La nueva campaña del desierto, por la demolición de la agricultura familiar

Ante a la continuidad de las políticas de despidos, ajustes y ahogo presupuestario para el área de la producción familiar de la nación, desde el Programa de Extensión “Por una nueva economía, humana y sustentable” expresamos nuestra total solidaridad con los técnicos y profesionales que vienen trabajando desde hace muchos años a favor de los pequeños productores; y hacemos un llamado a la sociedad para que se manifieste en defensa del sector y exija a las autoridades nacionales que frenen este ataque demencial a una actividad económica y a una franja de trabajadores que son vitales para el futuro de nuestro país.

Agricultura familiar, en peligro de extinción.

El avance del monocultivo de transgénicos en la Argentina está tomando nuevos enviones, impulsado por la política depredadora del macrismo. Un modelo de producción-destrucción que se inició con la aprobación del paquete tecnológico de Monsanto en los años ’90, que se desplegó con mucha fuerza durante los doce años de kirchnerismo, y que tomó más dinamismo con la actual gestión. Se trata de un proceso que de la mano de la monoproducción en grandes extensiones de nuestro territorio, va desplazando o destruyendo una variedad de otras producciones diversificadas de alimentos, pero también expulsando en gran escala a la población rural, para confinarla en su mayoría en barrios periféricos de grandes ciudades.

A pesar de todo el arsenal de medidas que benefician ampliamente a las grandes corporaciones y grandes productores del agro, aun sobreviven y resisten las pequeñas producciones familiares, aunque en condiciones adversas y con mucho sacrificio. Son decenas de miles que en distintas partes del territorio producen la mayor parte de los alimentos que consumimos, conformando unidades de pequeña escala que pueden y deben constituirse en los puntales de otro modelo de producción por la soberanía alimentaria.

Un papel central han desarrollado cientos de trabajadores, técnicos y profesionales, a lo largo y lo ancho del territorio, apoyando con su labor y asesoramiento a esta franja que constituye alrededor del 75% de los establecimientos, aunque ocupan apenas el 18% de la superficie agropecuaria. Lo han hecho a pesar de estar remando contra la corriente y muchas veces en soledad o invadidos por políticas clientelares partidistas, ya que las prioridades oficiales pasaban y pasan por otras actividades que generan más rentabilidad a las corporaciones y el espejismo de una mayor recaudación para las arcas públicas.

Pero si utilizamos un criterio de balance social, donde se considere la integridad de las familias, la generación de empleo, la continuidad de los saberes y de la cultura del trabajo, la preservación del ambiente, la salud de la población, la calidad de los alimentos, el balance energético global, etc, sin dudas que para la sociedad en su conjunto es mucho más redituable la producción familiar y de pequeña escala, diversificada y sin uso de agrotóxicos.

Por esa razón, sumamos nuestro rechazo a la política de despidos indiscriminados en la subsecretaría de agricultura familiar, que se suma al abandono presupuestario, al fin del monotributo social agropecuario y a la falta de proyectos y planes concretos, ya que dicha política genera una doble y repudiable consecuencia negativa. Por un lado, deja sin trabajo a muchos técnicos y profesionales comprometidos con el sector, con el impacto sobre tantas familias que se ven arrojadas a la desocupación en el marco de una coyuntura recesiva. Y por el otro, deja cada vez más desguarnecidos y vulnerables a las pequeñas producciones familiares que aun resisten en el campo argentino ante el avance arrollador de la moderna campaña del desierto, oligárquica y transgénica, que apuntala la concentración, la depredación y el saqueo de nuestros bienes comunes.

Debemos aprovechar que aún sobreviven en el campo argentino los miles de productores familiares, que aun tenemos las enormes capacidades y voluntad tesonera de nuestros técnicos y profesionales del área, para trabajar en conjunto por apuntalar nuevas políticas de producción agroecológica, diversificada, de pequeña escala, para abastecer los mercados locales, que además de ofrecer nuevos y masivos puestos de trabajo genuinos van a generar alimentos sanos y sin contaminar el ambiente, como base para pensar en la soberanía alimentaria y en una nueva economía, humana y sustentable, en el marco de una sociedad donde todos tengan la posibilidad de vivir dignamente, sin depredar los bienes comunes para las futuras generaciones.

Luis Lafferriere.