El genocidio de América-Abya Yala

Con la llegada  fortuita de las carabelas de Colón a las Antillas en 1492, se inició el mayor genocidio conocido en la historia, en que perecieron  posiblemente entre 60 y  90 millones de personas, habitantes de un continente poblado desde miles de años antes, cuyo desarrollo cultural y material se quebró desde entonces.

El “Descubrimiento de América”, fue para los pueblos originarios y para la historia universal, una invasión seguida de una masacre.

Un imperio europeo en formación,  basado en un criterio racionalista que implicaba la cosificación de la naturaleza y del hombre,  en el etnocentrismo y la codicia, arrasó y unció al yugo a una cosmovisión tradicional que a pesar de todo no murió. Hoy, quizá ante la evidente declinación de las energías imperiales, los pueblos originarios están perdiendo el miedo y vuelven por lo suyo, por su ser propio, sus modos de ver y de hacer que supieron mantener en secreto a veces con peligro de muerte.

El “Descubrimiento de América”,  fue para los pueblos originarios y para la historia universal, una invasión seguida de una masacre. Con toda razón, los judíos llaman shoá, holocausto,  a la terrible experiencia a que los sometieron los nazis en Europa. Pero visto de otro lado, los palestinos llaman “nakbah” a la creación del estado de Israel en su territorio, un desalojo,  una invasión, una masacre.

El poder europeo en América, que hasta hace poco no parecía tener oposición, fue aculturación,   destrucción de las economías autóctonas, apropiación de naturaleza y hombres, todo tratado al modo de cosas, sin importar las leyes que venían de Europa

El oro y la plata, las materias primas como el azúcar, fueron llevadas a Europa, donde sirvieron para sostener el comercio con China y para formar un grupo extraordinariamente rica de banqueros, el inicio de la especulación financiera de gran nivel.

Cuando los hijos de europeos nacidos en América lo creyeron necesario, impulsados por su propia conveniencia   y la del imperio británico, se independizaron de una España debilitada, pero dejaron afuera a los pueblos originarios, y continuaron el proceso de matanzas, expropiaciones  y persecuciones.

Pero las viejas culturas, los símbolos, los ritos, los lenguajes, el amor a la tierra  y el respeto por la vida comunitaria continuaron entre los nativos,  y hoy reaparecen en medio de la desconfianza  y el temor de los europeizados, que nacieron acá pero no son de ninguna parte, no tienen raíces.

Hay entre  50 y 60 millones de habitantes originarios en Nuestra América. En Bolivia, Perú, Guatemala y Ecuador la población es mayoritariamente indígena, en  México y Honduras y el conjunto del subcontinente, el mestizaje es claro a pesar de las afirmaciones de nuestros escritores  y presidentes de que todos somos de origen europeo o todos descendimos de los barcos.

El 12 de octubre de 1492 se inició un gigantesco genocidio. Por eso, en el “día de la raza”, donde no hubo encuentro de culturas sino avasallamiento,  no hay nada que celebrar, como no sea la destrucción de   pueblos.

Según definió la Corte Penal Internacional en 1998, para que exista genocidio se necesita el cumplimiento de alguno de estos puntos:

  1. A) Matanza de miembros del grupo.
  2. B) Lesión grave a la integridad física o mental de los miembros del grupo.
  3. C) Sometimiento intencional del grupo a condiciones de existencia que hayan de acarrear su destrucción física, total o parcial.
  4. D) Medidas destinadas a impedir nacimientos en el seno del grupo;
  5. E) Traslado por la fuerza de niños del grupo a otro grupo.

En cuanto al punto A, son  ejemplos  los nativos de Entre Ríos en el cerro de la Matanza  y de los charrúas en el arroyo Salsipuedes. Hay centenares más, como la matanza deliberada de búfalos en las praderas norteamericanas para dejar sin recursos a los sioux, la “conquista del desierto”, el arreo de miles de quechuas y aymaras atados  unos con otros a las bocas de las minas de  Potosí, donde revoloteaban las aves carroñeras, etc, etc.

  1. B) La destrucción de su hábitat, la obligación de vivir en poblados donde se sentían presos y se suicidaban, el Código Negro haitiano, la obligación de vestirse de acuerdo con la raza atribuida, la prohibición de  usar los idiomas nativos, etc, etc.
  2. C) Los llamados “indios sumisos” debían aceptar condiciones de vida incomprensibles para ellos, además de reverenciar a dioses ajenos y extraños y trabajar como esclavos dentro de las mitas, las encomiendas o el yanaconazgo.
  3. D) Las campañas de esterilización masiva con el fin de exterminar poblaciones enteras se está dando ahora en todo el mundo, también en la Amazonia, la región menos poblada del mundo, con el argumento de que hay que el problema fundamental es el exceso de población del planeta.

Posiblemente los nativos de la Patagonia fueron exterminados con veneno, como notan algunos que advirtieron  cómo se enfermaban  los onas  y cómo volvían muy mermados en número de las deportaciones. La finalidad era librar sus tierras a las ovejas de los  “conquistadores”.

  1. E) Traslados forzados ha habido muchos. Por uno de ellos se llama “Quilmes” una ciudad al sur de la Capital Federal. Los quilmes eran naturales del noroeste, y como castigo por una rebelión fueron trasladados caminando desde Jujuy a Buenos Aires. Establecieron a los pocos que llegaron vivos en Quilmes, Buenos Aires.

El lingüista búlgaro nacionalizado francés Tzvetan Todorov, usa abundantemente  “genocidio” en su  obra.   Cita este relato del obispo Diego de Landa . “El capitán Alonso  López de Ávila  prendió una moza india  y bien dispuesta   y gentil mujer, andando en la guerra e  Bacalar. Esta prometió a su marido, temiendo que en la guerra lo matasen,    no conocer otro hombre sino él,   y así no bastó persuasión con ella para que no se quitase la vida para no quedar ensuciada  por otro varón, por lo cual la hicieron aperrear” .

Aperrear significa  hacerla devorar por perros amaestrados con ese fin, propios para cazar esclavos fugados.

Todorov dice que pretende que no caiga en el olvido este relato “ni otros miles más del mismo tenor”.

De la Redacción de AIM.