El núcleo duro de Macri se entusiasma por la marcha convocada en las redes sociales

La convocatoria surgió a través de internet. El Presidente pidió estar presente y por eso abrieron las vallas de la plaza. “Podemos ser mejores”, gritó desde el balcón de la Rosada hasta donde se trasladó al informársele de la concurrencia. 

Mauricio Macri lo necesitaba. Su núcleo duro, también. Tanto el Presidente como sus votantes incondicionales querían encontrarse y darse aliento mutuo, tras el derrumbe de las Paso. Ambos pretendían recuperar la energía y el entusiasmo que sentían en 2015: buscar que, otra vez, se puede ganar. Ese fue el principal hit espontáneo de la tarde-noche: ¡sí, se puede; sí, se puede! Para las miles de personas que marcharon ayer por la tarde a la Plaza de Mayo en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, en su mayoría de clase media alta y un promedio de edad que pasaba los 50, los últimos cuatro años no alteraron ni un milímetro su percepción de la realidad. A diferencia de la marcha más masiva del 1 de abril de 2017, ayer no había lugar para los votantes dudosos o prestados. Tampoco era el momento para realizar autocríticas. Los manifestantes representaban el corazón sociológico del macrismo.

El aumento de la pobreza, la inflación por las nubes y la caída del consumo no modificaron su fidelidad hacia Macri. Sobre todo porque consideran que las generales del 27 de octubre pondrán en juego la república, la democracia y la libertad.

Desde los más jóvenes hasta los más veteranos compartían ese relato. Los testimonios parecían guionados: en caso de que se imponga “Cristina”, porque Alberto Fernández era casi un actor de reparto en las declaraciones de los manifestantes, la Argentina caería en el autoritarismo dictatorial. En ese punto casi no existieron matices con el tono de la convocatoria, impulsada por Luis Brandoni y Juan José Campanella.

“Vinimos a defender la democracia del totalitarismo fachista”, afirmaron casi a coro dos amigas quilmeñas de 60 años, Silvia y Marta, mientras caminaban desde el Obelisco a la plaza. “El riesgo es volverse igual a lo que pasa en mi país”, opinó Loris, ante la mirada de su novio argentino. Loris es venezolana. “Estamos en contra de las actitudes golpistas”, explicó Diego, 32 años y venido desde Palermo. Florencia, de 40 años y vecina de Almagro, está segura de que hubo fraude: “Fiscalicé en La Matanza y no tengo dudas”.

Desde el Obelisco a la Casa Rosada, los hits más cantados por la multitud fueron: “sí, se puede”; “no vuelven más”; “Mauriiiciooo, Mauriiicioo”; “Mauricio no se va”; “ahora, ahora, Vidal gobernadora”; “Vinimos con la subeeee”; “si este no es el pueblo, el pueblo dónde está”; más el himno y la repetición de “Argentina, Argentina”.

Contra los medios

Uno novedad entre muchos de los presentes fue el enojo con los medios y los periodistas. “Van a poner lo que ellos quieran”; “no hay móviles”; “ya se dieron vuelta”, fueron algunas de las quejas repetidas.

Antes de las 18 del sábado, ya se acumulaba una muchedumbre detrás de las vallas de la plaza, aunque siempre hubo cierto espacio entre la gente. En ese momento, Macri resolvió que tenía que estar en la Rosada. A las 18.30, la policía abrió las rejas. Y pasadas las 18, el presidente salió al balcón. Durante casi 30 minutos, le dedicó un repertorio de gestos a su público: rezo, mano en el corazón, arenga futbolera y beso a la bandera. No discurseó, pero grabó un video. “Gracias por darme esta oportunidad de agradecerles tanto apoyo. Los escuché. Se lo que están pasando. Los quiero abrazar con todo mi corazón. Decidimos cambiar porque podemos ser mejores. No podemos abandonar. Tenemos que seguir juntos, ahora más que nunca. Tres años es poco para cambiar una historia, y la estamos cambiando, diciéndonos la verdad, respetándonos, dialogando, sin robarnos todos juntos, sin atajos. Así vamos a construir la Argentina que queremos”, improvisó un Macri emocionado ante la cámara. Con Juliana Awada a su lado, estiraba la despedida. Quería congelar ese instante de su presidencia, que puede terminarse el 10 de diciembre.

Fuente: Perfil