Cumplió un año la primera escuela sustentable de Argentina

“A las plantas las tenemos engañadas”, dice con frescura Salvador y señala un brote de guayaba y el enorme banano que corona el nutrido invernadero al frente del edificio. “Porque están en un clima que no es el de acá”, completa la explicación Iván, su compañero. Y, efectivamente, la escuela primaria 12 de Mar Chiquita genera un clima único, no sólo por la temperatura.

Es la segunda de Latinoamérica y tiene 80 alumnos

Los chicos, alumnos de quinto y sexton grado, prolijos en sus guardapolvos blancos, se presentan como “mejores amigos”, y al describir las características de su escuela, irradian un entusiasmo que contagia. Es que desde hace un año cursan en la única escuela del país que funciona en un edificio completamente sustentable erigido mediante un probado método de construcción.

Es así que aquello que los impulsores de la ONG uruguaya Tagma anticiparon en los dos meses que duró la construcción (participaron 200 voluntarios de distintos países) y que el mismo arquitecto que diseño y dirigió la obra, el estadounidense Michael Reynolds, describía en esos días, la comunidad educativa de la primaria 12 lo experimenta diariamente.

“Ves -abre Iván una compuerta en la pared de su aula, y deja a la vista la boca de un caño de 40 centímetros de diámetro-, como la pared da al sur, y ya sabemos cómo refresca nuestro viento sur, cuando hace calor abrimos acá y regulamos la temperatura de nuestro ambiente”. El frente del edificio da al norte y recibe sol pleno a través de su frente vidriado.

De este modo regula la temperatura de su propio ambiente, que mantienen, compuertas y claraboyas mediante, entre 18 y 25 grados, y así cumple una de las seis premisas de una construcción sustentable: no recurrir a fuentes de calefacción o refrigeración artificiales.

Y con las demás: utiliza energías renovables; cuenta con paneles fotovoltaicos que aportan toda la energía eléctrica que consume el edificio; capta el agua de lluvia, la guarda en una decena de tanques que completan 28 mil litros y la reutiliza mediante un sistema de distribución que la filtra y la limpia, se usa en las piletas de los baños, recorre y riega el invernadero y una huerta; da refugio; produce alimentos; y fue construida con materiales reciclados.

Para contar cómo, los chicos prefieren mostrar “La ventana de la verdad”. En el extremo izquierdo del edificio, una abertura deja al descubierto lo que hay dentro de las paredes y qué materiales conforman la estructura. Hay amuradas latitas, ruedas de auto, botellas, una muestra de lo que se uso en total: mil cubiertas de auto rellenas de tierra y piedras, 15 mil latitas de aluminio, cuatro mil botellas de vidrio y 2 mil plásticas y 2 mil metros cuadrados de cartón. El resto, madera y cemento.

La directora Florencia Capornio recorre cada día los 35 kilómetros que separan de Mar del Plata de Mar Chiquita para ejercer el cargo que tomó hace dos meses. Habla de un cambio radical de su rutina. “Llego ocho menos diez y me reciben las gaviotas, este aire, es algo increíble. Y luego está esta escuela, una escuela que se vive, la viven los chicos, que demandan aprendizaje, los maestros y la comunidad”.

El mayor colaborador para financiar este edificio “vivo” fue Unilever a través de su marca Ala como parte de su programa de apoyo a la educación. Además, participan DirecTV y Disney con proyectos y contenidos educativos. La escuela es pública multigrado y tiene una matrícula de 80 alumnos de entre seis y 12 años.

“El edificio le dio su impronta a un proyecto institucional que la escuela venía desarrollando”, explica la directora. Los alumnos, que hasta el año pasado cursaban en un edificio que da sobre la ruta 11, ya eran “custodios del territorio”, un programa de conservación de la flora y fauna del lugar, y participaban, como en estos días, de talleres de sustentabilidad

El equipo de Tagma, la organización uruguaya que promovió el arribo de Earthship Biotecture, la empresa de Reynolds, y la construcción en 2016 de la primera escuela sustentable en América del Sur en el balneario Jaureguiberry de Uruguay, a un año de la inauguración de la escuela argentina se muestra más que satisfecho con los resultados. “Se trata de un herramienta pedagógica muy poderosa”, apuntó Martín Espósito, de la ONG.

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