¿Qué necesitamos para ser felices? / Bután allá lejos y ahora mismo
Bután es un pequeño país del Himalaya, al Norte de la India y al sur de la China, que fue “protectorado” inglés; pero que ahora, cuando los ingleses no lo “protegen” como solían, como tampoco a la India ni a la China, muestra algo de un potencial que está llamando la atención del mundo, así como sus gigantescos vecinos aparecen bajo un aspecto que hasta hace poco hubiera parecido increíble.
Bután recuerda por tamaño y posición relativa al Uruguay entre la Argentina y el Brasil, pero la diferencia es la tradición. En el Uruguay fue arrasada junto con los charrúas y guaraníes, como casi en toda América por el genocidio de los pueblos originarios, que no ha cesado. También desapareció casi del todo de la Argentina pero se sostiene con raíces negras trasplantadas del África al Brasil.
Como sea, algunos datos tradicionales subsisten y llegado el momento volverán porque no pueden perderse; pero no por donde los esperan los gobernantes actuales, enfrascados en homenajes discursivos e interesados a próceres que no pueden imitar ni bajarán jamás de las estatuas.
La última oportunidad que tuvimos fue la confluencia de criollos, negros e indígenas en el proyecto pluricultural de Artigas para la patria grande, derrotado en 1820. Entre Ríos fue parte del proyecto.
Desde Fructuoso Rivera -como desde Bernardino Rivadavia y Bartolomé Mitre la Argentina- el Uruguay padece el dominio del modo de pensar y sobre todo de actuar eurocéntrico, que llevó modernamente a lo que uno de sus historiadores mayores, Gonzalo Abella, llamó “paisajicidio”, inducido por el interés de Botnia por reemplazar el monte nativo con bosques de eucaliptus.
De la misma manera habrá “paisajicidio” en la banda oriental del Paraná, Entre Ríos, cuando los enemigos históricos de Artigas, los incondicionales pro-porteños rivadavianos hoy en el poder, comiencen a extraer gas de esquistos mediante explosiones subterráneas que devastarán la tierra de cuchillas “con suavidad de falda” como la alude Juan Laurentino Ortiz.

Habrá “paisajicidio” en la banda oriental del Paraná, Entre Ríos, cuando los enemigos históricos de Artigas, los incondicionales pro-porteños rivadavianos hoy en el poder, comiencen a extraer gas de esquistos.
Rivadavia recibió obsequios y sueldo de una empresa minera inglesa mientras era presidente argentino para permitir la explotación del oro de Famatina. Pero Facundo Quiroga lo impidió entonces al frente de sus tropas, como hoy lo hace otra vez el pueblo de La Rioja armado solamente de sus convicciones contra dádivas y amenazas.
Los gobernantes actuales también recibieron de Inglaterra la sugestión al parecer irresistible de explotar el gas natural “no convencional” y se las arreglan para parecer al mismo tiempo “artiguistas”.
Conocer a Bután
Bután tiene 38.394 Km² poblados por casi 700.000 habitantes. De ellos, 80.000 viven en la capital, Thinpu. Los ingleses dejaron de recuerdo su idioma, el idioma de la burocracia, pero los pobladores hablan dzongkha y nepalés.
El 70 por ciento de la población es budista de la rama mahayana o “gran vía”, diferenciada del hinayana o “pequeña vía”. Muchos viven en monasterios budistas, que desde siempre son también centros educativos.
Es una evidencia de la que la tradición no se ha oscurecido como en occidente, donde las escuelas encargadas de conservarla desaparecieron hace siglos. Los demás son hinduistas, es decir, profesan la doctrina de que deriva el budismo a modo de herejía, pero sin suscitar el encono que a que las herejías dieron lugar en occidente. El cinco por ciento son musulmanes.
En 1992 un decreto real desvinculó a los medios de comunicación del control gubernamental, lo que contribuyó a la profesionalización y a hacer más independientes los medios de información.
Desde que se convirtió en monarquía constitucional, Bután tiene partidos políticos: el partido Virtuoso (así se llama) y el partido Democrático Popular.
Hasta hace medio siglo, la educación era impartida en los monasterios budistas. Hoy es generalizada y gratuita, pero no obligatoria.
