Lo público no estatal

En los años 90 se impusieron las ideas neoliberales que predicaban el ajuste fiscal, la privatización de las empresas públicas, la apertura comercial, la flexibilidad del mercado de trabajo y un Estado mínimo. Al producirse el fracaso de las políticas más radicales, surgió un movimiento en la dirección contraria que tiende a la reconstrucción del Estado, pero sin que esto suponga reponer el estatismo burocrático. Al estimularse la participación ciudadana en los asuntos públicos, emerge un nuevo sector productivo conocido por “tercer sector” o sector no gubernamental, sin fines de lucro.

De este modo, frente a la propiedad pública estatal y la propiedad privada, se va consolidando otra forma de propiedad: la pública no estatal. Son nuevas asociaciones civiles que toman a su cargo la gestión de escuelas, hospitales, universidades, centros de investigación, escuelas de formación profesional, etc. Asumen la defensa de un patrimonio que es público, pero lo administran en forma similar a las empresas privadas, a través de formas gerenciales descentralizadas. Como no persiguen un “beneficio económico”, sino una mayor excelencia en la gestión, ofrecen unas prestaciones universales, es decir sin exclusiones sociales.

La creación de un espacio público compartido, donde se dan formas de participación ciudadana en la formulación y control de políticas sectoriales como la salud o la educación, constituye un estímulo a un nuevo protagonismo de la sociedad civil. La dicotomía tradicional, que asimilaba lo público al Estado y lo oponía a lo privado, se torna insuficiente. El Estado no agota ni representa todo lo público. Dentro de lo público, es decir “lo que es de todos y para todos”, debemos distinguir entre lo estatal y lo público no estatal.

Ejemplos prácticos de gestión de lo público no estatal los tenemos muy cercanos, como las cooperativas hidroeléctricas que operan en el interior de la Argentina. En la ciudad de Córdoba existen las conocidas cooperativas de usuarios de obras y servicios públicos que han permitido el desarrollo de las redes de gas natural. En España, son varios los hospitales que se gestionan desde fundaciones cuyo patronato está constituido por representaciones de la administración autónoma, de los usuarios del servicio y del Ayuntamiento competente. En Gran Bretaña se han implantado formas de autogestión de las escuelas públicas locales y entes autónomos para la administración de hospitales y universidades, usualmente denominados quangos (quasi non-governmental organizations).

Pero en la esfera pública no estatal no sólo se producen bienes o servicios. Se defienden también valores colectivos como el de la solidaridad, a través de la cada vez más extensa red de ONG, fundaciones y asociaciones que persiguen fines educativos, recreativos o de ayuda social. Se demuestra así que el Estado y el mercado no son las únicas opciones de las que dispone una sociedad que favorece los procesos de autoorganización y participación activa de la ciudadanía en el manejo de la res publica.

Desde una perspectiva más técnica, se considera que las organizaciones públicas no estatales pueden ser más eficientes a la hora de abordar la prestación de servicios heterogéneos y donde no existe capacidad del usuario de discernir sobre la calidad del servicio. Introduciendo elementos de competencia en estos “cuasi mercados”, se conseguiría mejorar la oferta en los servicios de educación y salud. Se estima que al no existir una motivación por el dinero y actuar incentivados por ideales altruistas, se favorece una mayor calidad en las prestaciones.

No obstante, hay que cuidarse de un exceso de optimismo. La experiencia también demuestra que estas formas organizativas son proclives a ser capturadas por reducidas nomenclaturas que las parasitan, impidiendo una democracia efectiva. Se registran también intentos de cooptación por parte de partidos políticos o grupos de poder.

En cualquier caso, estamos ante una experiencia novedosa, que vale la pena sostener, en cuanto lo público no estatal supone un reforzamiento de las prácticas participativas y ciudadanas. Terminar con esa separación profunda entre lo público y lo privado permite recuperar, en el mejor sentido de la palabra, el control de la política sobre la economía. Frente al proceso de globalización que debilita el rol tradicional de los Estados, hay que fortalecer a la sociedad civil, para realizar las funciones que el Estado deja de prestar pero que el mercado no puede asumir.

Por Aleardo F. Laría para Río Negro.-