Guerra financiera, o la política por otros medios

La frase del estratega alemán Carl Gottlieb von Clausewitz: “la guerra no es simplemente un acto político, sino un verdadero instrumento político, una continuación de las relaciones políticas, una gestión de la política con otros medios”, aparece en su obra “De la guerra”, publicada en 1832. Se suele citar simplificada: “la guerra es la continuación de la política por otros medios”.

Miles de millones de dólares ingresan a la bolsa sin sustento de productividad ni ningún otro de los que suelen mentar los sesudos economistas liberales.

Ha recobrado actualidad de la mano del abogado norteamericano James Rickarts, ex asesor del Pentágono y del gobierno estadounidense, autor de “Currency wars” o “La guerra de las divisas”.

Guerra en el siglo XXI

Rickarts revela aspectos de la guerra moderna entre grandes potencias, de apariencia incruenta, silenciosa pero de consecuencias terribles. Es una guerra ejercida mediante supercomputadoras que manipulan las transacciones financieras o mediante bloqueo de divisas, bancos e intercambios. El propósito es aislar al enemigo y obligarlo a rendirse sin disparar un tiro. Es otro tipo de guerra, el modo actual de gestionar la política por otros medios; a ella se deben las crisis como las del 2008 y la que seguirá, que según Rickarts llegará pronto y mostrará una cara más agria que la anterior.

Lo que vendrá

Según Rickarts en la crisis futura los bancos centrales no vendrán al rescate como en 2008 y el plan de emergencia puede incluir la clausura de bancos y bolsas de valores.

En “El Camino hacia la ruina”, Rickarts revela un plan de la élite que ejerce el poder real para producir otra crisis financiera. Recuerda la crisis del manejo de capital a largo plazo en 1998 y la bancaria de 2008. En 1998 el mundo estuvo a horas de la clausura de los mercados financieros. En 2008 pasó lo mismo, pero sólo hubo colapsos parciales como la quiebra de Lehmann Brothers a fines de setiembre.

Un solo dios en tres personas

Estados Unidos salió de la segunda guerra mundial como la potencia económica y militar hegemónica. Tenía el cinco por ciento de la población y la mitad de la riqueza del planeta. Desde entonces, no ha hecho sino disminuir a pesar del propósito de sus planificadores de mantener un desequilibrio que les era muy ventajoso.

Actualmente, China es la primera potencia económica del planeta y Rusia posiblemente la primera potencia militar, porque en algunos desarrollos cruciales, como el de los misiles hipersónicos, está más de una década adelante de los norteamericanos.

Pero la guerra mundial en curso, la tercera, es financiera. Rickarts pronostica que en una de sus batallas, que ya se está librando, el dólar será reemplazado por el oro y dejará de ser la divisa internacional.

Liberales en las cátedras, militares en las máquinas

No hay acá ninguna participación del “mercado” como lo conciben los liberales en la cátedra. Allí son alabados; pero si interfieren demasiado en la conducción de la guerra corren el riesgo de cambiar la reputación convencional de genios por la real de pelmazos. La economía hipermoderna es la intervención deliberada y maligna de flujos de divisas con fines militares en una guerra, la financiera.

Hoy hay guerra de capitales. Miles de millones de dólares ingresan a la bolsa sin sustento de productividad ni ningún otro de los que suelen mentar los sesudos economistas liberales, que hablan para la distracción mientras dan la impresión de hablar para el pizarrón.

Las grandes masas de dinero fluyen no según criterios económicos sino militares, son armas para derrotar a un enemigo.

El flujo de fondos se puede entender mejor con el criterio de la dinámica de los fluidos, una teoría física, que con criterios económicos.

La “voluntad de servicio”

En este campo los políticos saben poco, entienden menos y no les interesa nada. Ante todo están preocupados por la foto, y han reducido su sensibilidad a la del bolsillo. Siguen recitando según criterios de soberanía, representación y otros que van tomando aspecto antediluviano.

