Detalles de un año magro para la cosecha entrerriana

Las cosechas de los principales monocultivos fueron fuertemente afectadas por las sequías de principios de año, y por las copiosas precipitaciones de mayo. “Entre maíz y soja se perdieron aproximadamente dos millones de toneladas”, explicó a AIM Pablo Fontanini, ingeniero agrónomo de la Bolsa de Cereales de Entre Ríos (Bolsacer).

El 2018 es un año de grandes pérdidas para el agro de Entre Ríos. La soja fue el cultivo más afectado, dado que, de acuerdo a un informe reciente de la Bolsacer, sufrió una caída de aproximadamente el 65 por ciento en su producción (de tres millones de toneladas cosechadas en 2017, se pasó a un millón de toneladas el presente año).

La causa: las inclemencias climáticas

Estas pérdidas fueron consecuencias de los vaivenes climáticos sufridos desde inicios del 2018, donde, explicó Fontanini, “se pasó de una sequía extrema a una situación de excesos hídricos”.

“Si se tomara una serie histórica de varias localidades, y se sumara el acumulado que debiera haber llovido en los tres primeros meses, daría como resultado uno de los registros de precipitaciones más bajos de los últimos 50 años. Fue una seca muy importante, que perduró hasta mediados de abril, donde comenzaron a registrarse precipitaciones. Para la primera semana de mayo, en cambio, las lluvias fueron tan abundantes que triplicaron lo esperado”, detalló el ingeniero agrónomo.

En números (y dinero)

Fontanini lo resumió de forma concisa: “Entre maíz y soja se perdieron aproximadamente dos millones de toneladas”.

Para explicarse, discriminó por tipo de siembra. Con respecto a la soja, contó que, “en 2017, y luego de una muy buena campaña, Entre Ríos produjo 3.380.885 toneladas, con un rendimiento promedio de 2.821 kilos por hectárea (y sobre una superficie total de 1.198.400 hectáreas). Este año, el rendimiento de la soja en la provincia fue de mil kilos por hectárea, es decir 1.800 kilos por debajo del año pasado.”

En cuanto al maíz, “se obtuvo un rendimiento de 1.165.690 toneladas, es decir, 4.800 kilos por hectárea, mientras que en 2017 las cifras fueron de 1.573.690 toneladas totales, y 6.600 kilos por hectáreas. Es decir, que se perdieron dos mil kilos respecto del año pasado.”

Llevado a dinero, da un total aproximado de 650 mil millones de dólares menos. “Y esto es solamente en maíz y soja, porque debe considerarse que el sorgo, que aún no se cosechó, también resultó afectado”, agregó Fontanini.

Lo que espera al productor

El pasivo que va a enfrentar el productor entrerriano sería de aproximadamente 150 millones de dólares. Es un valor que surge de la resta entre los 2.200 kilos por hectárea proyectados al momento de sembrar la soja, y las cifras reales, que fueron de mil kilos por hectárea. Resultado: 1.200 kilos de pasivo.

“Son datos que se sabrán cundo termina la cosecha, pero el productor de Entre Ríos quedará con un pasivo de 150 millones de dólares en monocultivos”, remarcó Fontanini.

Y, como si fuera poco, al productor le queda por delante “juntar el dinero para la próxima campaña”. “Este endeudamiento, en un marco de un pasivo tan grande, es difícil de soportar para el productor, porque no tiene herramientas financieras acordes”, agregó.

Sin embargo, para dar un cierre optimista, señaló que “el cambio en las reservas hídricas, de sequía a excesos, es muy bueno para el trigo, porque arrancará su crecimiento con el tanque lleno de agua. Hay buena intención de siembra, y el precio a futuro es relativamente bueno, lo cual es un incentivo para el productor.”