Hay universidades. Los egresados suelen recibir becas para centros de estudios en los Estados Unidos, Gran Bretaña, Australia, India, Singapur o Japón. Pero deben regresar al país y trabajar durante seis meses en las zonas rurales, en escuelas, o supervisar clínicas médicas o construir sistemas de riego.
El territorio de Bután estaba habitado por lo menos hace 4000 años por un pueblo que emigró en el siglo IX al Tibet El nombre tibetano de Bután significa “país del dragón” o o país del trueno”. Bután quiere decir “extremo del Tíbet”
En el siglo XVII, el lama tibetano Zhabs-drung Ngag-dbangr nam-rgyal instauró la jerarquía religiosa y civil que tanto influyó en la cultura del país hasta la llegada de la monarquía. Instituyó la función de un regente encargado temporalmente del poder, reservando para sí mismo la autoridad espiritual, dentro de la idea tradicional que pone esa autoridad en primer lugar, luego al poder temporal, luego a las actividades comerciales y financieras y por último las artesanales y productivas.
Esa ordenación se ha subvertido en occidente al punto que el poder está ya sin dudas en manos de los financistas, el tercer escalón de la jerarquía, como se demostró en la crisis europea y los cambios de gobierno en Italia y Grecia y con las “burbujas” especulativas creadas por Goldman Sachs a la vista y paciencia de todos.
Bután permaneció aislada durante siglos cuando los países vecinos se colocaron bajo la protección de la “compañía británica de las Indias Occidentales”, empresa inglesa que tenía la función práctica de llevar adelante los intereses imperiales británicos.
En 1772 los ingleses se anexionaron Assam y se produjeron por ese motivo varios conflictos hasta la “paz” de 1864, seguida por un tratado por el que Bután recibió un subsidio o préstamo a cambio de ceder parte de su territorio a la India británica. Algo parecido al crédito de la banca Baring que gestionó Rivadavia, con diferencias de tiempo y lugar e identidad de fines.
En 1910, el Reino Unido colocó a Bután bajo protectorado inglés con la norma explícita de que Inglaterra se encargaría de las relaciones internaciones.
Desde que se declaró independiente del imperio británico, la India manejó la política de Bután. Los cambios necesarios tras la interferencia inglesa se iniciaron en 1958 continuando las reformas sociales en los años siguientes.
En la década de los ´60 del siglo pasado Bután suprimió la servidumbre y el sistema de castas, emancipó a las mujeres, reformó el sistema agrario y estableció un sistema de enseñanza pública en todo el país
Tras la muerte del rey Jigme Dorji Wangchuck en 1972, subió al trono su hijo Jigme Singye Wangchuck, quien prosiguió con cautela las reformas iniciadas por su padre y fue autor del concepto de “felicidad interna bruta” contrastado con el productivista y materialista de “producto bruto interno”.
Hubo conflictos étnicos entre butaneses y nepaleses, que no han sido resueltas sino morigeradas mediante tratativas pacientes, al modo oriental.
El 18 de diciembre de 2005 el rey Jigme Singye Wangchuk anunció la celebración de las primeras elecciones parlamentarias democráticas en el país para 2008, a la vez que anunció su próxima abdicación, que hizo efectiva a favor de su hijo de 26 años, Jigme Khesar Wangchuk
En Oriente como en Abya Yala
Quien conozca el hinduismo o el budismo como han existido por milenios en Oriente podrá advertir que no tratan de proponer ningún artefacto político que pretenda corregir disfunciones sociales, artefactos producto del ingenio individual que a la luz de la doctrina tienen valor y efecto nulos.
Cualquier transgresión del orden universal, como la que ha introducido la civilización occidental en el mundo entero, no puede ser sino ilusoria, pero tiene para las existencias que se suponen separadas efectos terribles y “reales”. En el terrero de las aplicaciones, al que se han limitado los gobernantes de Bután, los conocimientos ancestrales son una guía segura.
De la misma manera los pueblos originarios de la mal llamada América, que algunos proponen denominar Abya Yala, no separan lo individual de lo colectivo ni lo colectivo de lo cósmico ni lo cósmico de lo universal. Saben que cada plano está contenido en otro, si se permite el símil espacial, y todos no son sino manifestación de un principio único intensamente activo, aunque inmóvil.