Se aplican todavía bien al papel que tienen asignado, pero sostienen con esfuerzo creciente la útil ficción de representación popular, de herencia iluminista. Es cada vez más evidente su oído unilateral para el chasquido de dedos del verdadero poder. Prosperan con el producto de la corrupción, la tajada que les permiten cortar en un mundo donde el ínfimo número de los poderosos nadan en océanos de dinero y los pobres innumerables sobreviven en el desierto, si sobreviven. Pero ya engañan poco a los “representados” y son cada vez menos necesarios al poder, que los aparta a veces sin misericordia.

Un Papa de inicios de la modernidad term inó la jornada cansado pero feliz: había asistido a homenajes, desfiles, fiestas y comilonas todo el día. Entonces comentó les dijo a los cardenales que lo acompañaban: “¡qué útil esta ficción de Cristo!” Esa ficción se está acabando, pero también las que la siguieron en la historia, que parecían gozar de buena salud. Es posible que el próximo paso del poder real sea eliminar a los políticos.

Cuestión de estrategia

Las finanzas modernas son bélicas, son un arma más que algunos militares se atreven a comparar con la capacidad destructiva de los portaaviones. Pero los militares están en situación similar a los políticos, y al final la conducción de la guerra financiera está en manos de otros especialistas. Son inhábiles para manejar armas de fuego y explosivos, pero muy idóneos con las computadoras.

Obama herido

Rickarts recuerda un twitter atribuido a Associated Press que anunciaba un atentado en que Obama había sido herido en la Casa Blanca. De inmediato cayó la bolsa y los autores del mensaje ganaron mucho dinero hasta que Obama salió a decir que estaba bien y que no hubo atentado.

Hay también misteriosas “caídas del sistema” en algunas bolsas de valores, que en los minutos que duran producen ingentes ganancias a algunos operadores de los pocos bancos que manejan las finanzas. Las armas financieras de destrucción masiva tienen el nombre anodino de “derivados” y pocos conocen su penetración, su eficacia y su manejo.

Estados Unidos controla el mercado financiero mundial. Se ha lanzado a la guerra para conservarlo, porque desde el punto de vista económico está perdiendo con China y desde el militar con Rusia. Pero teme una guerra financiera asimétrica, quizá recordando Vietnam. Una guerra financiera de guerrillas, donde con poca inversión pero buena información el enemigo pueda asestarle golpes inesperados y demoledores.

Todos roban

Según Rickarts la guerra financiera es una guerra por el crecimiento en un mundo con fuentes limitadas debido a la sobreexplotación de recursos y a la deuda impagable. Los socios comerciales tratan de robarse el crecimiento unos a otros mediante devaluaciones. Al final de años o décadas, nadie gana. Nadie espera cobrar sus acreencias y los deudores ven la conveniencia de contraer deudas y más deudas.

La guerra comenzó en Waterloo

Esta manera nueva de continuar la política hace sufrir daños deliberados provocado por datos malignos. Una anécdota atribuida a Natham Rothschild: De regreso del campo de batalla de Waterloo, en Bélgica, donde había espiado a distancia la batalla entre Napoleón y Wellington, echó a correr la versión de que Wellington había sido vencido y con cara compungida empezó en la bolsa de Londres a vender sus acciones. Entonces cundió el pánico y todos malbarataban sus títulos mientras agentes encubiertos de Natham los compraban En pocas horas se hizo dueño de Inglaterra; pero Napoleón había sido vencido en Waterloo. Es el efecto de un dato maligno o la política “por otros medios”, como decía von Clausewitz.

En el mundo actual hay mucho más dinero virtual que real. Es un resultado de la banca, que ha realizado el milagro de la multiplicación del dinero; pero sobre todo de la creación hace más de un siglo de la reserva federal, que puso en manos de privados la emisión de dólares y la capacidad de cobrarle al gobierno de los Estados Unidos intereses por préstamos en su propia moneda. El resultado es que hoy el gobierno norteamericano es el más endeudado del mundo .

Es algo difícil de entender para las mentalidades hechas al modo antiguo; pero decisivo en las guerras financieras, que se deciden mediante flujos de fondos virtuales que actúan como misiles contra el rival.

