Crónica de un Agosto furioso para Bolsonaro

En estos momentos, escuchar a Chico Science haría bien. “Una cerveza antes del almuerzo es muy buena para poder pensarlo mejor”, cantaba en su canción A Praieira. Sin embargo, Bolsonaro optó por otra bebida y otros condimentos.

Crónica de un Agosto furioso para Bolsonaro

Luego de tomarse una caipirinha de ají putaparió en las arenas de  Barra de Tijuca – playa icónica de Rio de Janeiro –  circundado de paramilitares, el Capitán Maluco lanzó todo su fuego característico, el cual no sólo tuvo como víctima a la Amazonia. Un fuego cruzado, convertido en un anillo alrededor del Brasil, que tuvo destinatarios diversos que fueron desde Alberto Fernández a Brigitte Macron…y a sus eternos enemigos comunistas.

Si bien ambos personajes cayeron en su línea de fuego por causas diferentes, analizaremos cómo las acciones de Bolsonaro contribuyen a algo inédito en la historia de la política exterior brasileña: el aislamiento del gigante sudamericano.

Elecciones Argentinas y la amenaza ‘da esquerdalha’

El resultado de las primarias argentinas supuso un revés geopolítico regional, especialmente para el líder brasileño. La diferencia entre la fórmula de Alberto y Cristina Fernández de 15 puntos sobre la de Mauricio Macri y Miguel Ángel Pichetto causó incertidumbre en el escenario tanto argentino como regional.

En la víspera electoral, como también mucho antes, Bolsonaro expresó fervientemente su apoyo a Mauricio Macri de cara a su reelección. Continuando con su retórica del “terror comunista acechando a Latinoamérica y suprimiendo libertades”, como también la apelación a que un gobierno de Fernández supondría una amenaza para el sur de Brasil debido a que causaría una crisis migratoria, similar a la que vive el estado boreal brasileño de Roraima por la crisis venezolana. Algo así como el “Día de la Marmota”, otra vez Venezuela en boga por cuestiones electorales.

El fuego cruzado con Alberto Fernández no solo supone torpezas diplomáticas, sino también una intromisión en los asuntos internos de un país, de gran peso por ser uno de sus principales socios comerciales. Esto es el punto central de la discusión. Frente al fantasma de la recesión de Brasil, la incertidumbre causada por el proceso electoral en Argentina afecta directamente a la economía brasileña, dado que ante la debilidad económica argentina, cada disminución del 5% en la producción industrial argentina significa una reducción del 0,2 por ciento de su PBI. Esto en un contexto de una gran volatilidad económica global dado el recrudecimiento de la guerra comercial entre Estados Unidos y China, un fenómeno que estimuló la fuga de capitales del mercado de valores. En lo que va del año, han salido 460 millones de dólares de inversores extranjeros, su mayor volumen desde 1996.

Por su parte, desde un punto de vista político, la posibilidad de revisión del acuerdo Mercosur-Unión Europea por parte de un posible gobierno peronista, complicaría la inmediata aprobación del mismo como espera Bolsonaro y su ministro de economía Paulo Guedes. Esto sin contar la nueva diagramación de fuerzas del parlamento argentino en diciembre de este año.

Las tensiones con el candidato del Frente de Todos trajeron consigo réplicas dentro de los aliados del Capitán Maluco. El gobernador del estado de San Pablo, Joao Doria (Psdb), instó a “no dar la espalda a la Argentina” y se diferenció de Bolsonaro. Esto radica en la importancia comercial del lazo con nuestro país para la industria paulista. No obstante, este distanciamiento se suma al de los aliados bolsonaristas como los partidos Novo y Democrátas.

Guerra comercial Estados Unidos y China: el desequilibrio de un triángulo

El recrudecimiento de la guerra comercial afecta como ya vimos el escenario económico de Brasil. Junto a la Argentina, Estados Unidos y China completan la tríada de los principales socios comerciales del país. El 30 por ciento de las exportaciones brasileñas tienen como destino China, el 20 por ciento Estados Unidos y sólo el cinco la Argentina. Es por eso que quizás, Bolsonaro debiera preocuparse más por lo que pase del otro lado del Atlántico y del mundo, que lo que sucede con la elección de Fernández y cómo afecta a su economía.