Lo que suele presentarse, por ejemplo, como veneración “animista” de la “madre tierra” es reconocimiento de que opera en ella, como en nosotros, el principio que todo lo constituye, que es el fundamento de la unidad de todos los seres –humanos, animales, vegetales o minerales- y que lleva a considerar que no se puede dañar a otro sin dañarse a sí mismo.
La felicidad no es comodidad, el consumo no es felicidad
Mucho antes de que Bután lanzara su política en función de la felicidad como idea totalizadora y no del crecimiento económico como criterio parcial y abusivo, el hindú de origen inglés Ananda K. Coomaraswamy recordó definiciones ancestrales en su obra “Arte y tradición”:
“Las necesidades humanas son las necesidades de la totalidad del hombre, que no vive sólo de pan. Eso significa que tolerar comodidades insignificantes, es decir, comodidades que no tienen ningún significado, por muy cómodas que puedan ser, está por debajo de nuestra dignidad natural; la totalidad del hombre necesita cosas bien hechas que sirvan al mismo tiempo a las necesidades de la vida activa y a las de la vida contemplativa.
Por otra parte, el placer que se tiene en las cosas hechas bien y verdaderamente, no es una necesidad en nosotros, independiente de nuestra necesidad de las cosas mismas, sino una parte de nuestra verdadera naturaleza; el placer perfecciona la operación, pero no es su fin; los propósitos del arte son enteramente utilitarios, en el sentido pleno de la palabra según se aplica a la totalidad del hombre. Nos negamos a dar el nombre de arte a nada irracional.”
A propósito ¿Será por la gran distancia que nosotros a veces llamamos “arte” a nuestra política, tan irracional que si se disiparan las mentiras en que se funda no quedaría nada?
Un gobierno para ser feliz
Hace por lo menos 2500 años, Confucio escribió: “los príncipes de la antigüedad, para hacer brillar la virtud en el corazón de los hombres, se aplicaban ante todo a gobernar bien sus principados. Para gobernar bien sus principados, ponían antes en orden sus familias. Para poner en orden sus familias, se perfeccionaban antes a sí mismos. Para perfeccionarse a sí mismos, ordenaban antes sus corazones. Para ordenar sus corazones, perfeccionaban antes su voluntad. Para perfeccionar su voluntad, aumentaban sus conocimientos al máximo. Desarrollaban sus conocimientos escrutando la naturaleza de las cosas. Una vez escrutada la naturaleza de las cosas, los conocimientos alcanzaban su grado más alto. Con los conocimientos en su grado más alto la voluntad se hacía perfecta. Siendo perfecta la voluntad, el movimiento de los corazones se ordenaba. Con los movimientos del corazón ordenados, el hombre está libre de defectos.
Tras haberse corregido a sí mismo se establece el orden en la familia. Con la familia ordenada, el principado está bien gobernado. Estando bien gobernado el principado, muy pronto el reino estará en paz”.
Esta formulación de Confucio, que tan extraña nos parece, ratifica el punto de vista de
la doctrina tradicional: primero la inteligencia, después la voluntad, y finalmente “orden en el corazón”, es decir, pueden surgir sentimientos armónicos.
El gobernante que Confucio pone ante nosotros no es de aquellos a los que estamos acostumbrados, pero era “antiguo” ya en aquellos tiempos. Esto significa que pertenecía a una época en que las cosas, en el plano social y también en los planos superiores de donde el gobernante debería tomar inspiración, marchaban mejor que entonces y mucho mejor que ahora.
Se ve el movimiento hacia el interior primero, que implica dar los pasos para corregirse a sí mismo; seguido de otro hacia el exterior, en que la perfección lograda se extiende luego paulatinamente.
Un ministro para un pueblo feliz
Jigme Y. Thinley es el primer ministro de Bután. Algunas declaraciones a un diario español, que lo entrevistó durante una visita a Tokio, dan idea de los principios con que gobierna, y de paso, ponen en claro la distancia respecto de lo que hay por acá.
