Mujeres libres y una revista anarcofeminista

La organización Mujeres Libres, nació en plena revolución social anarquista de España en 1936. Llegaron a tener 20.000 afiliadas y, aunque ideológicamente se identificaron con los métodos de lucha y difusión anarquistas, vinculadas a la Confederación Nacional del Trabajo de España (CNT), a la Federación Ibérica de Juventudes Libertarias y a la Federación Anarquista Ibérica, procuraron siempre mantener su autonomía. Por Valentín Ibarra, para AIM.

 

 

Esta agrupación, de las primeras de su tipo en España, consideraba que la opresión no solo venía desde el Estado, el capitalismo y la iglesia, sino que también desde los mismos compañeros en el seno del movimiento obrero. Así, la organización feminista cuestionó firmemente el patriarcado de aquel momento tanto en las instituciones de la burguesía como en la cultura dominante, que se expresaba con fuerza en todos los ámbitos de la sociedad.

 

Resulta imposible la vida,

sin hacer planes siempre, siempre, siempre.

 

Las Mujeres Libres crearon una revista que llegaría a alcanzar 14 publicaciones entre los años 1936 y 1938, con una periodicidad mensual. Posteriormente, la agrupación comenzó un proceso de disolución o mas bien mutación y clandestinidad a partir de 1939 cuando estalló la Segunda Guerra Mundial.

Algunos de sus ejemplares jamás se hallaron, pero otros fueron rescatados y recientemente digitalizados, en diciembre de 2017. De ellos podemos leer que en el Nº 1 (de 1936), la militante feminista y anarquista Emma Goldman, de origen ruso y de ahí su apodo: la Roja, escribió una carta, fechada en abril de ese año, desde Niza, a modo de editorial con un estilo panfletario y del que podremos extraer algunas líneas, tan vigentes en estos tiempos plagados de discursos reaccionarios y oscurantistas que hacen crujir la región y que pugnan por el espacio mediático y político día tras día.

Mujeres libres y una revista anarcofeminista.

Unos años antes, en 1929, Goldman había visitado España y de ese momento recuerda: “Me sorprendió dolorosamente el atraso de la mujer española en general: su sumisión a la iglesia y en la vida privada, al hombre, sea padre, marido, compañero, hermano o hijo. Su acatamiento a la imposición de dos morales distintas, una para el hombre y otra para la mujer. Su esclavitud, en fin, que las reduce a sirvientes y portadoras de toneladas de hijos”; escribió la activista rusa que con gran alegría y esperanza, ve la decisión de contribuir a la emancipación de las mujeres y de la clase obrera en general, porque tuvo bien en claro que el pensamiento y la acción revolucionaria están atravesadas por el mismo vector capitalista-patriarcal y advierte del peligro inminente y feroz que asoma en Europa de la mano del fascismo (incluso calificando de charlatán al propio Adolf Hitler en no pocas ocasiones), insta a estar organizados y desafiar el destino sombrío al que “los políticos” (ciegos, sordos, mudos y sobrecogidos ante el falso poder de los dictadores) arrastarán al mundo.

Latidos de sororidad

Los textos y secciones de la revista libertaria que se apoya en el insipiente movimiento de mujeres y late como un gran corazón colectivo, impulsivo y sentimental, son de gran valor literario, editorial y a la vez funcionan como escuela de liderazgo político y popular.

Entre sus páginas, ya el primer número, Mujeres Libres, cuestiona la autoridad de Ley que siempre se pronuncia contra la vida y la dinámica de las relaciones. “Esta génesis de acción y reacción tiene por finalidad la articulación de la vida en común, pero las normas que rigen la vida en común son siempre coactivas, impuestas por el organismo que asume el poder, representado por el estado-familia, el estado-ciudad, el estado-nación. Este organismo reúne siempre un doble poder: económico y político y dueño de esta fuerza suprema ejerce la opresión tiránica inherente a esa significación”.  Al cuestionar el poder de la norma, la redactora (asumimos su feminidad) compara los códigos normativos, gendarmes del sistema patriarcal, con el proceso de descomposición de un muerto: un cuerpo infectado y rígido que paralizan la vida, la que pese a los esfuerzos de la autoridad y el poder, es un continuo fluir de presentes y futuros: es creadora de tiempo y es imposible, por lo tanto, ir contra ella. Dice con carácter firme y con tremenda actualidad en nuestro tiempo: “uno de los hechos fundamentales que demuestran el divorcio secular entre ley y la vida es el olvido permanente de la mujer en la legislación de todos los pueblos, de todas las épocas. Cuando se la ha tenido en cuenta ha sido para confinarla a una situación de inferioridad (…) en los tiempos primitivos, cuando la evolución social no había dividido aún a los hombres en clases: cuando todavía no se había cristalizado la esclavitud como subcategoría social, ya existía de hecho la esclavitud de la mujer: esclavitud de trato y de trabajo”.

 

De evidente papel rústica, propio de la lejanía epocal y tecnológica, entre sus secciones, la revista de vanguardia, abordó e interpeló tópicos de la historia, la moda y los estereotipos de género, el cine, la literatura. Con un especial énfasis en la lucha obrera contra el capital, la corona y no se detuvieron allí, ya que avanzaron sobre temas como el antimilitarismo (de gran impronta por aquellos días), las nuevas tecnologías, salud y educación e incluso sobre maternidades deseadas, podemos leer en el pie de una ilustración del Nº 12: “¡Todas las mujeres a la lucha! No es mejor madre la que mas aprieta a su hijo contra su corazón, sino la que ayuda a labrar para él un mundo nuevo”.