El gobierno brasileño supuso que la aprobación de las reformas en materia laboral y previsional, en conjunto con la ley de tercerización laboral ubicarían a Brasil en el radar de inversionistas. Sin embargo, ni el plan reformista ni tampoco el programa ambicioso en materia de privatizaciones atrajo inversiones al país. La propia incertidumbre de la economía global, hoy marcada por la desaceleración de la economía china y la posible entrada en recesión técnica de Alemania, afecta a mercados como el de Brasil que hoy sufrió una devaluación que llevó al dólar a 4,20 R$.

La política exterior del Capitán Maluco rompió con el pragmatismo característico de la política externa brasileña, tiñendo de ideología los vínculos, y continuando con la vertiente trumpista de romper con la multilateralidad. Es así como su discurso electoral en contra del Mercosur trajo tensiones con el gobierno de Macri, a pesar de que luego buscó fervientemente el acuerdo con la Unión Europea.

No obstante ello, Brasil a diferencia de la Argentina continuó desde varios años el mismo pulso en política exterior. Este no establecía un alineamiento automático a ninguna potencia hegemónica – Estados Unidos o China, o Estados Unidos y la Unión Soviética durante la Guerra Fría – sino que mantuvo su inserción inteligente como potencia regional que aspiraba a un rol relevante a nivel global. Esto se ha visto en el marco del grupo Brics (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica) en los años anteriores durante la gestión del Partido de los Trabajadores.

Fuego encima de todo, extractivismo encima de todos: Arde la Amazonia

Mientras Bolsonaro maldecía por la elección de Fernández, el bosque tropical de mayor biodiversidad del mundo ardía detrás del manto de silencio del Planalto. Las alarmas recién se encendieron en la prensa mundial cuando el humo llegó a San Pablo. Ya el interior amazónico se encontraba escondido por la nube espesa proveniente de los incendios, y los medios de comunicación no podían ya ocultarlo. Caía la noche sobre Brasil.

El pasado 10 de Agosto un grupo de 70 personas – entre ellos terratenientes, productores rurales, sindicalistas y comerciantes – de las ciudades de Altamira y Novo Progresso del Estado de Pará acordaron, a través de un grupo de la plataforma Whatsapp, el “Día del fuego” a fin de incendiar, los márgenes de la carretera BR-163 que conecta la zona con el Estado de Mato Grosso y el puerto fluvial del rio Tapajos. Este incendio pretendía ser una medida de apoyo a las políticas de flexibilización ambiental en pos de la deforestación de la región, fomentada por Bolsonaro desde la campaña, y que eliminaban las sanciones a las empresas que operaban en la zona.

Desde la llegada del Capitan Maluco al Palacio de Planalto, se registraron 76.720 focos de incendios, 85 por ciento más que en 2018, viéndose un aumento del 34 por ciento en Mayo, 88 por ciento en Junio y 212 por ciento en Julio, con el factor agravante del período de sequía vigente.

A fin de retribuir el apoyo del sector rural, Bolsonaro fomentó la ocupación ilegal de los terrenos y recortó el presupuesto para el área de Medio Ambiente, desfinanciando al Instituto de Medio Ambiente y de Recursos Naturales, como así limitó el accionar del Instituto Chico Mendez para la Conservación de la Biodiversidad. Sin embargo, el Capitán Maluco siempre se encuentra amparado y protegido por la Esfinge de Hielo justiciera que es el juez Sergio Moro, devenido en su ministro de Justicia.

