Aprenda a escuchar a los niños para detectar el abuso sexual

Paola Andrade, directora de Ecuador Dice No Más, decide comunicar un foro sobre la intervención terapéutica en casos de abuso sexual a niños incluyendo un elemento real: una muñequita pintada de rojo, réplica de la de una niña que, mientras jugaba, representó así su angustia.

María Cecilia López y María Beatriz Müller, psicoterapeutas

A quien no se lo espera, la muñeca le causa rechazo inmediato. Pero a la madre de esa niña la llevó a buscar a una psicoterapeuta que durante cuatro años trabajó con ellas, hasta darles el alta. La especialista en este caso es María Cecilia López, quien junto con su colega María Beatriz Müller participaron la semana pasada en el foro internacional ‘Intervención en crisis’, en el Museo Antropológico y de Arte Contemporáneo, en Guayaquil.

Escuchar durante el juego

El juego postraumático es un síntoma del abuso, que va cambiando a medida que el psicoterapeuta interviene. “Es como una quemadura de primer grado, no puede simplemente quedar así. Las heridas emocionales”, explica López, “son invisibles, pero tienen muchas consecuencias, especialmente si no se elaboran, sino que se reprimen”.

La intervención temprana es fundamental, porque con el tiempo la situación se agrava y profundiza. Müller, presidenta de la oenegé Salud Activa, señala que en la adolescencia en vez de dibujos o juegos hay intentos de suicidio, adicciones, delincuencia, secuelas que no fueron abordadas a tiempo y que requieren respuestas mucho más complejas.

A esto se suma el entorno. “Un niño abusado no es solo un niño, es toda la historia familiar. Las madres protectoras son una segunda víctima: ignoradas por la justicia, nadie les cree, surge la teoría de la falsa denuncia”. Esto, comenta Müller, incrementa el desafío. “Lograr un resultado positivo es un gran triunfo”.

La realidad, dice, es que las madres acuden cuando han pasado por algunas experiencias negativas y los niños están en lo que ella considera ‘terapia intensiva’: a punto de ser revinculados con sus agresores, a quienes a menudo se les suspende el proceso por falta de pruebas. “La sociedad no nos acompaña, no cree en la existencia del abuso sexual; piensa que pasa de vez en cuando, en familias pobres, en hacinamiento; no se da cuenta de que está a la vuelta, mucho más a menudo de lo que imagina”.

Escuchar sin interrogar

En su experiencia, Müller considera que no todos los profesionales están preparados para tratar la problemática del abuso sexual, ni todos quieren hacerlo. Es un compromiso personal. “Personas que se preocupen por el otro, sientan el dolor del otro. Es difícil encontrar buena gente”.

Incluso los psicólogos que no hacen terapia en el consultorio, sino que están en ambientes escolares, deportivos, artísticos y religiosos pueden hacer algo. “Detectar, intervenir, derivar y hacer seguimiento. Y cuidar de que, dentro de ese entorno, el niño no sea estigmatizado ni revictimizado”.

Sin embargo, enfatiza, hay que evitar la sobreintervención. “No se puede preguntar veinte veces lo mismo: qué te hizo, cuándo fue, dónde fue”.

Así que el primer paso es aprender la escucha adecuada, que en cada lugar (escuela, consultorio psicológico, hospital, comisaría) será diferente, pero tiene una cualidad invariable: no es un interrogatorio. Hay que oír lo que el niño quiera decir. “A lo sumo se puede pedir aclaración, pero no inquirir”. Esto incluye observar síntomas (que maestros, médicos y otros líderes deben dominar) y recabarlos para poder reportar.

“El abuso sexual es como un balazo en el aparato psíquico. ¿En qué parte del alma quedó? El abusador no ve al niño como una persona, sino como un objeto sexual; es a nosotros, a los adultos responsables, a quienes corresponde ver a los niños como seres humanos”. María Beatriz Müller

La escucha debe ir seguida por la intervención (salud, psicología, protección), la denuncia y la recuperación.

Búsqueda de profesionales

Esta escucha se vuelve mucho más detallada en el consultorio psicológico. El niño nunca dirá directamente lo que le pasó. María Cecilia López expresa que la manera de conversar con los pacientes menores nunca debe ser directa ni en primera persona (¿Qué te han hecho?). En la terapia de juego, por ejemplo, se dirigen las preguntas a un juguete. “El niño proyecta su mundo interno en el muñeco y le pone voz”.

Muchos profesionales no manejan esta técnica de diagnóstico y tratamiento que parece tan simple, así que una de las metas de López es formar terapeutas del juego enfocados en niños con trauma por abuso sexual.

Etapas del tratamiento

López explica lo que ocurre en el proceso de un niño que recibe terapia del juego, hasta su recuperación. A esto se llama elaborar el trauma.

El niño llega a consulta y se niega a hablar, tiene miedo; el profesional puede observar indicadores emocionales y físicos.

El niño se anima a jugar. “Generalmente, destruye juguetes. Es una catarsis. Se conecta con su ira y la expresa a través de los muñecos. De lo contrario, a futuro, la manifestará con sus compañeros, y más adelante se convertirá en un adulto golpeador”. Puede reírse mientras lo hace. Es su manera de disociarse y contar lo que le está pasando. “No hay que temer a esa bronca en los niños; es lo que les permite separarse del abusador, verlo como realmente es”. Desde la terapia no se incentiva el perdón, porque causa culpa en la víctima. “El que tiene que pedir perdón es el agresor. Y no lo hará”.

El niño se tranquiliza, está más feliz. Empieza a entender, por ejemplo, por qué la mamá no pudo defenderlo. “Ese es otro problema, el niño piensa que mamá no quiso protegerlo, cuando ella –probablemente– fue también engañada por el abusador”.

Reaprender el afecto

A medida que crecen, los niños manejan diferentes herramientas emocionales, así que la terapia, resume Müller, requiere esperar a que se produzcan las distintas fases del crecimiento. “Encajar todo esto dentro del alma del niño es muy difícil”. Tiene que soltar ciertos conceptos (como la imagen ambivalente de un progenitor que no protege, sino que maltrata) y aprender a diferenciar lo bueno de lo malo, lo que es amor y lo que no lo es.

“La secuela es tan grande, si no se interviene, que es posible vivir una vida terrible sin darse cuenta de la raíz del problema: un abuso no elaborado que surge a través de conductas y situaciones que repetimos de adultos”.

Fuente: El Universo (Ecuador).-