Música, danza, poesía, historia y ecología, en un encuentro popular

De los chamameceros de Bella Vista a José Artigas, de Lázaro Blanco a Fabián Tomasi, todo un homenaje a la identidad regional en Colonia Avigdor, a través de la danza, la música, la poesía, las artesanías, las luchas y los testimonios, cruzando fronteras de la geografía, las generaciones y el conocimiento. Memoria de horas tristes, pero “sin amargura”.

Danza. Mas de 50 niños y jóvenes en El Orejano, en homenaje a la identidad regional.

Hubo un despliegue de arte; hubo emoción, recuerdo, alegría, y aunque el servicio meteorológico anunciaba lluvias, la velada fue comandada por la luna a pleno en Colonia Avigdor. El encuentro de la vecindad de los departamentos Federal y La Paz empezó con unos mates a las cinco de la tarde y duró hasta casi la medianoche, pero a eso de las diez tuvo su punto culminante cuando los grupos medio dispersos en el campito El Orejano se arrimaron a una rueda chica espontánea para apreciar de cerca a medio centenar de artistas en la pista de tierra.

Fue un momento radiante. Eran gurises, gurisas, jóvenes, profesores, todos con sus vestimentas típicas, para traducir en danza la huella “A José Artigas” en la voz de Alfredo Zitarrosa, y rendir homenaje al Protector de los pueblos Libres.

“Vidalita acordate de José Artigas y endulzate la boca cuando lo digas… Vidalita orientala, lejana y pura, a la patria cantala sin amarguras”.

¿La excusa? Era el sábado 7 de setiembre, y nos adelantábamos a celebrar los 204 años del Reglamento de Tierras dictado por Artigas para devolver o entregar estancias a las familias más desfavorecidas de la región. Y ahí nomás otras danzas a San Martín y Juana Azurduy, con coreografías especialmente diseñadas para el fogón de Avigdor, y una serie de ritmos del litoral mechados con glosas alusivas. Música entrerriana y oriental, sin fronteras; Linares Cardozo, Aníbal Sampayo, Abelardo Dimotta, Ricardo Tito Gómez y Julián Zinni, fueron algunos de los compositores más nombrados en El Orejano.

El profesor de la Uner Juan Antonio Vilar, presidente de la Junta Abya yala por los Pueblos Libres, había desarrollado en cinco minutos los prolegómenos de la revolución federal que, antes del reparto de tierras, se había expresado en la Batalla del Espinillo, cerca de Paraná, para inaugurar el federalismo y fundar la Liga de los Pueblos Libres y la soberanía entrerriana. Aula a cielo abierto.

El centro fue la danza de la juventud de Bovril, Sauce de Luna y Avigdor, las agrupaciones  Aires Tradicionales, Llankiray, El Ñandubay, y la entrega especial de las artistas Marina y Marilina Berezagá, entre tantos cultores de las danzas. Y el centro fueron las niñas y los niños que salían a la pista al atardecer, en forma espontánea, para bailarse unos chamamés llamados por los acordeones de Marquitos Marín y Felipe Gallardo (Chirú Tagüé), el Tape Viriña y Chon Lencina con su conjunto, como antesala a la actuación de Alcides Müller, esta vez acompañado por la voz de un clásico: Juan Cabral, y con piezas de sello propio como los tanguitos montieleros que recopiló de su infancia en María Grande Segundo.

La rueda temprana se hizo grande. Aquí un tablón con torta asada y pasteles, más allá empanadas y tortas fritas, por ahí un lemon pie, tres, cuatro fogones encendidos con parrillas, ollas para el guiso, y toda la atención de los anfitriones, Yolanda Martínez y Fernando Escobar, paisanos de Avigdor bien dispuestos para que todo el mundo se sintiera a gusto.

La fecha coincidía con el recuerdo de Lázaro Blanco, presente en las interpretaciones musicales de varios artistas, entre ellos el Guille Lugrín que viajó con su guitarrón para dar una bella versión de “Nuestros sueños y la distancia”, y la chamarrita que comparte con Facundo Torresán, “Los promeseros”. “Mi ruego está hecho de barro que se cuartió con la seca… Crucecita de palo entre velita y banderas…”.

Lugrín, fogonero del Movimiento de Música Entrerriana De Costa a Costa y conocido por sus incursiones y giras en los mundos del tango, la milonga y el chamamé, tanto en el canto como en la danza, fue convocado luego por Müller, para entonar otras sentidas composiciones, y para resaltar un disco recién salido del horno de Delcio Arce, el cantor y compositor de Paraje Chajarí, afincado en Jubileo.