Luego de que el ministerio Fiscal Federal del interior del estado de Pará alertó sobre los riesgos del “Dia del Fuego”. Existen documentos que notifican que el fiscal Paulo de Tarso Moreira Oliveira le comunicó al Ibama sobre los planes delictivos, aunque éste le contestó que no podía accionar debido a la falta de seguimiento de la Policía Militar de Pará, y porque la Fuerza Nacional de Seguridad, bajo las órdenes de Moro, habían hecho caso omiso al llamado. Todo conjuga con todo, y el articulado diverso que orquestó el impeachment de Dilma Rousseff hoy se cristaliza en este modelo extractivista que encabeza Bolsonaro.

Ante este panorama crítico, la crisis ambiental global le sirvió de excusa a Emmanuel Macron para llevar a la mesa de debate de la cumbre del G-7 en la localidad francesa de Biarritz. Aunque el aspecto más destacado, fue su audacia  para suspender el acuerdo Mercosur-Unión Europea que pone en jaque al gobierno francés debido a su riesgo de confrontar con el sector agrícola francés de gran peso. De hecho Irlanda apoyó la moción francesa, y afirmó votar en contra del acuerdo. Esto trajo un aumento de tensiones entre el gobierno francés y el brasileño, que derivó a la bizarra burla de Bolsonaro a la primera dama francesa, Brigitte Macron.

Este torpe episodio llevó a que la ayuda financiera proveniente del G7 de 20 millones de dólares serían rechazados porque “es una violación a la soberanía brasileña sobre la Amazonia”. Un aspecto que es considerable, pero que a su vez la misma política bolsonarista se contradice con la apelación soberanista de su discurso. Las tensiones fueron tales que Noruega y Alemania congelaron sus fondos para la preservación de la Amazonia, correspondiente al Fondo Amazonia. Aunque es cuestionable la postura europea, ligada a sus intereses sobre la Amazonia. De hecho, como explica el ex ministro de Asuntos Estratégicos Roberto Mangabeira Unger en su columna de opinión del New York Times, si realmente procuran una acción proactiva como política ambiental global, éstos deben articular – en caso de un rechazo por parte del gobierno nacional – con los gobiernos estaduales, municipales, instituciones ligadas a la investigación, para acudir a la preservación del bosque tropical y su biodiversidad.

Lo cierto de este agosto furioso del Capitán, es que Brasil se encuentra a las puertas de un proceso de aislamiento internacional que se vislumbró en las intenciones europeas de aplicar sanciones económicas al gigante sudamericano, especialmente porque Brasil no cumplió con su promesa de mantener sus compromisos medioambientales en aras de firmar el acuerdo Mercosur-UE. Más allá de que la presión internacional produjo que Bolsonaro envíe al ejército para el combate de los incendios en la Amazonia, en un acto de demostración de su compromiso. Esto se suma a la torpeza diplomática de radicalizar su discurso ideológico para entrometerse en asuntos internos de un país – como las elecciones primarias en nuestro país – lo que genera una mayor incertidumbre sobre la relación Brasilia-Buenos Aires en un eventual gobierno de Alberto Fernández, siendo su tercer socio comercial.

Las tensiones dentro del gobierno del Capitán Maluco crecen, y algunos aliados comienzan a distanciarse de las decisiones de Bolsonaro. El modelo extractivista llevado a cabo aún no encuentra buenos resultados para la inserción de Brasil en el mundo de hoy, lo que en consonancia con la incertidumbre financiera global vigente, no genera confianza alguna para inversores hacia el mercado brasileño.

Brasil, es un país de contraste, que cruje y que atraviesa una paradoja constante. Su nombre deviene del Palo Brasil, un árbol tropical codiciado por los europeos conquistadores que contribuyó a su industria textil, dado su resina rojiza. Tal fue su codicia que los portugueses debieron negociar con las tribus indígenas que habitaban las áreas ricas en dicho árbol, y tal fue su codicia que la explotación masiva terminó decretándolo en peligro de extinción. Quizás Brasil, tan antropofágico y caníbal como lo es, hoy se esté devorando a sí mismo, tal como lo experimentó el árbol que le dio su nombre. Quizás Bolsonaro, sea la expresión de ello.

Por Ignacio Dangelo Santo, analista político internacional, para Redacción AIM.