Eva Perón: su cadáver, tan político como su vida

Se cumplen hoy 66 años de la muerte de una de las figuras más influyentes en la historia política argentina. Sus acciones de poder, doctrinas y labor social en beneficio de los necesitados despertaron adhesiones y rencores igualmente apasionados. Es por eso que una vez producido su fallecimiento, su cadáver se transformó en trofeo de guerra, objeto de culto y víctima inerte de un dilatado peregrinaje que duró hasta 1976.

Cuando el reloj marca las 20.25 en cada 26 de julio, transcurre un nuevo año del fallecimiento de María Eva Duarte de Perón. Tenía 33 años y padecía un cáncer de útero que la llevó a pesar 33 kilos. Su esposo, Juan Domingo Perón, la había nombrado Jefa Espiritual de la Nación: para algunos, un eufemismo destinado a consolar a quienes no pudieron verla como vicepresidenta; para otros, un título honorífico que engrandecía los valores de su su liderazgo político.

Lo cierto es que no le faltaron méritos para contribuir a un régimen que ganó tanto adeptos como adversarios. Fundó el partido peronista femenino, impulsó el voto de las mujeres y realizó una destacada política de acción social a través de la fundación Eva Perón. Pero también se monopolizaron los medios de comunicación, se persiguió a muchas voces opositoras y hubo una gran actividad propagandística del peronismo.

No resultó entonces extraño que después de aquel 26 de julio de 1952 su muerte siguiera despertando odio y amor y su cadáver iniciara un largo peregrinar que para muchos sigue siendo increíble.

Por pedido del presidente Perón el cuerpo muerto fue embalsamado luego de ser velado 16 días por cientos de miles de seguidores. En el segundo piso de la Confederación General del Trabajo (CGT) el médico anatomista español Pedro Ara trabajó más de un año en convertir a Evita en un monumento de carne y hueso que sería incorruptible para toda la eternidad. Una vez terminada la tarea, el cuerpo permaneció en la central obrera hasta 1955.

El 16 de septiembre de ese año, los sectores antiperonistas de las Fuerzas Armadas derrocaron a Perón quien marcharía a un exilio de 17 años. Los golpistas triunfantes se apoderaron del cadáver de Eva Perón y le realizaron estudios médicos para comprobar su identidad. Le practicaron radiografías, extrajeron tejidos de la oreja izquierda y hasta le cortaron un dedo para huellas digitales.

La línea más intransigente de los militares, encabezada por el general del Ejército y nuevo presidente de facto Pedro Eugenio Aramburu, se mostró preocupada al descubrir que en la CGT se encontraba efectivamente el cuerpo de la señora de Perón. “Esa comprobación los llenó de pánico. Los peronistas podían robarse el cadáver y utilizarlo como una tea para incendiar el país” (Bauer. T. Evita, La Tumba sin Paz, documental, Londres, 1997)

 

Operación ocultamiento

 

Aramburu no tardó en actuar. Ordenó al jefe del Servicio de Informaciones del Ejército (Side) que el cadáver desapareciera. El militar a cargo, teniente coronel Eugenio Moori Koenig, irrumpió en la CGT el 22 de diciembre 1955 y se llevó el cuerpo embalsamado que, hasta entonces, todavía seguía al cuidado del doctor Pedro Ara.

“Estuvo (oculto) en las oficinas del SIE, en Viamonte y Callao, detrás de la pantalla de un cine, en la casa de uno de los oficiales del Ejército (…) el mayor Arandía, que una noche sintió ruido, pensó que venían a robarse el cadáver, empezó a los tiros, y mató a su mujer embarazada” (Rubín, S. para La increíble historia del cadáver de Evita, diario Infobae, 26 de julio de 2012).

Dos años más tarde, por presiones de la resistencia peronista y desinteligencias entre los miembros del Ejército, Héctor Cabanillas fue nombrado nuevo jefe del Side y tuvo una idea: sepultar a Eva Perón con otra identidad y fuera de la Argentina.

 

Operación Evasión

 

Cabanillas y su grupo de colaboradores hicieron pasar el cuerpo de Evita por de la viuda italiana María Maggi de Magistris, y la embarcaron rumbo a Génova en el buque Conte Biancamano. De allí fue llevada al cementerio de Milán y estuvo sepultada durante 14 años.