La caída de la URSS se produjo cuando los Estados Unidos rompieron el acuerdo de Bretton Woods y obligaron a Arabia Saudita a vender su petróleo sólo en dólares a cambio de “protección”, al estilo de Al Capone.

Fue un ataque enorme a la cotización del petróleo, que bajó muy fuertemente, totalmente fuera de las leyes del mercado; un arma contra el enemigo, que tenía dos respuestas: una guerra nuclear para impedir la maniobra o darse por vencido. Se dio por vencido.

La crisis de 2008 destruyó riqueza por 60 millones de millones de dólares, equivalente al producto bruto mundial anual.

Se prepara ahora otra crisis, usando las finanzas como armas militares. La finalidad es crear pánico, que infligirá daños elevados a los privados dejando sin indemne al perpetrador. El rival sería la China, que está bajo control riguroso y sufrirá una respuesta instantánea en el caso de que quiera desprenderse de todos los bonos del tesoro estadounidense en su poder.

Los métodos de la guerra financiera

La doctrina de la guerra financiera, según Rickarts, “usa canales disfrazados y elementos dispersos con el fin de que los ataques no sean detectados fácilmente en sus fuentes”. “Pero el peligro está en las acciones ocultas de los rivales, por ahora los chinos, que pueden actuar en los mercados sin dar a conocer sus identidades, es decir, practicando la guerrilla financiera contra la que los Estados Unidos no están suficientemente preparados.

Por el miedo a la guerra asimétrica, los Estados Unidos tratan de regular y poner bajo control los paraísos fiscales, que ya no son paraísos para ellos, porque desde allí les pueden llegar golpes demoledores.

Mientras tanto, los perritos quieren comer las migajas que caen de la mesa de los señores: los piratas secuestran a miembros de la élite y piden rescate. A la élite el dinero no le interesa, porque puede crearlo a voluntad; pero sí la vida de sus miembros. Para no enfrentar a cada rato el molesto problema de intercambiar vida por dinero, han decidido controlar mejor los paraísos fiscales para mal de los piratas. Como si la flota británica atacara a los bucaneros en la isla de la Tortuga.

Los Estados Unidos temen además a la banca suiza, que sospechan colabora con los guerrilleros de las finanzas para no resignar ganancias. Cada operador de un paraíso fiscal podría ser mucho más destructivo que un portaaviones con menos dinero del que cuesta la nave.

Las víctimas

El temor estadounidense es un golpe contra Apple, General Electric, Exxon y empresas de similar tamaño, en coincidencia con una baja fuerte en los mercados norteamericanos, porque entonces el golpe tendría efecto multiplicador.

El ataque chino exitoso con armas financieras, según Rickarts, provocaría pérdidas mayores que la crisis de 2008, e incluiría agresiones contra los mercados de bonos y no solo a las acciones, las divisas y las materias primas. Se produciría el cierre de mercados de divisas, los norteamericanos perderían los fondos de jubilación y se produciría la evaporación del valor inmobiliario y fuerte convulsión en las calles.

La guerra financiera incluye el espionaje, la defensa y las represalias. Para contrarrestarla, han vuelto a la vida viejas tácticas de la guerra fría aplicadas a las nuevas condiciones

El modelo iraní

Un ejemplo ante nuestros ojos, citado por Rickarts, es la guerra con Irán. Después de 30 años de sanciones, los Estados Unidos desencadenaron la última etapa de su guerra financiera con Irán: los bancos fueron advertidos de que serían eliminados del sistema de pagos del dólar si realizaban transacciones con el banco central de Irán. Esta sanción de guerra financiera provocó la sequía inmediata de dólares en Irán, que llevó a transacciones en el mercado negro. El rial, la moneda iraní, se desplomó el 40% en unos cuantos días con hiperinflación, fuga de capitales y alza de las tasas de interés Las consecuencias fueron un creciente malestar popular.

Irán pudo sortear el sistema dólar mediante pagos en yen, en euros o francos suizos, que luego también le quitarían, y mediante el sistema Swift que tiene sede en Bruselas y desde allí vigila las transacciones electrónicas. Pero luego Estados Unidos presionó para que Irán fuera excluido también del sistema Swift. Irán no pudo cobrar sus exportaciones de petróleo y ni siquiera pagar las importaciones de alimentos. Estaba asfixiado financieramente.

