Giuseppe Garibaldi
Hace hoy 130 años, el 2 de julio de 1882, murió en Caprera, Italia, el aventurero italiano Giuseppe Garibaldi, que tuvo una destacada actuación en el cono sur de América, en el Brasil, Uruguay y la Argentina, donde permaneció y fue arrestado en Entre Ríos antes de regresar a Europa.

El aventurero italiano Giuseppe Garibaldi, que tuvo una destacada actuación en el cono sur de América.
Garibaldi, heredero de Mazzini, pretendía fundar un mundo nuevo, de acuerdo con las ilusiones políticas del momento, más allá de la violencia de que fue ejecutor, las agresiones y penurias.
En Montevideo, Garibaldi se enroló en las fuerzas contrarias a Rosas junto con uruguayos “colorados”, argentinos unitarios, ingleses y franceses que lo nombraron comandante de una pequeña flota de veleros con la que pretendió imponer la llamada “libre navegación de los ríos” para el comercio extranjero, cosa que no aceptaba Rosas y que dio lugar a la batalla de la Vuelta de Obligado
Garibaldi fue enviado por el gobierno del Uruguay en una misión a Corrientes, remontando el Paraná para llevar pertrechos en apoyo del gobernador Coronel Ferré que se había pronunciado contra Rosas y a favor de las potencias invasoras porque como Urquiza quería tener las manos libres para comerciar los productos de sus estancias con el extranjero
Al mando de una corbeta de 18 cañones, un bergantín de dos cañones giratorios y una goleta de transporte, debía pasar frente a las costas de Buenos Aires dominadas por la flota argentina comandada por el almirante Guillermo Brown
Según Garibaldi, el ministro de guerra uruguayo consideraba oneroso mantener una flota y había vendido casi todos los barcos a precios “vergonzosos” y con el resto se le encargó una expedición cuyo resultado no podía ser otro que la pérdida de los barcos que mandaba.
La flotilla de Garibaldi pasó frente a la isla Martín García, desde donde recibió una andanada de cañonazos con pérdidas materiales y humanas. Con la finalidad de poner distancia se fueron hacia la costa y a causa del bajo fondo, la corbeta que era la más pesada varó en la arena. Mientras estaban en esa tarea de salir de la varadura,… “se vio aparecer la flota de Brown compuesta de 7 barcos que navegaba a todo trapo con viento favorable al encuentro de los atrevidos incursores”.
De pronto, en aquel trance aparentemente sin salida el buque almirante de la escuadra de Brown también varó al ascender el sol, una espesa niebla cubrió todo el estuario lo que permitió seguir aguas arribas a los tres veleros de Garibaldi sin ser vistos.
En varios puntos se detuvieron para conseguir un práctico del río y animales para mantenimiento de la tropa y cuando pasaron frente a la ciudad de Paraná se produjo un nutrido cañoneo sin consecuencias desde las barrancas donde actualmente está el parque Urquiza.
Más al norte, debido a una curva que hace el río frente al pueblo de Cerrito, los barcos se enfrentaron a la fuerte corriente del río y fue necesario navegar “a la sirga”, es decir contra la costa y remolcado desde tierra por largos cables tirados por pelotones de marinos que marchaban a redoble de tambor.
Cerca de dos millas fueron cubiertas de esta manera, haciéndose cada vez más difícil la navegación por la gran bajante de las aguas, siendo frecuentes las varaduras.
En Caballú Cuatiá, muy cerca de la Paz, se les unieron tres barcazas correntinas con víveres, lo que alentó a la tripulación, pero poco después debieron detenerse por el bajo calado. Garibaldi dispuso entonces los barcos en posición de combate en la posibilidad de la llegada de la escuadra de Brown que lo seguía y que no tardaría en aparecer.
Efectivamente, el 15 de junio de 1842 aparecieron los barcos y un destacamento de infantería desembarcó para hostigarlos desde tierra. Al cerrarse la noche ambos bandos se prepararon para el día siguiente. Garibaldi recuerda: “no había salido el sol del día 16, cuando ya empezaron a cañonearnos con toda la fuerza”.
La artillería de Brown era de más largo alcance y se mantuvieron a distancia. “Los daños fueron muchos y los barcos quedaron en esqueletos”. “Los muertos eran muchos y mayor el número de heridos, pero aún había pólvora y era necesario combatir no ya para vencer sino por el honor”.
La segunda noche se llenó de los lamentos de los heridos y las tres barcazas correntinas dispararon. Finalmente se ordenó la retirada en la goleta liviana y se procedió a incendiar lo que quedaba de la corbeta. Esto produjo una tremenda explosión del depósito de municiones que se llevaba en cantidad y que detuvo a los perseguidores.
