Cuando la piedra se convierte en arte
En Andagalá, las manos de dos artesanos tallan pequeñas esculturas en rodocrosita, la piedra nacional argentina y las convierten en obras de arte, donde la precisión y la armonía hablan de un límite difuso entre artífice y escultor. Esta vez, esas pequeñas esculturas se muestran en Paraná, en un stand de la Feria de Artesanos “Carlos Álvarez”. “Con mi esposo, vendemos y vivimos de este producto, pero como andalgalenses tenemos la misión de difundir y mostrar lo que es nuestro”, afirmó a AIM Valeria Abel, la protagonista de esta historia.
A 250 kilómetros de la capital de Catamarca, situada al oeste de la provincia, Andalgalá se despliega como un valle entre montañas. Si uno sube 3200 metros por encima del nivel del mar tomando una cuesta muy angosta que sale del centro de la ciudad, encontrará precipicios a ambos lados del Nevado de Aconquija. Allí, coloridas y deslumbrantes, se encuentran dos minas, Capillitas y Santa Rita, único lugar en la Tierra que deja ver las distintas tonalidades rosadas de la rodocrosita.
De los 19 mil habitantes que tiene Andalgalá, unos 80 trabajan artesanalmente la piedra, pero sólo dos la trabajan con platería también: Valeria Abel y Héctor Diamante, responsables de Melina Joyería, únicos artesanos que trabajan el mineral con platería.
En diálogo con esta Agencia, Valeria explicó que “la rosa del Inca es una piedra que descubrieron los Incas, que la valoraban muchísimo. El significado que le atribuían era la energía del amor de la mujer, como unión y protectora de la familia. Por eso, muchos le dicen la piedra del amor, pero en realidad, es la del amor de la mujer”.
En el stand ubicado en la Feria de Artesanos “Carlos Álvarez”, en Paraná, Valeria contó que “la rosa del Inca es una piedra que no hay en otro lugar del mundo, excepto en Andagalá. Hubo antes dos minas pequeñas, pero no tenían las calidades de las que tienen las de nuestra localidad”.
La rodocrosita es una piedra semipreciosa, y dentro de esta categoría “se clasifica por su calidad. El uso es exclusivo para joyería o para pequeñas esculturas de adorno y se extrae a mano, por lo que es pequeña minería, no contaminante”.
Valeria agregó que es la segunda vez que participa de la Feria en Paraná. “Vinimos el año pasado, conocimos la Feria por contactos y aquí estamos. Con mi esposo nos hemos dedicado a hacer ferias nacionales, porque si bien la piedra del Inca es única en el mundo, no está bien difundida”.
“El éxito del año pasado se repite éste”, destacó la joven, aunque aclaró que “es un esfuerzo: es un trabajo de mucho hablar, ya que tenemos que explicar de qué se trata para hacerla conocer. A la gente le gusta mucho y se interesa, particularmente, en dos cosas: que es minería artesanal y que es la piedra artesanal”.
La historia
Cuenta la leyenda que la rodocrosita fue descubierta por los incas. Pero no fue hasta 1932, cuando un investigador alemán visitó las minas, que se llevaron el mineral al extranjero y comenzaron a descubrir todas sus propiedades. A partir de allí se estableció que la piedra era semi-preciosa y de las de mejor calidad. “Ahí le ponen rodocrosita, pero en realidad se llama ´roca del inca´”, detalló Valeria.
Valeria y Héctor montaron un taller en Andagalá en el que participan hasta cinco personas. Allí trabajan todo lo que es lapidación: corte, cabujón y pulido de la piedra. En Buenos Aires, Héctor desarrolla el engarce con platería, y junto a él, trabajan dos personas más.
Uno de los datos más sobresalientes de la explotación de este recurso es que se realiza a través de lo que se conoce como “pequeña minería”, aquella que se hace absolutamente a mano. “Se trabaja con masa y se logran trozos, o bien, cuando se sacan trozos muy grandes, que generalmente se hace poco, se trabaja con la moladora”, describió la joven. El dato no es menor ya que Andalgalá es uno de los pueblos que atraviesa los problemas de la minería a cielo abierto.
Unas joyitas
La rodocrosita se presenta generalmente en capas o costras de estructura bandeadas, con superposición de bandas rosadas de distintas tonalidades, de claras a oscuras, de textura fibrosa, y separadas entre sí por un material blanco a blanco grisáceo
Con esos colores juegan las artesanías de Melina Joyería: dijes engarzados en plata, que pueden tener un perno con pasacadena o ser ranurados con una vuelta de hilo de plata. Otras posibilidades para hacer un regalo son: una tarjetita con una piedra (cabujón) pegada, o bien un trocito de piedra en bruto con uno de sus frentes lapidados, un animalito tallado, un reloj, o huevitos de piedra.
Fuente: AIM, Caminos y Sabores
URL: http://www.aimdigital.com.ar/aim/?p=102928








