El día que Kurt Cobain castigó a Argentina

Es viernes 30 de octubre de 1992. Nirvana se atraganta de popularidad y está sentado cómodamente en la cima del grunge, ese movimiento que se interpuso entre las bandas metaleras y la audiencia.

Kurt Cobain de Nirvana

Se celebra el Festival Rock & Pop y es momento de tocar en el Estadio de Vélez Sarsfield de Buenos Aires, Argentina. De los espectaculares cuelgan mantas blancas patrocinadas por Coca-Cola y BMG acompañando la imagen de la celebérrima portada azul del Nevermind, disco que ha vendido al momento cinco millones de copias. Una locura en los tiempos dominados por las ilusiones de Guns N’ Roses y las serpientes de Metallica.

Kurt Cobain, Dave Grohl y Krist Novoselic han aterrizado en Ezeiza un día antes. Con ellos llegan Courtney Love (esposa del vocalista desde el 24 de febrero), unas 15 personas que forman parte del staff del tour y una banda telonera femenina llamada Calamity Jane.

Las chicas de apertura arrancan su intervención y la gente comienza a abuchear y a desesperarse. La urgencia por ver a Nirvana pone los nervios de punta y la clásica escena de repudio hacia los grupos teloneros llega a Vélez. A estas amigas de Courtney Love les llueven desde pedazos de comida hasta pilas. Un caos que, al final, disuelve esta paliza con un adiós incómodo para una agrupación que ni la debía ni la temía.

Por fin, Nirvana aparece en el escenario para comenzar con “Nobody Knows I’m New Wave” y “Aneurysm”.

De pronto, los primeros acordes de “Smells Like Teen Spirit” se escuchan, la gente se vuelve loca y todo es interrumpido súbitamente a los pocos segundos. La banda cambia a “Breed” ante el desconcierto de los argentinos y sigue con la carretilla de temas diversos durante una hora y 24 minutos. Pero el éxito esperado nunca suena.

Tras el encore llega “All Apologies” y finalmente el cerrojazo se da con “Nameless, Endless”. La gente grita una y otra vez “¡Nirvana no se va!”, pero no hay más.

Es sábado 31 de octubre. En el piso 22 del hotel Sheraton, Cobain concede una sola entrevista. Fumando Marlboro Light y con una expresión muy seria, el músico habla del inesperado éxito de Nevermind, de su gran admiración hacia Michael Stipe, de su preferencia por tocar en clubes pequeños y de cuánto extraña a su hija recién nacida, Frances Bean Cobain.

La pregunta incómoda tiene que darse y el periodista argentino pone la bola en juego. Sin inmutarse, Kurt simplemente responde que el haber omitido “Smells Like Teen Spirit” ante un estadio repleto se debe a las agresiones de la gente hacia la banda telonera. A partir de los hechos, Cobain ha querido castigar a los pamperos.

Los expertos, e incluso el propio Kurt en entrevistas posteriores, coincidirán en que este show de Nirvana en Buenos Aires merece ser considerado el peor en la carrera de la agrupación. En consecuencia… es un concierto aparte, un recital diferente a todos los demás, una noche inolvidable.

Radiolaria.-