“La ‘Felicidad interna bruta’ (FIB) es el paradigma de desarrollo de Bután que difiere de los modelos de desarrollo basados sobre el concepto del PIB y la promoción del consumo, los que no son sostenibles”, dijo.
“Para poder mantener nuestra cultura tradicional necesitamos de la FIB, de lo contrario se perderá nuestro patrimonio y nuestras costumbres se verán amenazadas. Sabíamos que teníamos que cambiar y creamos un enfoque diferente. No queremos renunciar a nuestra felicidad por el desarrollo material”.
“La FIB tiene el propósito de crear condiciones para alcanzar la felicidad de los ciudadanos. Puede ser cubriendo necesidades materiales del cuerpo y las emocionales, psicológicas e intelectuales de la mente.
Acá en el Japón dije que Bután ofrece un nuevo modelo de desarrollo alternativo. Es un cambio de paradigma que los gobernantes deben considerar y explorar. Les ofrecemos una idea básica. Japón sabe que debe repensar su modelo de crecimiento y puede desempeñar un papel de liderazgo aquí”.
“El líder del Partido Democrático de Japón y primer ministro electo, Yukio Hatoyama, escribió en su manifiesto que su país había recibido demasiada influencia del capitalismo estadounidense y anglosajón. Los dirigentes de los principales partidos japoneses reconocieron que la prosperidad y la felicidad de Japón no serán sostenibles si sigue por el mismo camino.”
“El PIB mide la producción de bienes y servicios en un periodo determinado, pero de ninguna manera considera los costos ambientales o sociales del desarrollo. Deja afuera la dimensión humana y se concentra en el crecimiento económico.
El crecimiento económico es necesario para eliminar la pobreza. Hay quienes dicen que no hay escasez de alimentos en el mundo, pero la gente pasa hambre. En algunas partes hay pobreza, mientras en otras hay un despilfarro y un consumo excesivo. También tenemos medicamentos, pero la gente se muere porque no puede acceder a ellos.”
“La distribución se puede mejorar mediante políticas fiscales en las que los ricos deben pagar impuestos pueden asegurar una distribución equitativas. Creo que esas personas estarán dispuestas a ayudar a los demás. Hay países que tienen buenos sistemas impositivos, pero también muchos métodos de evasión fiscal. Son necesarias medidas para detenerla.
Sabemos que por más rica que sea una sociedad no tendrá suficiente recursos para mantener un sistema de bienestar. Éste depende de la intervención estatal y de la asistencia”.
“En el marco de la crisis actual, como la europea, no es posible descartarse a sí mismo ni a la humanidad, porque formas parte de ella, entonces tienes que arreglarlo. Para hacerlo hay que fijar nuevas prioridades y definir qué es lo que a la gente le importa más. Qué quieren los seres humanos. Todos aspiramos a la riqueza y a la prosperidad, pero necesitamos definir esos términos. Es más que riqueza material, que es un placer efímero y tiene un alto costo en la familia y otros vínculos.”
“El gobierno de Bután no se considera de ninguna forma proveedor de felicidad. Nos aseguraremos que sus necesidades básicas estén cubiertas y que tenga oportunidades de desarrollo intelectual. Si es feliz, o no, es una cuestión suya al igual que decidir qué es lo que quiere para la vida.
En Bután sabemos que la familia es importante, pero que su felicidad dependerá de las personas que los rodean y que ríen o lloran con ellos cuando están bien o están mal. Si tienen gente que los reconforte no van a saltar del puente de Brooklyn o del Golden Gate de San Francisco”.
“En Bután hay dos o tres suicidios y un asesinato por año. Pero antes no se decía. Ahora tenemos una prensa muy activa para unas 650.000 personas. Ocupa las primeras páginas, es de interés periodístico para la prensa. Creo que es bueno”.
Cuando le pidieron un mensaje a los lectores españoles, en rigor a todos nosotros, dijo: “la recesión económica y la amenaza que supone el cambio climático son problemas creados por nuestro estilo de vida consumista, el PIB atado al mercado y el paradigma macroeconómico vigente. Los paquetes de estímulo a la economía son soluciones de corto plazo. Necesitamos planes de largo plazo”.
