El crimen de Lola

Los abogados de la familia de Lola Chomnalez, jovencita argentina asesinada  en las playas de Rocha, Uruguay, destacaron la solidez jurídica del pronunciamiento fiscal. 

En abril de 2015 una mujer habló al ministerio del Interior desde  el teléfono público que había en la plaza Cagancha de Montevideo  y denució que “El Cachila” un cuidacoches de Rivera, tenía relación con el crimen de Lola Chomnalez.

Cuatro años y medio más tarde, el fiscal de Rocha, Jorge Vaz, comprobó que la información anónima era veraz y solicitó a la Justicia el procesamiento con prisión del hombre como coautor de un delito de homicidio muy especialmente agravado. Es que la Fiscalía comprobó que después del deceso de la joven se le hurtaron $ 2.400 de su monedero.

La Fiscalía solicitó la medida cautelar de prisión porque, en caso de que “el Cachila” regresara a Rivera, podría haber riesgo de fuga.

Luego de la llamada anónima  de abril de 2015, el nombre del “Cachila” fue suministrado a quien era el investigador del caso, Líber de los Santos, que solicitó la detención del cuidacoches

El “Cachila” declaró: “Yo estaba ahí cuando la mataron pero yo no fui”. Ante la jueza de Rocha, Silvia Urioste y el fiscal Rodolfo Morosoli -ambos fueron trasladados a Montevideo meses más tarde -, “el Cachila” cambió por lo menos tres veces su relato. Urioste determinó que se le realizara una prueba psiquiátrica. Esta concluyó que el indagado era un mitómano (mentiroso compulsivo), pero era consciente de sus actos.

Salvo su testimonio, no había pruebas objetivas   que determinaran que estuvo en la playa de Valizas, en Rocha,  a fines de 2014.

Además, la Policía estableció que la llamada telefónica realizada desde el teléfono público de Plaza Cagancha había sido hecha por una mujer que mantenía una relación sentimental con una expareja del “Cachila”.

Urioste también pidió al Instituto Técnico Forense (ITF) que efectuara una prueba de ADN al cuidacoches con una muestra de sangre encontrada en la toalla de Lola. Ese ADN es de un hombre. Como el cotejo dio negativo, “el Cachila” fue liberado por falta de pruebas.

En febrero de 2019, asumió Jorge Vaz como titular de la Fiscalía de Rocha. Vaz leyó el expediente de más de 5.000 hojas y decidió que “el Cachila” tenía que volver a declarar como indagado y “el Conejo”, un changador de Valizas, debía ser citado como testigo. “El Conejo” quedó libre ayer tras declarar durante tres horas.

El dictamen fiscal señala que “el Cachila” fue el último que vio con vida a Lola y también estuvo con ella luego de su muerte.

Vaz expresa que surge de las investigaciones judiciales que el domingo 28 de diciembre de 2014, “el Cachila” -en compañía de otra u otras personas no identificadas- salió de Aguas Dulces con destino a Valizas caminando por la playa.

“Me peché con ella. Ella venía por la playa caminando, yo iba para Valizas y ella iba para el otro lado. Yo venía de Aguas Dulces”, declaró.

Dijo que le ofreció estampitas. Dos mujeres, la pareja del “Cachila” y la tía de esta, corroboraron en la Justicia que el indagado vendía estampitas en la época. Luego, “el Cachila” y su/sus acompañantes obligaron a Lola a salir de la playa con dirección a la zona boscosa detrás de los médanos, “probablemente con un móvil sexual”.

Las coincidencias

Lola presentaba dos heridas de cuchillo en el brazo derecho y un golpe en su frente. Las heridas pudieron provocársele para obligarla a ir hasta el monte, según dijo en el Juzgado de Rocha un investigador policial, lo que el fiscal reprodujo en su acusación.

“El Cachila” declaró que estuvo con Lola en un lugar con pasto, debajo de unos árboles. “Estábamos sentados abajo de un árbol, en un pasto no en tierra”, dijo ayer. Según expuso el fiscal “el cuerpo estaba dentro de una especie de “cueva” natural formada por los arbustos del lugar contra la duna de arena. Afuera de esa “cueva” existía un árbol de acacia que sobresalía en la vegetación de la zona. Había pasto afuera de la “cueva”, no arena” por lo que el hecho de que “El Cachila” haya manifestado que estaban en el pasto “es un dato no menor en una zona adonde lo que predomina es la arena, y la acacia existente sale de lo común en la vegetación allí existente”.

“El Cachila” también expresó que la joven tenía una botellita con agua, dato que más tarde fue confirmado por la madrina de Chomnalez. Agregó que en la zona pastaban varios caballos, lo cual fue confirmado por productores de Valizas.

Según el pedido de Vaz, las coincidencias no terminan ahí: el cuidacoches testificó con detalles el color y los tiradores de la mochila que llevaba Lola: negros.

Pero uno de los puntos más impactantes para el fiscal del relato del acusado fue el siguiente: “Yo le pregunté (a Lola) qué tenía y me dijo que se sentía mareada. Ahí se sentó y cayó de rodillas”. El conocido forense Guido Berro concluyó que Lola estuvo de rodillas cuando ya había sido apuñalada y cortada en el brazo derecho.

Días más tarde, “el Cachila” tuvo un gran cambio de comportamiento, según testificó su entonces pareja. El acusado vendió todos sus objetos y volvió a Rivera.

El fiscal señala en su acusación que una perito semióloga determinó que en todas las ocasiones que se le preguntó al cuidacoches sobre el homicidio de Lola “no fue veraz” y sí respondió con la verdad cuando fue indagado sobre temas banales. La perito, en sus conclusiones preliminares, expresó que en las preguntas que situaban al cuidacoches en el lugar de los hechos demostró “una gestualidad restrictiva” de situaciones que no quería detallar o responder y reveló aspectos de “preocupación y estrés” creados por su vivencia y no por el interrogatorio en sí.