El terrorista de Nueva Zelanda: “Etno-nacionalista eco fascista”

Según la policía, Tarrant venía preparando el asalto desde hacía dos años. En un manifiesto de 74 páginas, titulado “La gran sustitución” el asesino se describe a si mismo como un “etno-nacionalista eco fascista”. Arengó que “solo soy un hombre blanco común, e una familia normal que ha decidido tomar una postura para asegurar el futuro de su gente”. Allí expresa un elogió a Trump a quien considera un “símbolo de una identidad blanca renovada” y repudia el multiculturalismo y la inmigración.

El terrorista transmitió en directo a través de Facebook Live 17 minutos de tiroteos. En las imágenes del primer ataque, que rápidamente se viralizaron a través de las redes sociales, se puede ver a Tarrant ingresa al edificio armado con un rifle semiautomático, con el cual dispara contra varias personas y las remata en el suelo. El asesino recarga numerosas veces su arma.

También utiliza una ametralladora con inscripciones que aluden a batallas históricas contra musulmanes. Entre ellas una en armenio que recuerda a la batalla de Sarigamish, entre Rusia y el Imperio Otomano durante la Primera Guerra Mundial que resultó en una contundente victoria moscovita.

La Policía había bloqueado el centro de la ciudad, situada en la Isla Sur neozelandesa y ordenó cerrar escuelas. En Auckland enviaron oficiales a todas las mezquitas de la región como medida de precaución.

El viernes por la tarde las autoridades confirmaron la identidad del atacante, quien compareció ante un tribunal Christchurch. Fue procesado por asesinato. Esposado y vestido con una camiseta blanca de detenido, el militante de extrema derecha escuchó impasible los cargos leídos en su contra. No solicitó fianza y permanecerá en prisión hasta su próxima comparecencia ante el tribunal fijada para el 5 de abril.

De los otros tres arrestados, las autoridades indicaron que dos de ellos estaban en posesión de armas y se investiga su implicancia en el suceso. Se espera que declaren ante la justicia este sábado.

La policía de Nueva Zelanda describió las imágenes grabadas por el atacante como “extremadamente perturbadoras” y advirtió a internautas que podrían recibir hasta 10 años de prisión por compartirlas. Hubo un clamor mundial para que los medios no las difundan para evitar promocionar el crimen.

Por su parte, la primera ministra Jacinda Ardern consideró que “esto solo puede ser descrito como un ataque terrorista”. Y explicó que fue “bien planificado”. La mandataria calificó el atentando de “extrema ideología y extrema violencia” y señaló que no tiene “precedentes” en un país que describió como diverso y abierto.

En el manifiesto, Tarrant dice que fue a Nueva Zelanda sólo para planear el golpe y cometer los ataques. Explicó que eligió ese país para mostrar que incluso las regiones más remotas del globo no estaban exentas de “inmigración masiva”. Agregó que no es parte de ninguna organización, pero que había donado dinero e interactuado con numerosos grupos nacionalistas, aunque aclaró que actuó solo y que no recibió órdenes de nadie. Dijo que sus blancos iban a ser las mezquitas de Christchurch y del suburbio de Linwood, y que también atacaría otra mezquita en la ciudad de Ashburton si podía llegar allí.

La tragedia conmocionó a Nueva Zelanda, un país de cinco millones de habitantes, y donde solo el uno por ciento de la población se identifica como musulmana. Sus habitantes se enorgullecen de tener un lugar apacible, seguro y abierto a los extranjeros, con apenas unos 50 asesinatos al año. Los tiroteos masivos son raros en Nueva Zelanda, que en 1992 endureció las leyes de armas para restringir el acceso a los fusiles semiautomáticos, dos años después de que un enfermo mental asesinó a 13 personas en la ciudad de Aramoana, en Isla Sur.

Clarín