Infelicidad a la vista
Bután cambió su modo de ver la política con base segura en principios tradicionales que nunca se apagaron en Oriente, donde se mantienen visibles y vigentes a pesar del avance de los puntos de vista occidentales “antitradicionales”.
En América también hay criterios similares, pero quedaron acorralados en los pueblos originarios, menospreciados e invisibilizados durante cinco siglos y por eso son casi imposible de utilizar, sobre todo cuando los gobiernos escuchan otras voces y responden a otras sugerencias, como las de Monsanto, la Barrick, o las petroleras que quieren extraer gas “no convencional”, por ejemplo, que han llevado paulatinamente a una situación sin salida.
El capitalismo en su camino arrollador acabó con los pueblos originarios como conservadores de datos tradicionales; la tradición se ha replegado y sólo queda a la vista la masa de consumidores y productores, cada vez más informe y mas próxima a la pura cantidad y a la pura materialidad. En ella es sencillo imponer necesidades y deseos porque no ofrece ninguna resistencia.
La misma palabra “masa”, que es sinónimo en física de “cantidad de materia”, es sintomática acerca de lo que está en juego en esta igualación del número de individuos con ella y en la plena aceptación que algunas teorías políticas hacen de la palabra aparentando no ver que implica la abolición de los aspectos superiores de la individualidad. Incluso hablan de “acción de masas” con otra expresión tomada de la física que no les suscita sospechas.
La crisis cada vez más notoria de la civilización occidental, hoy en trance de extenderse al mundo entero, hipertrofia que no es sino síntoma de la crisis misma, tendrá un fin porque necesariamente llegará un momento que un proceso autodestructivo como el que experimenta ya no podrá proceder.
Esta detención puede ocurrir en medio de catástrofes que podemos entrever en la relación de la industria con la ecología y la economía, el rechazo irracional de toda norma, el hastío, la creciente generación de multitudes sin destino a las que unos quieren reprimir y otros redimir, el estrepitoso absurdo que ha llegado a ser la existencia en las grandes ciudades.
Mientras en el siglo XX la población mundial se multiplicó por cuatro, la de las ciudades se multiplicó por 40. El campo se desangró en beneficio de las ciudades que se tragan todos los recursos y envenenan el aire, el suelo y el subsuelo.
La atmósfera paga el precio del desequilibrio: su contaminación es uno de los problemas más graves de la humanidad, su obra más importante de los últimos siglos. El humo de los autos, colectivos y camiones, los procesos industriales, los sistemas de calefacción y los cigarrillos provocan gran parte de las enfermedades respiratorias.
El aumento de la concentración de anhídrido carbónico, el “gas invernadero”, no afecta a las plantas, que de él toman el carbono para constituir sus tejidos, pero puede ser letal para los seres humanos y animales porque interfiere con el transporte de oxígeno en la sangre. Otras sustancias que están en el aire contaminado pueden producir cáncer, malformaciones, daños cerebrales y lesiones pulmonares y de las vías respiratorias.
La contaminación del suelo se hizo evidente más tarde, por efecto de la basura depositada sin método ni cuidado y sin prever que la acumulación tiene límite. Ni los basureros a cielo abierto ni los rellenos sanitarios ni los ensayos industriales de eliminación de basura son remedios suficientes a un problema creciente con la población y la tendencia al consumismo como medio de sostener la actividad económica.
El tres por ciento de toda el agua del planeta es potable sin tratamiento. El resto no puede usarse tal como está en la naturaleza. Y el hombre ha contaminado el agua desde siempre, como se advierte en relatos de la más antigua literatura.
Empresas como Botnia son capaces de contaminar enormes cantidades de agua. Por eso fueron prohibidas en Europa, donde dejaron inútiles lagos de Finlandia y rías en Galicia, y enviadas al tercer mundo, donde una letal combinación de necesidades apremiantes producto de la miseria y gobiernos corruptos les abren las puertas.
El agua de lluvia, el agua potable más a mano, se está volviendo imprevisible porque el cambio climático, otro síntoma del desequilibrio, se ha alterado tanto que a lluvias desastrosas siguen sequías más desastrosas todavía.
