Nicolás Maquiavelo
El 21 o 22 de junio de 1527, no hay precisión en los historiadores, exiliado de Florencia, su ciudad, murió el mayor de los filósofos políticos de Europa, Nicolás Maquiavelo, quien durante toda su vida trató de lograr la unidad de Italia, dividida entonces en pequeños reinos y principados.

Nicolás Maquiavelo, una de las inteligencias más finas y agudas, pero peor comprendidas, de toda la historia.
Maquivelo (Nicoló Macchiavelli) nació en Florencia en una familia noble, pero de escasa fortuna. Recibió una educación humanística basada en el estudio de los clásicos latinos e italianos. Fue secretario de la Segunda Cancillería y en el consejo de los Diez de Balía. Fue encargado de misiones diplomáticas en Piombino, Forlí e Imola. y de la dirección de la guerra contra Pisa.
Se casó en 1501 con Marietta Corsini con la que tuvo cuatro hijos varones y dos mujeres. Fue embajador del francés Luis XII, del emperador Maximiliano y de César Borgia, de quien se erigió en el amigo de confianza y a quien tomó como modelo en “El Príncipe”.
Tras la caída de Piero Soderini, Maquiavelo cayó en desgracia. Fue encarcelado y torturado por sospechoso de la conjura de Bóscoli contra los Médicis. Tras ser liberado se retiró con su mujer y cuatro hijos a Albergaccio, cerca de San Casciano y Florencia. Murió el 22 de junio de 1527, año del saqueo de Roma por las tropas de Carlos V.
Maquiavelo es un pensador sin un sistema filosófico, un humanista con nostalgia de la grandeza de la antigua Roma; patriota sin principios éticos y oportunista. No se distinguió ni por su amor ni por su respeto a sus semejantes. Procurar el bien moral o material del pueblo quedaba relegado frente al objetivo de afianzar el poder del déspota pero siempre con miras a lograr la perdida unidad de Italia.
El progreso en la historia depende de la acción del hombre y no de la intervención divina. Para pensadores como Pico della Mirándola y Campanella el hombre es capaz de construir racionalmente una sociedad de seres libres: el orden político ha de ser el reflejo de estos valores. Maquiavelo rechazó cuanto fuera idealismo y teoría y aplicó el sentido práctico. La política nada tenía que ver con la moral, la ética ni la religión.
El Estado
Maquiavelo tiene una concepción totalmente diferente de la sociedad humana: para él el hombre es por naturaleza perverso y egoísta, sólo preocupado por su seguridad y por aumentar su poder sobre los demás; sólo un estado fuerte, gobernado por un príncipe astuto y sin escrúpulos morales, puede garantizar un orden social justo que frene la violencia humana. Fue el primero en usar la palabra estado en su sentido moderno.
Algunos le atribuyen la invención de la dictadura moderna y su consiguiente Realpolitik, como expresión específicamente distinta de las antiguas formas de totalitarismo. Sus ideas políticas estaban impregnadas de sentido práctico y una visión realista de gobierno.
El Príncipe
El príncipe o el gobernante tiene como misión la felicidad de sus súbditos y ésta sólo se puede conseguir con un Estado fuerte. Debe recurrir a la astucia, al engaño y, si es necesario, a la crueldad. La virtud fundamental es la prudencia, para la conveniencia del Estado.
Si el interés de la patria exige traición o perjurio, se comete. “La grandeza de los crímenes borrará la vergüenza de haberlos cometido”.
Los medios no importan: no es necesaria la moral, sino un realismo práctico, no lo que debe ser, sino lo que es en realidad.
Política y moral son dos ámbitos distintos e incluso contradictorios. Maquiavelo quiere presentar en su obra el arquetipo de cualquier político.
Su personalidad debe poseer condiciones especiales para llegar al poder y mantenerse en él: capacidad de manipular situaciones, ayudándose de cuantos medios precise mientras consiga sus fines: lo que vale es el resultado. “El que consigue el poder es el Príncipe, el que consigue el orden y la paz son los súbditos”.
El gobernante debe poseer seria destreza, intuición y tesón, así como habilidad para sortear obstáculos, y “moverse según soplan los vientos”.
Diestro en el engaño: no debe tener virtudes, solo aparentarlas.
Amoral, indiferencia entre el bien y el mal, debe estar por encima.
Para Maquiavelo la mejor forma de gobierno es la República: “el gobierno de muchos es mejor que el de unos pocos”, y justifica la romana como la más perfecta. Aunque él era republicano y aspiraba a convertir a Florencia en un Estado fuerte, en El Príncipe acepta, como mal menor, que en ciertos momentos de corrupción y desorden que es mas útil y eficaz la acción de un solo personaje, adornado de cualidades excepcionales.
Il Principe tiene un Norte: Italia debe hallar su gobernante y sacudir el yugo extranjero. “Espero que algún príncipe… siguiendo estas normas mías, consiga enseñorearse de toda Italia y hacer de ella un país grande, compacto y rico como los otros que ahora predominan en Europa”.
Maquiavelo pudo ser modelo de inteligencia desembarazada de todo obstáculo adventicio. Expresa como nadie, sobre todo en su época, una claridad intelectual penetrante y lúcida, clara y sin ambages. Pero no lo fue porque de inmediato cayeron sobre él interdicciones de orden moralista o religioso, que lo condenaron en bloque, indiscriminadamente, al punto de hacer de “maquiávelico” sinónimo de retorcido o inmoral, si no diabólico, quizá porque vieron claras a la luz cosas que se hacían pero que nadie decía en materia política y social.
Solo recientemente, y no del todo, la inteligencia quirúrgica, meridional, incondicionada, de Maquiavelo está siendo reivindicada. A 484 años de su muerte, esta distancia es proporcional a su genio.
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