Según los propios militares, la Iglesia Católica jugó un papel fundamental en el ocultamiento del cuerpo. Cabanillas contaría muchos años más tarde que un delegado del Papa intervino directamente para allanar el camino que el cadáver recorrió hasta recibir sepultura en tierra italiana: “fue el que se encargó de la compra del tumbino (sepultura) y tomó todos los recaudos para esperar el ingreso del cadáver en Milán (Bauer, T. 1997)

En su libro Eva Perón, Secreto de Confesión, el periodista Sergio Rubín dice que los miembros de la Iglesia partícipes de esta operación pertenecían a la Compañía de San Pablo. “Es una orden religiosa fundada por el Cardenal Ferrari a comienzos de siglo en Milán. Y uno de sus miembros, el padre Francisco “Paco” Rotger era capellán del Regimiento de Granaderos a Caballo, cuya jefatura estaba a cargo de unos de sus más íntimos amigos, el teniente coronel Lanusse, luego presidente de la Nación” (Infobae, 2012)

Rotger, a su vez, se contactó con Giovanni Penco, superior de la compañía de San Pablo, quien a su vez consiguió la necesaria autorización del Vaticano para realizar la maniobra del ocultamiento.

 

Operación devolución

 

Ninguno de los presidentes, constitucionales o factos pudieron frenar la escalada de violencia social que se fue sucintando desde 1955. Perón, exiliado, aún no podía regresar al país. Luego de la destitución de Roberto Levingston, en marzo de 1971, asumió como presidente la figura más poderosa del entorno militar: Alejandro Agustín Lanusse, quien había contactado con Penco para el traslado del cadáver.

Con el fracaso político del Ejército sobre sus hombros, el dictador intentó ensayar con Perón una decorosa transición hacia la democracia. Como gesto de buena voluntad, decidió devolverle el cadáver de Eva Perón.

Cabanillas debía encargarse nuevamente de todo: pedir autorización a las autoridades de Milán para desenterrar el cuerpo y, a su vez, explicar por qué y para qué se lo llevaba a Madrid, donde María Maggi de Magistris volvió a llamarse Eva Perón. El cadáver llegó a la residencia de Puerta de Hierro el 3 de septiembre de 1971. Allí lo esperaba Perón junto a su tercera mujer, María Estela Martínez (apodada Isabel) y un grupo de colaboradores entre los que se destacaba José López Rega.

Perón volvió a convocar al doctor Ara para examinar las mutilaciones que habían hecho los médicos en 1955, sumadas a cortes en la mejilla, nariz y frente durante la profanación del cuerpo. El cuello estaba quebrado y las plantas de los pies sucias con brea (Bauer, T., 1997).

 

Operación retorno

 

Perón volvió definitivamente a la Argentina el 20 de junio de 1973 pero dejó el cadáver de Evita en España. Ganó las elecciones en septiembre de 1973 y murió el 1° de julio de 1974 sin poder completar su mandato. Su partido había quedado en crisis, agravada por la ruptura con la organización Montoneros y el descontrolado accionar de los grupos guerrilleros, crecientemente enfrentados con las Fuerzas Armadas. En este contexto, Eva Perón volvió a ser un objeto político. Montoneros secuestró el cadáver de Aramburu en Recoleta y, a cambio su devolución, exigió a Isabel, que ya ejercía la Presidencia de la Nación, la repatriación del cuerpo de Evita. Luego de 17 años —el mismo tiempo que duró el exilio de Perón— María Eva Duarte retornó a la Argentina y su ataúd fue puesto junto con el de Perón en la cripta fúnebre de la residencia presidencial, en Olivos. Domingo Isaac Tellechea, restaurador de museos, fue designado para reparar las fracturas y maltratos que recibió el cadáver.

Pero finalmente sería Junta Militar quien en 1976 abandonó la idea del ocultamiento y le entregó definitivamente el cuerpo a la familia Duarte. Fue seputada en el panteón familiar, a 8 metros de profundidad y bajo tres planchas de acero, en el Cementerio de la Recoleta. Hasta nuestros días, Eva Perón es una de las figuras más influyentes de la política argentina. Sus discursos han quedado grabados en la radio, la televisión, los diarios y la memoria. Pero su cuerpo, después de muerto, no dejó de despertar adhesiones, miedos y rechazos, y fue protagonista de uno de los más siniestros períodos del pasado.

 

De la Redacción de AIM.