Pero entonces se produjo un efecto boomerang, porque Irán negoció con sus socios comerciales, Rusia, India y China el desarrollo del mecanismos financieros que pasen por alto el dólar. Para eso hizo grandes depósitos en los bancos suizos.

Luego hubo otra acción iraní más audaz: emprendieron acciones encubiertas contra el Swift con depósitos en bancos rusos y chinos, que actuarían como agentes para Irán sin exponer su asociación. Irán seguía siendo poderosa y su petróleo vital para los que debían adquirirlo necesariamente.

Irán acudió por ejemplo al trueque de petróleo con Turquía y la India a cambio de oro, con lo que se inició la idea ya instalada pero aún no realizada de dejar de lado el dólar en las transacciones internacionales.

Irán estuvo a punto de perecer en la guerra financiera, pero pudo sortear sus efectos gracias a su petróleo y a sus aliados. Los canales alternativos incluyen el contrabando, al trueque, los pagos bilaterales y las acciones encubiertas.

A respirar fuera del dólar

Los paraísos asiáticos, con la perspectiva de las bombas financieras lanzadas desde Estados Unidos, comenzaron a salir de la hegemonía global del dólar, que viene prevaleciendo desde 1945. Los chinos recogieron de los hindúes la idea de un banco mundial alternativo con el fin de arreglar pagos a países sancionados, que haría irrelevante al dólar en las transacciones internacionales. El efecto boomerang está dejando de lado la hegemonía del dólar, con consecuencias serias para Estados Unidos.

Ataquen a Venezuela

La caída del petróleo estuvo prevista para herir a Venezuela, como lograron, a diferencia de Irán, que estuvo a punto de ser arrollado pero pudo entrar en otros sistemas de pago a consecuencia de batallas anteriores. Venezuela no lo hizo debido a que siempre tuvo necesidades inmediatas y hoy afronta las consecuencias.

Las herramientas: supercomputadoras

Las dos supercomputadoras más veloces, las armas predilectas de la guerra finianciera, son de China y de Japón, no de Estados Unidos. Los chinos optaron por la guerra asimétrica, ya que Estados Unidos tiene 250 máquinas de este tipo y ellos 70, y crearon una máquina más veloz que las del enemigo.

Es una idea de los estrategas militares chinos, que saben que serán atacados como ataca Israel a Hezbollah, por eso construyeron una supermáquina.

Deberán atacar al enemigo en sus puntos vulnerables en una guerra que no es la tradicional, no es de trincheras. China perdería una guerra simétrica, pero no una asimétrica. Los estrategas chinos calculan que su país se puede aguantar 500 millones de muertos, pero los Estados Unidos no pueden aguantar 100. La guerra debe ser asimétrica y ahí ellos tienen ventaja.

En Nuestra América, Brasil tiene dos supercomputadoras y México una. El tema de las supercomputadoras es esencial en el mundo financiero; los países llamados “atrasados” serán avasallados y su soberanía anulada más todavía que ahora.

Estados Unidos tiene aun la mitad de la potencia en materia de supercomputadoras, y la China ya está en segundo lugar con alrededor del 15% de la potencia cibernética mundial.

Ver con detalle, pero poco

Estamos de lleno en el mundo de la razón instrumental, limitados a él, propuesto sin discusión como el único “real”, concreto, eficaz en el plano de la acción; es decir: el mundo occidental moderno.

En ese mundo, la misión de los eruditos es dar muchas explicaciones y sentar doctrinas que explican la guerra y terminan llevando a ella.

La impresión que deja Rickerts del mundo en que vive, que determina nuestro propio mundo al punto de que es también en algún aspecto el que vivimos nosotros, es que la intelectualidad está harta de la vida. Como dijo un sabio hindú “en vez de pensar en suicidarte, si los políticos pueden arreglarse para destruir al mundo, será más fácil. No estarás sumido en el dilema de ser o no ser”.

De la Redacción de AIM.