Ambientes arbolados para favorecer a la salud

Por Prof. Marilina Scarlata*, especial AIM- El 5 de Junio es el Día Mundial del Medio Ambiente. ¿Qué podemos hacer para colaborar con la conservación o al menos el mantenimiento de un ambiente sano para todos?

La mirada sobre la salud no sólo de los médicos o paramédicos, es un punto de vinculación. Hay otros profesionales que desde su oficio y conocimientos o por su especialidad, se interesan en aportar ideas, conceptos e información útil para la sociedad en su conjunto, como respuesta a la pregunta expresada.

En esta ocasión, voy a transcribir literalmente párrafos de la Arquitecta por la UBA (Universidad de Buenos Aires) Graciela Mariani, Planificadora Urbana y colaboradora en la Red Argentina de Municipios frente al Cambio Climático Ramcc. Desde esa agrupación, se difundió hace poco tiempo, un artículo: “Las ciudades deben pensar en los árboles como una infraestructura de salud pública”.

Me pareció de gran valor, y como adhiero absolutamente a la concepción, decidí volcarlo en esta columna, para compartir con los lectores, entre los que pudieran encontrarse quienes toman decisiones en las áreas municipales de incumbencia, en concordancia y aprovechando este día establecido por la ONU, justamente para sumar a favor de los ambientes en los que habitamos.

La arquitecta destaca que plantar árboles es una manera de mejorar la salud de las personas, una manera que resulta fácil y muy barata. Los árboles, además de embellecer una ciudad, proporcionan aire fresco y limpio. Por eso debería pensarse en ellos como una infraestructura de salud pública.

Todas las personas deberían poder respirar aire puro. Esto debería ser posible también en las grandes ciudades. Los árboles no sólo ornamentan las calles, sino que ayudan en la salud física y mental de sus habitantes.

Su artículo replica el cuestionamiento de la organización The Nature Conservancy: ¿por qué no se incluye esto en la financiación de la salud pública? E incluye datos en base a un documento elaborado por la mencionada organización, en el que se explica con cifras, las razones por las que esto debe hacerse.

Agrega que se tomó como guía Estados Unidos, ya que en ese país, se gasta menos de un tercio del 1 por ciento en presupuesto para mantener y plantar árboles…..Se estima que con 8 dólares por persona al año, como promedio, se podría impedir la perdida de árboles.

En este punto incorporo datos de nuestro país. En junio de 2017, el ministerio de Ambiente y Desarrollo Sustentable de la Nación, junto al ministerio de Educación y Deportes organizaron la campaña “La escuela se planta ante el cambio climático”, en la que distintas escuelas del país plantarían un millón de árboles nativos en el transcurso de un año. En 2018 la provincia de Misiones, por caso, presupuestó un millón de pesos para restaurar y conservar áreas naturales, con este plan.

Otro caso para destacar, es el de la Asociación de Amigos de la Patagonia, como organización sin fines de lucro, desde la ciudad de San Martín de Los Andes -provincia del Neuquén, con el programa ReforestArg, se propone el objetivo de plantar un millón de árboles nativos en la Patagonia Argentina, para devolverle al bosque nativo, la diversidad de especies, y restituir su estructura y composición tal como el ecosistema original.

Continuando con apreciaciones de Mariani, el informe indica que actualmente, las ciudades están gastando menos en cuidar o sembrar nuevos árboles que en décadas anteriores, por eso expresa que la falta o presencia de árboles muchas veces está ligada al nivel de ingresos de un barrio. Esto crea una enorme desigualdad en la salud.

Ella opina que la diferencia en salud no tiene que ver solo con los árboles. Pero los investigadores aseguran que los barrios con menos árboles tienen peores resultados en la salud de sus residentes. De esta manera se puede concluir que la desigualdad urbana puede empeorar los niveles de salud.

Y agrega un dato optimista que debería impulsar a la repetición en nuestras localidades: …Hay otras ciudades, caso de Londres, o países caso de China o Nueva Zelanda, que sí se están preocupando de reforestar en masa.

Volviendo al documento que referencia la arquitecta Mariani, el mismo plantea una serie de consejos que pueden ser usados por el poder público y privado:

  • Implementar políticas que incentiven la siembra privada de árboles.
  • Intercambios municipales que en consecuencia faciliten la colaboración de organismos de salud pública y agencias ambientales.
  • Relacionar el financiamiento de árboles y parques a objetivos y metas de salud.
  • Educar a la población sobre los beneficios en la salud pública, como también sobre el impacto económico de los árboles.

Particularmente para finalizar, sumaré a lo que he transcripto, unos recordatorios, como para que no perdamos de vista algunos beneficios que nos brindan los árboles.

Por ejemplo, en un año, aproximadamente 4.050 metros cuadrados de árboles adultos, absorben el dióxido de carbono que producen tres autos que recorran 41.843 kilómetros en total, y ya sabemos que ese gas es uno de los responsables del calentamiento global del planeta y por lo tanto del cambio climático.

Esa misma superficie plantada con árboles proporciona oxígeno para 18 personas, durante un año.

Una familia puede reducir hasta el 50 por ciento de la energía que proporciona un equipo de aire acondicionado en verano, si disfruta de tres árboles plantados estratégicamente en torno a su hogar, porque refrescan el área.

La mayoría de los árboles jóvenes requiere sólo 57 litros de agua por semana. Con árboles plantados sobre césped, la sombra permite conservar la humedad al disminuir la evaporación por acción del sol.

Si hay árboles en los patios escolares, se reduciría alrededor de un 50 por ciento la exposición a los rayos ultravioleta -cancerígenos en la piel- de parte de los niños que allí se recrean.

Y un aspecto de índole económico, dicen los que saben que una propiedad puede valer hasta un 15 por ciento más, si tiene árboles a su alrededor.

Mucho más se puede agregar, y muchísimo más se puede hacer.

* Prof. Marilina Scarlata, especializada en la Enseñanza de las Ciencias Naturales, directora de divulgación científica de la Asociación de Amigos de Parques Nacionales