Pacifista no es lo mismo que pacífico

Un hombre puede ser pacífico, pero  “pacifista” es otra cosa. Pacífico es el que tiene un equilibrio esencial -cada vez más raro- que le permite expresar serenamente su naturaleza auténtica (su “dharma” dirían los hindúes) y mantenerla consciente e invariable a pesar de todas las contrariedades.

Pacífico es el que tiene un equilibrio esencial -cada vez más raro- que le permite expresar serenamente su naturaleza auténtica .

Pacifista es el que padece un conflicto interior que lo lleva al desasosiego y por consecuencia a buscar la paz que le falta y si es preciso a imponerla paradójicamente por la violencia a los demás.

De acá resultan contradicciones tales como la “pax” imperial (pax romana, pax britannica) o la “pacificación” de paises por la fuerza. El pacifista puede ser el peor de los violentos porque se cree en posesión de una verdad consagrada moralmente y que con ella puede y debe plegar a los demás a su voluntad para lo que está siempre dispuesto a pasar a la acción. Finalmente gritará “haya paz” repartiendo mandobles  con un garrote en la mano.

Ahimsa

El ahimsa puede convertirse a nivel de las aplicaciones en un método de lucha para gente muy dura, para nada emocional y con fines intelectuales perfectamente claros, anclados en un punto de vista superior a cualquier movimiento social o político.

Tan duro y exigente, física y mentalmente, como los occidentales no solo no pueden serlo por lo general, sino que incluso no entiendan que alguien pueda serlo.

Probó su eficacia en la guerra de liberación de la India contra los ingleses.  Ahimsa  podría traducirse  mejor que “no violencia” como “sin acción”  o “sin respuesta”. Se funda en una ley del karma que sostiene que a toda acción que busca resultados sigue una reacción, que todo acto, conciente o no, tiene consecuencias que tarde o temprano recaen sobre el actor. Y que solo las acciones perfectamente libres, sin intención ni apego alguno, no son seguidas de reacciones.

Es una aplicación práctica de una doctrina de mucho mayor alcance, que suele traducirse como “acción en la inacción” a falta de un concepto que lo exprese bien en nuestro idioma.

No se debe confundir con una cuestión ética, por eso no se trata de indignación ni siquiera de planificación racional debida a la elaboración de un individuo o grupo, recomendada por su coherencia, nobleza u oportunismo.

El símbolo de la no acción que actúa sin embargo es el sol, que sin moverse de su posición central en el medio del sistema solar, por su mera presencia mueve los planetas sin hacer nada él mismo. O el centro de una rueda, a la que concurren todos los rayos y que el único  punto del conjunto  que no se mueve cuando la rueda gira.

Gandhi, al recomendar la “ahimsa”  en una entrevista para la prensa suiza antes del inicio de la  segunda guerra mundial, consultado sobre un  país pacífico debía o no permitir el paso por su territorio de un ejército que se dirigía a invadir a un vecino (La Alemania nazi a Checoslovaquia), dijo: ” A riesgo de ser considerado un visionario o un loco, debo responder a esta pregunta de la única manera que se:  Si yo hubiera sido un ciudadano suizo o un presidente del Estado Federal, no hubiera permitido el paso de un ejército invasor negándole todos los suministros. En segundo lugar, en una versión suiza de las  Termópilas, hubieran  podido ustedes ofrecer una muralla viviente de hombres, mujeres y niños e invitar a los invasores a marchar sobre cadáveres. Se podrá decir que tal cosa excede la experiencia y la capacidad de aguante humanas. Sostengo que no es asi, que es perfectamente posible (y da ejemplos hindúes) Agrega que, si el ejército fuera lo suficientemente brutal para marchar sobre la muralla humana, entonces los que le negaron el avance se habrían limitado a cumplir su deber (su “dharma” o ley propia que brota de la naturaleza de cada uno, no es un concepto legal ni moral).

“Puede usted negarse a admitir tal valor en masas de hombres y mujeres, pero entonces debería admitir que la no violencia está hecha de un paño más duro. Nunca fue concebida como un arma de los débiles, sino de los corazones más recios”.

No se trata de un método pacífico, sino de un método eficaz porque ancla en la naturaleza de las cosas, no como se ve en apariencia, sino como es en esencia.

De la Redacción de AIM.