Bella Vista

El Fogón El Ñandubay se eslabona con otros fogones realizados en los pagos de Avigdor, y esta vez estuvo marcado por una vigilia, en memoria de los 30 años de la tragedia de Bella Vista, que terminó con la vida de Zitto Segovia, los hermanos Sheridan y otros inolvidables artistas del Chaco, Corrientes y todo el litoral. Los presentes recordaron a los músicos a través de un breve documental en pantalla gigante, con los relatos de los sobrevivientes y la voz inconfundible del Bocha Sheridan cantando “Flores del alma” en homenaje a sus dos hermanos y demás artistas que se llevó el Paraná. “No sé por qué pero el viento/ que en tus rodillas hablaba/ me juega de vez en cuando como una mala pasada…”

En esa misma pantalla, después, unas palabras del entrerriano Fabián Tomasi a los estudiantes, para cuidar el ambiente, cuando se cumplía un año de su desaparición.

Los organizadores, vecinos de la zona junto a los centros de estudios Junta Abya yala por los Pueblos Libres y Trabajadores Por la Ventana, con sedes en Paraná, se fijaron precisamente el objetivo de recuperar la relación del arte, la historia, los oficios, los sentimientos populares, las tradiciones, alrededor del mate y el fogón, lejos de las habituales fragmentaciones; de ahí la confluencia de fechas y generaciones en torno de la voz Pachamama, que resonó en el encuentro, junto a los corrales, bajo los eucaliptos de Avigdor.

Memoria pero, como dice la huella de Zitarrosa, “sin amarguras”, porque los artistas se ocuparon de dar aire a los ritmos nuestros. Elvira Pérez con una serie de temas populares, acompañada por su sobrino; el niño Lautaro Tosi para recitar “Si tenés Cachorro”, del santafesino Julio Migno; Quequecha Brasseur y Delcio Arce con bellos temas del litoral.

Capítulo aparte para las entrevistas en público a los artesanos del cuero Apolinario Piedrabuena y Alfredo Duarte, aquerenciados en Avigdor, que recibieron el reconocimiento de la vecindad con sendos mates de ñandubay, artesanías de Virgilio Fiorotto, de Larroque, y relataron sus oficios de a caballo y costumbres en parajes rurales de la provincia. Hay que decir de varios de los artesanos y profesores nombrados pasan con creces los 80 años, lo que da una idea del cruce de edades que permitió el fogón.

Tierra y esperanza

El historiador Juan Vilar fue invitado a contar detalles del Reglamento de Tierras, en un espacio entre la música y la danza. Dijo entonces que un 11 de agosto de 1815 (el año en que se izó la bandera de la banda roja y se reunió el Congreso de Oriente), se reunieron autoridades del Cabildo de Montevideo con hacendados y otros dirigentes, con presencia del alcalde provincial Juan de León, y se presentaron dos proyectos que fueron enviados a Artigas, en Purificación. Ahí figuraban ideas que se convertirían en el reglamento de Tierras.

El problema era que se habían sucedido cinco años de luchas contra los españoles, los portugueses, los porteños; se había vaciado la campaña oriental con el éxodo, y los orientales pretendían repoblar la campaña mediante la entrega de tierras. Por supuesto, Artigas ya tenía experiencia por su participación con Félix de Azara en Batoví.

El profesor Vilar recordó que en todos estos intríngulis siempre había un inglés metiendo la nariz, y en este caso andaban por allí los hermanos Parish Robertson. Uno de ellos  contó sus experiencias, y dijo que entró en una ranchada en Purificación, un lugar limpio, techo de paja, y encontró a Artigas sentado en una cabeza de buey, mientras comía asado y tomaba ginebra.  Alrededor había mucho  ruido, con gente que entraba y salía, y Artigas estaba muy concentrado redactando cartas a dos secretarios.

Vilar subrayó esta actitud, esta cercanía con los gauchos, y la diferenció de la de los Rivadavia, Pueyrredón, etc, que tenían otros fines en Buenos Aires.

Luego ofreció detalles del Reglamento, con beneficios para los más desfavorecidos, sacando tierras de los enemigos de la revolución, cosa que el poder nunca le perdonó.

Autor: Tirso Fiorotto. Periodista, escritor, investigador.