocionales” indignados, en esta perspectiva son difíciles de entender para Bauman porque él tiene para entenderlos “la mentalidad del mundo que está muriendo” y no concibe que bienes como la igualdad ante la ley, la libertad de pensamiento y de expresión, el derecho de participación, reunión y asociación bajen del Olimpo constitucional, de la letra muerta, a la vida cotidiana.
¿Acaso no somos todos iguales? pregunta el autor canario presentando una cuestión más sutil de lo que parece y que se debe profundizar cuando el clima se serene y se haga más propicio al pensamiento sin urgencias.
Si los indignados no tienen “representantes oficiales” no es por mera desorganización sino parte de su estrategia participativa.
Frente al pueblo soberano, según la retórica iluminista de raíz teológica, se alza un mundo jerarquizado que detenta el poder real: G-8, G-20, Foro de Davos, Club Bilderberg, FMI sin sustento democrático: la elite del imperio.
El cambio de estrategia para enfrentar el poder consiste en el advertimiento de la inutilidad de la violencia. Como la violencia es carne en el poder la policía busca meter infiltrados en el movimiento para crear una violencia que enfrentar, pero no lo consigue.
“Frente a la inmensa brutalidad capitalista, que no tiene parangón en la historia de la humanidad, el pacifismo (palabra que se considera sinónima de “no violencia”) es un lenguaje alternativo cuya eficacia probó Mahatma Gandhi”.
El periodista vuelve al recuerdo de América cuando trata de rastrear orígenes. Cita la rebelión zapatista de 1994, la victoria de Lula en Brasil en el año 2002, las luchas populares de Bolivia por el control de sus recursos naturales y la revolución bolivariana de Venezuela. Y continúa en el mundo árabe, donde en realidad con mucha violencia hubo guerra civil, derrocamiento de tiranos, y represión del movimiento popular.
La internacionalización del movimiento es una necesidad derivada de la globalización del capital financiero. Las exigencias de los bancos que no pueden renunciar a sus ganancias están generando un maremoto que amenaza al capitalismo de la historia con medios pacíficos y democráticos, al menos según el punto de vista simpático a los indignados.
Vuelve la cita al anciano francés que está en el comienzo de esta nota, Stéphane Hessel, y su recuperación de la Declaración Universal de los Derechos Humanos de 1948
La ahimsa, no violencia del hinduismo
A pesar de los puntos de vistas de los indignados, la no violencia oriental puede convertirse a nivel de las aplicaciones en un método de lucha para gente muy dura, para nada emocional y con fines intelectuales perfectamente claros, anclados en un punto de vista superior a cualquier movimiento social o político.
Tan duro y exigente, física y mentalmente, como los occidentales no solo no pueden serlo por lo general, sino que incluso no entiendan que alguien pueda serlo.
Probó su eficacia en la guerra de liberación de la India contra los ingleses. En sánscrito se llama “ahimsa” que podría traducirse mejor que “no violencia” como “sin acción” o “sin respuesta” y se funda en una ley del karma que sostiene que a toda acción sigue una reacción, que todo acto, conciente o no, tiene consecuencias que tarde o temprano recaen sobre el actor. Y que solo las acciones perfectamente libres, sin intención ni apego alguno, no son seguidas de reacciones.
Es una aplicación práctica de una doctrina de mucho mayor alcance, que suele traducirse como “acción en la inacción” a falta de un concepto que lo exprese bien en nuestro idioma.
No se debe confundir con una cuestión ética, por eso no se trata de indignación ni siquiera de planificación racional. El símbolo propuesto es el sol, que sin moverse de su posición central en el medio del sistema solar, por su mera presencia mueve los planetas sin hacer nada él mismo. O el centro de una rueda, a la que concurren todos los rayos y que el único punto del conjunto que no se mueve.
Gandhi, al recomendar la “ahimsa” en una entrevista para la prensa suiza antes del inicio de la segunda guerra mundial, consultado sobre un país pacífico debía o no permitir el paso por su territorio de un ejército que se dirigía a invadir a un vecino (La Alemania nazi a Checoslovaquia), dijo: “a riesgo de ser considerado un visionario o un loco, debo responder a esta pregunta de la única manera que se: Si yo hubiera sido un ciudadano suizo o un presidente del Estado Federal, no hubiera permitido el paso de un ejército invasor negándole todos los suministros. En segundo lugar, en una versión suiza de las Termópilas, hubieran podido ustedes ofrecer una muralla viviente de hombres, mujeres y niños e invitar a los invasores a marchar sobre cadáveres. Se podrá decir que tal cosa excede la experiencia y la capacidad de aguante humanas. Sostengo que no es asi, que es perfectamente posible ( y da ejemplos hindúes) Agrega que si el ejército fuera lo suficientemente brutal para marchar sobre la muralla humana, entonces los que le negaron el avance se habrían limitado a cumplir su deber (su “dharma” o ley propia que brota de la naturaleza de cada uno, no es un concepto legal ni moral).
“Puede usted negarse a admitir tal valor en masas de hombres y mujeres, pero entonces debería admitir que la no violencia está hecha de un paño más duro. Nunca fue concebida como un arma de los débiles, sino de los corazones más recios”. No se trata de un método pacífico, sino de un método eficaz porque ancla en la naturaleza de las cosas, no como se ve en apariencia, sino como es en esencia.
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