Un autor argentino consigna que en el sur de Asia, más de 140 millones de personas beben agua subterránea contaminada con arsénico. Según los expertos, se trata del mayor envenenamiento masivo de la historia. Pero el envenenamiento y al ceguera con arsénico son frecuentes en Entre Ríos, donde el agua de pozo suele estar contaminada.
La contaminación por arsénico se produce cerca de la superficie y tarda al menos 100 años en alcanzar el acuífero. Este ciclo es un proceso natural que ha venido ocurriendo durante miles de años, antes de cualquier influencia humana
El suelo, que es el recurso natural que se relaciona con la calidad de vida más directamente, hoy está degradado, erosionado, privatizado y contaminado en nuestro país. Es el resultado de la venalidad y la extranjerización, de la industrialización del agro y en general del espíritu de lucro combinado con la corrupción de los gobiernos de los países pobres, como nosotros. En vez de garantizar la calidad de vida de los argentinos, el suelo garantiza las ganancias de las multinacionales, de gentes que ni siquiera saben que sus rentas están destruyendo nuestro sustento.
El suelo, es un sistema muy complejo de gran sensibilidad a la variación de uno solo de sus factores constitutivos, lo cual produce reacciones en cadena, en especial a propósito de las intervenciones perturbadoras del hombre.
El consumismo impulsado por el sistema económico mundial y el crecimiento de la población están ejerciendo una presión desmedida en la capacidad de carga de los ecosistemas, llevándolos a un paulatino agotamiento y desaparición, tornándolo incapaz de cubrir las necesidades humanas.
La sobreexplotación a través de técnicas industriales de alto rendimiento, monocultivos, riego artificial y la incorporación de pesticidas y fertilizantes para incrementar la producción, en un plazo más o menos largo producirán tierras agotadas, campos salinizados y avance de la desertización.
El modelo agroindustrial en franca expansión, sobre todo a partir del boom del biodiesel y otros agrocombustibles, conjuntamente con el cambio climático en marcha, pintan un cuadro preocupante y de pronóstico malo.
Estas prácticas son presentadas como racionales, pero son en otro nivel irracionales, es decir, su racionalidad no se entiende sino dentro de límites estrechos, los propios de la mentalidad que considera que la misión humana es dominar la naturaleza.
Los pueblos originarios, por el contrario, no piensan que la tierra es del hombre, sino que el hombre es de la tierra.
Las tres cuartas partes del suelo agrícola argentino está sujeto a erosión causada por la actividad ganadera y forestal. La destrucción avanza 13 veces más rápido que el tiempo que necesita la naturaleza para reconstituirse.
En Sudamérica cada vez más bosques y selvas tropicales son convertidos en campos de soja para exportación, negocio de las multinacionales como Monsanto, que suelen presentarse como abanderados de las nuevas tecnologías y del progreso.
La deforestación que esta actividad produce provoca nuevos desequilibrios ecológicos en los ecosistemas y pone a miles de especies al borde de la desaparición.
La consecuencia para los sudamericanos del nuevo orden agrícola son la desertificación, la degradación y el hambre. Donde el campo producía alimentos para el autoconsumo y el mercado, ahora se produce para exportar. El resultado son grandes ganancias para pocos y grandes necesidades para muchos.
Además, la soja, monocultivo de una especie exótica, implica el uso del glifosato, un veneno peligroso que se usa en grandes cantidades y se viene presentando como inocuo.
La felicidad pintada
Impresionado por aquello que no puede traducirse en palabras, el crítico ruso Anatoly Lunacharsky dijo que Renoir es “el hombre que pintó la felicidad”, que por cierto no se deja pintar como un objeto. Solo expresar como lo que Boecio definía como la posesión de la totalidad de bienes, materiales e inmateriales.
Es claro que “posesión” no significa propiedad privada. Quien se levanta antes que el sol y aprecia la plenitud del alba posee la luz, pero no podría nunca tenerla en propiedad.
Quien como Renoir sabe ver con ojos felices una bañista, un grupo de bailarines o una calleja suburbana, posee la felicidad, que está entera en él como en todos. El milagro de Renoir es que su paleta la retuvo en el cuadro para que nosotros la poseamos para siempre.
La posibilidad de ser felices está cerca, nos separa de ella un muro no imposible de salvar.
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