Alasino: “El Pacto de Olivos fue el mayor del siglo XX”

Apertura de la Convención Constituyente en Paraná, Entre Ríos.

El ex convencional constituyente Augusto Alasino consideró que el Pacto de Olivos “implicó el mayor nivel de consensos que se pudo alcanzar en Argentina en el siglo XX”, ya que permitió llevar adelante una reforma que aggiornó la Constitución. “La suerte que tuvo la Convención es que nadie tuvo mayoría, entonces el espectro ideológico era enorme, muy rico y pluralista y eso hizo que fuera un éxito en todo sentido”, aseguró a AIM.

 

Alasino fue presidente de su bloque en la Legislatura y de los constituyentes del Partido Justicialista (PJ), una pieza estratégica del sistema de poder y negociación del menemismo. El luchador de la Jotape llegó a diputado en 1987, pero su trayectoria política es superada dialécticamente por el impulso que le dio a la reforma en el Parlamento y su rol trascendental en la Convención Constituyente.

― ¿En qué contexto se impulsó la reforma?

― Había un estudio bastante hecho de Alfonsín en el Consejo de Consolidación de la Democracia. Después, cuando asumió (Carlos) Menem algunos comenzamos a trabajar proyectos; yo fui el primero en presentar una iniciativa de reforma de la Constitución y fue por mi proyecto que Paraná fue una de las sedes ya que cuando se firmó el Pacto de Olivo se acordó que se haga en las dos ciudades: Paraná y Santa Fe.

En aquel momento las dos personas más importantes que tenía el país (Menem y Alfonsín) entendían que al esfuerzo de la democracia de Alfonsín y al esfuerzo de Menem por transformar el país hacía falta reflejarlo en el texto constitucional y eso lo plasmaron en el Pacto de Olivos, que implicó el mayor nivel de consensos que se pudo alcanzar en Argentina en el siglo XX, superior al Pacto Social de Juan Domingo Perón de 1973, es decir, de igual magnitud al Pacto de San Nicolás (1852) o el Pacto de San José de Flores (1859), porque uno creó la Constitución, la otra incorporó reformas muy importantes y el de Olivos la modernizó.

― ¿Cómo se llegó a la reforma?

― Cuando se comenzó a trabajar la reforma, evidentemente, se trató de mirarla con acuerdos, consensos y dejar librado a la discusión de los constituyentes otro tipo de incorporación. La reunión de Alfonsín y Menem en la casa de San Justo comenzó a trazar el núcleo petreo y, después, tiramos las líneas en el Salón Gris del Senado, pero las directivas políticas (que era lo que de alguna manera iban a definir la reforma), las definían Alfonsín y Menem.

Menem, quien tenía el poder, estaba dispuesto a resignar muchas facultades que tenía como titular del Poder Ejecutivo y, Alfonsín, a acatar algunos reclamos del peronismo como los derechos humanos, pactos internacionales y derechos de las provincias. Quién convenció a quién, nunca se va a saber… Es como el misterio de Guayaquil. Lo cierto es que cuando fuimos a la convención llevamos un núcleo de coincidencias básicas que era el acuerdo político, es decir,  el centro del Pacto de Olivos.

― ¿Qué recordás y destacas del proceso de reforma?

― La discusión política más importante fue la del Reglamento, donde se plantearon las funciones políticas de todos los partidos. La suerte que tuvo la Convención es que nadie tuvo mayoría y el espectro ideológico era enorme, muy rico y pluralista y eso hizo que fuera un éxito en todo sentido.

En ese contexto, la Constitución, en sus cosas centrales, se fue imponiendo poco a poco. ¿Por qué existe el matrimonio igualitario hoy? Porque está en la Constitución que impidió cualquier tipo de discriminación. ¿Por qué la mujer puede aspirar a lo que aspira? Porque la Constitución culminó la discriminación y al ser absolutamente antidiscriminatoria comenzaron a florecer todas estas cosas.

Si nosotros no hubiéramos incorporado los derechos humanos o los Pactos de San José de Costa Rica o Lesa humanidad (Néstor) Kirchner no  podría haber anulado los indultos, porque hubiese primado el principio de nulo proveo o no podría haber podido anular los derechos supuestamente adquiridos por la Leyes de Obediencia Debida o de Punto Final. Eso se debe a que al incorporar la Constitución los pactos, los derechos adquiridos que, supuestamente, nacen del derecho penal liberal   (en un sentido constructivo) caían y quedaban los derechos generales.  Todo esto se pudo hacer por la Constitución, si no hubiera sido por la Constitución hubieran llovido nulidades sobre la anulación de los indultos por los derechos adquiridos de las Leyes de Obediencia Debida o de Punto Final.

― ¿Quedó algo pendiente en la reforma?

― A la Constitución no hay que cambiarla, lo que tienen que hacer los jueces es acatarla. Por ejemplo: nosotros incorporamos cómo debe ser el derecho a la información. Un periodista famoso no entendía la fórmula que la información debe ser ‘adecuada y veraz’. Nosotros la escribimos tal cual al Pacto de San José de Costa Rica. Alguna vez los jueces darán interpretación a esa norma, sobre todo cuando dice ‘veraz’, es decir, debe ser cierto. En cada caso concreto el juez deberá va a actuar la Constitución. Las Leyes de la Constitución pendiente pueden ser algunas, pero la Constitución es actuada (al admitir o rechazar).

Es como cuando dije al final de la Convención; cuando a Galileo lo condenaban porque él creía en la teoría de Copérnico la Iglesia lo ordenó a decir que la tierra era el centro del universo y no el sol, pero cuando salía dijo: ‘pero se mueve’. Acá poco a poco se va moviendo y en los fallos de los jueces y las decisiones políticas se va imponiendo.