Ello posibilitó que se llegara hasta la localidad de Esquina, primer pueblo de Corrientes, en tres días, navegando y luego caminando penosamente entre islotes y pantanos, para después cruzar la Provincia y regresar a Montevideo, donde lo esperaban nuevas aventuras.
Garibaldi había nacido en Niza en 1807, hijo de un marino genovés. Fue capitán de buques mercantes de la marina de Cerdeña desde 1832. En el inicio de una serie de aventuras que marcarían toda su vida, tomó parte en un motín republicano en el Piamonte que resultó fallido. Escapó pero fue condenado al exilio. Por entonces conoció la obra de Mazzini el gran profeta del nacionalismo italiano, y la del socialista francés Saint-Simon.
Entre 1836 y 1848 vivió en Sudamérica, donde participó en varios acontecimientos bélicos, siempre al lado de quienes combatían según su punto de vista, que estuvo más acertado en Europa que en América, por la libertad o la independencia.
En 1836 intervino como capitán de barco, la célebre “Farrupila” en la insurrección secesionista de la república brasileña de Río Grande do Sul. En 1842 organizó una legión militar italiana, cuyos miembros fueron los primeros «camisas rojas».
En 1848 regresó a Europa para luchar en Lombardía contra el ejército austriaco y dar un primer paso hacia la unificación de Italia, que fue su objetivo durante las tres siguientes décadas. Su intento de hacer retroceder a los austriacos no prosperó y debió refugiarse primero en Suiza y posteriormente en Niza.
A finales de 1848, sin embargo, el papa Pío IX, temeroso de las fuerzas liberales, abandonó Roma, adonde se dirigió Garibaldi junto a un grupo de voluntarios. En febrero de 1849 fue elegido diputado republicano en la asamblea constituyente, ante la cual defendió que Roma debía convertirse en una república independiente. En abril, se enfrentó a un ejército francés que intentaba restablecer la autoridad papal, y lo propio hizo en mayo ante un ejército napolitano. Si bien no tenía opción alguna de evitar la caída de la ciudad, su lucha se convirtió en uno de los más épicos y recordados pasajes del “Risorgimento”.
El 1 de julio, Roma fue asaltada y Garibaldi y sus hombres se refugiaron en el territorio neutral de San Marino. Condenado por segunda vez al exilio, residió en Tánger, Staten Island (Nueva York) y Perú, donde regresó a su antiguo oficio de capitán de buque mercante.
En 1854, Cavour, el primer ministro piamontés, creyó que si le permitía volver a Italia, Garibaldi se alejaría del republicano Mazzini. Para ello, le concedió el mando de las fuerzas piamontesas en lucha con las austriacas. Venció en Varese y Como, ambas en mayo de 1859, y entró en Brescia al mes siguiente, con lo cual el Reino de Lombardía se apropió del Piamonte. Conseguida la paz en el norte del país, Garibaldi se dirigió a Italia central. Víctor Manuel II, rey piamontés, dio al principio su apoyo a un ataque contra los territorios papales, pero a última hora le pareció demasiado peligroso y le obligó a abandonar el proyecto.
Garibaldi aceptó la renuncia y se mantuvo fiel, pero la cesión de Niza y Saboya a Francia por parte de Cavour y Víctor Manuel le pareció un acto de traición y decidió actuar por su cuenta. Como por el norte un acuerdo era imposible, decidió forzar la unificación conquistando el Reino de Nápoles, bajo soberanía borbónica.
En mayo de 1860, al frente de un ejército de un millar de hombres (la expedición de los mil o de los «camisas rojas»), se apoderó de Sicilia y en septiembre entró en Nápoles, que cedió a Víctor Manuel
En 1861 se proclamó el nuevo Reino de Italia, pero desde sus inicios Garibaldi se mantuvo en la oposición, pues Roma continuaba siendo ciudad papal. Con la consigna de «Roma o la muerte», intentó durante años luchar contra el poder pontificio, sin demasiado éxito, hasta que en 1862, en la batalla de Aspromonte, cayó herido y fue hecho prisionero.
Tras ser amnistiado, pasó a presidir el Comité Central Unitario Italiano y ofreció sus servicios a Francia. Fue elegido diputado para la Asamblea de Burdeos (1871) y diputado al Parlamento italiano (1875), el cual pocos años antes de su muerte le asignó una pensión vitalicia por los servicios prestados.
La primera parte está tomado de Miguel Angel Bolcatto, revista “Istituto delle Ricerche”, citado por la Asociación Lombarda de Rafaela)
URL: http://www.aimdigital.com.ar/aim/?p=98466






