Las cuatro libertades acorralan a May

Según el diario español La Vanguardia, la Unión Europea, tan divida en muchos temas, como la migración y la seguridad, se mantiene firme frente al Brexit. Esta semana, en Salzburgo, los 27 socios han rechazado el plan de la primer ministra británica para una relación futura. Theresa May, tan aplicada y cautelosa, no se lo esperaba. Creía que el plan de Chequers, llamado así porque fue allí, en Chequers, la residencia de descanso de los primeros ministros, donde fraguó la propuesta este pasado mes de julio, facilitaría el acuerdo definitivo. “Es el único plan viable”, dijo. El rechazo de los 27, sin embargo, no pudo ser más categórico. “No funcionará”, le respondió Donald Tusk, presidente de la Comisión Europea. 

Esta semana, en Salzburgo, los 27 socios han rechazado el plan de la primer ministra británica para una relación futura.

Desde que empezaron las negociaciones, hace casi dos años, la posición de la UE no ha cambiado: o el Reino Unido acepta un acuerdo como el de Noruega, es decir, acepta las reglas fundamentales del mercado único, o negocia uno como el de Canadá, que está fuera del mercado único.

Desde que empezaron las negociaciones, hace casi dos años, la posición de la UE no ha cambiado: o el Reino Unido acepta un acuerdo como el de Noruega, es decir, acepta las reglas fundamentales del mercado único, o negocia uno como el de Canadá, que está fuera del mercado único.

La Unión Europea, tan divida en muchos temas, como la migración y la seguridad, se mantiene firme frente al Brexit. Esta semana, en Salzburgo, los 27 socios han rechazado el plan de la primer ministra británica para una relación futura. Theresa May, tan aplicada y cautelosa, no se lo esperaba. Creía que el plan de Chequers, llamado así porque fue allí, en Chequers, la residencia de descanso de los primeros ministros, donde fraguó la propuesta este pasado mes de julio, facilitaría el acuerdo definitivo. “Es el único plan viable”, dijo. El rechazo de los 27, sin embargo, no pudo ser más categórico. “No funcionará”, le respondió Donald Tusk, presidente de la Comisión Europea.

Desde que empezaron las negociaciones, hace casi dos años, la posición de la UE no ha cambiado: o el Reino Unido acepta un acuerdo como el de Noruega, es decir, acepta las reglas fundamentales del mercado único, o negocia uno como el de Canadá, que está fuera del mercado único.

El mercado único es la esencia de la Unión Europea y está basado en cuatro libertades, cuatro corrientes que deben fluir libres de casi cualquier traba: personas, bienes, servicios y capital. Chequers acepta la libre circulación de bienes pero no de servicios y tampoco de personas. Por eso los 27 no aceptan el plan.

May insiste en que aceptar Noruega sería negar el resultado del referéndum del 2016, “el mayor ejercicio democrático que ha realizado el Reino Unido”. El Brexit implica abandonar la unión aduanera y el mercado único. Aquí no hay compromiso posible si se quiere respetar la voluntad mayoritaria de los británicos.

Canadá, por el contrario, obligaría a segregar Irlanda del Norte del resto del Reino Unido, a levantar una frontera interior porque si en algo están de acuerdo Londres y Bruselas es en que no puede volver a haber una frontera dura entre las dos Irlandas. La paz en el Ulster depende, en gran parte, de ello. Esto implica que Irlanda del Norte debe compartir con la República de Irlanda todas las ventajas del mercado único y las cuatro libertades. En consecuencia, si no se quiere una frontera entre las dos Irlandas, deberá haber una entre las Irlandas y el Reino Unido. May, sin embargo, no piensa aceptarlo. El Reino Unido ya no lo sería tanto, y para evitar esta ruptura propone una frontera invisible entre las dos Irlandas. Sugiere pactar una lista de bienes que cruzarían sin cortapisas y utilizar la tecnología para trazar estos productos e impedir que acaben en alguna otra parte del Reino Unido. Cualquiera de estas soluciones, sin embargo, obligaría a la UE a supervisar que las cuatro libertades se mantienen en Irlanda del Norte, y esto supondría, sin duda, una pérdida de soberanía para el Reino Unido, una injerencia europea que la mayoría de los británicos rechazó en la consulta del 2016.

La primera ministra confiaba en abrir, al menos, una brecha, conseguir el apoyo de sus aliados naturales en el continente –Holanda, Dinamarca y Suecia– para forzar un acuerdo genuino, a medida de los intereses del Reino Unido. Tampoco lo ha conseguido. El único que en Salzburgo le echó un cable fue el denostado primer ministro húngaro Viktor Orbán, el peor aliado que podría tener, y si este dijo, sin ninguna base, que estaba reuniendo una mayoría para respaldar ­Chequers fue sólo para llamar la atención, narcisismo infantil propio de los autócratas.

May es una primera ministra pragmática, que negocia de buena fe, pero que ha cometido un error fundamental, no entender que la UE nunca renunciará al mercado único y sus cuatro libertades. La UE podría hacerlo si sólo fuera un club económico. Pero es mucho más que eso, y mantener unidas las cuatro libertades responde a una lógica política. El tratado de Roma de 1957, carta fundacional de la UE, ya menciona la necesidad de alcanzar estas cuatro libertades. Aún hoy no todas están desarrolladas del mismo modo. La libre circulación de bienes es la más avanzada, aunque se mantienen restricciones para productos militares. La libre circulación de servicios, por otro lado, es la más restrictiva. Pero, aun así, todas forman el núcleo que da sentido a la UE.

Habrá países que nunca tendrán el euro o formarán parte de Schengen, el espacio que permite viajar sin pasaporte, pero todos, siempre, estarán en el mercado único. Es lo que nos hace europeos. Nosotros, ciudadanos comunitarios, somos ciudadanos de nuestros respectivos países, pero también lo somos de aquel país de la UE en el que queramos vivir.

May no ha sabido entender esta esencia y por eso ahora se encuentra en una posición muy difícil. La “emboscada” de Salzburgo, como titulaba ayer el Financial Times, le pone muy cuesta arriba defender el liderazgo del Partido Conservador en la conferencia que celebrará a final de mes, y si lo pierde, no podrá seguir siendo primera ministra.

Es posible, aunque por ahora poco probable, que el último tramo de las negociaciones se realice con otro inquilino en el 10 de Downing Street. Si acaba siendo así, se dispararán las posibilidades de que todo salga mal y de que el próximo 29 de marzo el Reino Unido deje la UE sin un acuerdo sobre la relación futura. Hay diputados conservadores que lo prefieren y, a lo mejor, logran colocar a uno de los suyos al frente del Gobierno.

Londres y Bruselas van a darle más vueltas a la frontera de Irlanda, y en política, muchas veces, no hay nada decidido hasta que está todo decidido. La pragmática May tiene, como mucho, hasta mediados de noviembre para entender que Noruega es lo que más conviene a todos.

 

Fuente: La Vanguardia, España. 22 de spetiembre de 2018. https://www.lavanguardia.com/internacional/20180922/451950245867/brexit-theresa-may-planes-rechazo-ue.html