Las bombas del 16 de junio de 1955

Se cumplirán el 16 de este mes 63 años del bombardeo por aviones navales a una concentración peronista en la plaza de Mayo de  Buenos Aires,  preámbulo del golpe de estado del 16 de setiembre siguiente, que provocó más de 300 muertos civiles, entre ellos niños.

Bombardeo por aviones navales a concentración peronista en la plaza de Mayo de Buenos Aires.

En la mañana del 16 de junio de 1955, efectivos de la marina de guerra y “comandos civiles” intentaron sin éxito copar la Casa Rosada y tomar prisionero al presidente Juan Perón.

El mandatario buscó refugio en el edificio del ministerio de Guerra y se dispuso a  sofocar la rebelión. Al mediodía, aviones la Armada  bombardearon y ametrallaron la sede del gobierno y la plaza de Mayo.

Una de las primeras bombas estalló en el techo de la Casa Rosada. Otra, le pegó a un  trolebús lleno de pasajeros y murieron todos. Los pilotos navales lanzaron nueve toneladas y  media de explosivos.

El ataque provocó más de 350 muertos y 2 mil heridos. Setenta y nueve personas

quedaron lisiadas en forma permanente. Los agresores huyeron al Uruguay, donde solicitaron asilo político.

“Las palabras no alcanzan  a traducir en su exacta medida el dolor y la indignación que  ha provocado en el ánimo del pueblo la criminal agresión perpetrada por los aviadores sediciosos”, publicó al día siguiente el diario “Clarín”.

Fue la segunda vez en toda la historia argentina que la ciudad de Buenos Aires era bombardeada. La primera ocurrió durante las invasiones inglesas de 1806 y 1807. En esta ocasión, a mediados del siglo veinte, no existía un estado de guerra, quienes atacaron por sorpresa vestían uniformes militares  argentinos y las víctimas fueron civiles desarmados, también  argentinos.

El ataque a traición de los aviadores navales produjo un terrible impacto en la población. Durante meses no se habló de otra cosa en los hogares de todo el país.

El periodista norteamericano Martin Andersen describió la situación:  “El bombardeo del 16 de junio de 1955 explotó con una fuerza  cataclísmica, por tanto, sobre una población civil condicionada por un siglo de paz y que tenía la confirmada creencia de que semejantes cosas no ocurrían en la Argentina. Se detecta en la  gente no sólo el sentimiento de escándalo, sino de vergüenza  de que semejante matanza de civiles inocentes pudiera haber ocurrido en el corazón de Buenos Aires”.

Por la tarde, los marinos atrincherados en la seecretaría de Marina desplegaron  una bandera blanca que, de acuerdo a las reglas militares, sólo  podía significar dos cosas: diálogo o rendición.

El general  peronista Juan José Valle y otros oficiales leales se dirigen al lugar para parlamentar, con instrucciones de ser tolerantes con  los rebeldes. Cuando la comisión se acerca al edificio, la bandera blanca es arriada y una ametralladora los recibe con ráfagas de  plomo.

En la noche, como reacción popular a los bombardeos, fueron  saqueadas e incendiadas la catedral metropolitana, donde están los restos de San Martín, y diez  iglesias. Poco después, trascendió que Perón fue excomulgado por el papa Pío XII, quien siempre se negó a  tomar idéntica medida con Mussolini y Hitler.

Perón ofrece renunciar a la jefatura del movimiento peronista  y mantener sólo el cargo de presidente de la nación. En  búsqueda de la reconciliación, el general cambia a integrantes  de su gabinete, sustituye al jefe de policía y se desprende de Raúl Apold, su jefe de propaganda.

Al mismo tiempo, designa  a John William Cooke como interventor del partido en la Capital  Federal.

Sin embargo, la situación ha llegado a un punto sin retorno. Conservadores, radicales, nacionalistas liberales, comunistas  y socialistas exigen la renuncia del presidente. El Ejército, la  Marina y la Aeronáutica conspiran abiertamente y los “comandos civiles” se organizan.  Tres meses después, Perón será derrocado por la llamada “revolución libertadora”, un antecedente de la  ciénaga sangrienta instaurada en 1976.