Aniversario del nacimiento de Artigas

El 19 de junio de 1764 nación cerca de Montevideo, entonces virreinato del río de la Plata, José  Artigas, iniciador rioplatense del federalismo. Acogido por el presidente del Paraguay,  Rodríguez de Francia, después de la traición de su lugarteniente Francisco Ramírez, falleció cerca de Asunción el 23 de setiembre de 1850, dedicado a las humildes tareas del cultivo de la tierra.

José Gervasio Artigas.

Gran patriota americano, jefe popular y estadista nacido cerca de Montevideo  el 19 de junio de 1764; Artigas fue jefe de los orientales y protector de los pueblos libres, uno de los estadistas más importantes de la revolución del Río de la Plata.

Es venerado como un prócer del Uruguay, pero su figura transciende largamente el país donde nació porque su acción fue decisiva para  la independencia y la federalización de las Provincias Unidas, de la que la Banda Oriental del Uruguay era parte.

Artigas fue un caso único de jefe popular que luchó sin concesiones contra el Imperio español, el británico y el portugués, y contra las oligarquías de Montevideo y Buenos Aires.  Por eso obtuvo la adhesión incondicional de negros, gauchos, indios y “buenos americanos”, pero cosechó traiciones de los que no veían conveniente seguir la lucha una vez obtenido lo que querían.

La Liga Federal que creó estaba organizada sobre los principios del federalismo y la república. Además de la provincia oriental, formada por el actual Uruguay y parte de Río Grande del Sur, integraban la Liga    Córdoba, Corrientes, Entre Ríos, Santa Fe y los pueblos de Misiones bajo la guía de   Andrés Guazurary, “Andresito”.

Cuando se enteró en el exilio paraguayo de la formación de la República Oriental del Uruguay, Artigas dijo “ya no tengo patria”.

Artigas  encontró en la frontera con el Brasil a fines del siglo XVIII un afro-montevideano al que los portugueses habían esclavizado. Lo compró para liberarlo. Joaquín Lenzina, “el negro Ansina”, lo acompañó el  resto de su vida, fue su amigo, su compañero de armas, cronista y  poeta de la gesta artiguista.

En agosto de 1810, en su Plan de Operaciones, el secretario de la Primera Junta, Mariano Moreno, escribió: “Sería muy del caso atraerse a dos sujetos por cualquier interés y promesas, así por sus conocimientos, que nos consta son muy extensos en la campaña, como por sus talentos, opiniones, concepto y respeto; como son los del capitán de dragones don José Rondeau y los del capitán de blandengues don José Artigas; quienes, puesta la campaña en este tono y concediéndoles facultades amplias, concesiones, gracias y prerrogativas, harán en poco tiempo progresos tan rápidos, que antes de seis meses podría tratarse de formalizar el sitio de la plaza”.

El 11 de abril de 1811 Artigas emitió la Proclama de Mercedes, asumió el mando de la revolución en la Banda Oriental y el 18 de mayo derrotó a los españoles en la batalla de Las Piedras, dejando a Montevideo aislada de la campaña. Luego inició el sitio de Montevideo y fue aclamado “Primer Jefe de los Orientales”.

En 1812 logró convocar a un Congreso Nacional en Maroñas y allí proclamó la Provincia Oriental con gobierno federal, como modelo a seguir por las demás Provincias Unidas del Río de la Plata.

Cuando por el armisticio firmado con el virrey De Elía las tropas de Buenos Aires abandonaron el sitio, Artigas, disgustado con esta medida, pasó con 16.000 seguidores en 1.000 carretas -hombres, mujeres y niños-  a la margen derecha del río Uruguay, en lo que se  llamó el “éxodo oriental”.

Tras el congreso de Tres Cruces fueron electos los diputados orientales que debían concurrir a la Asamblea General Constituyente del año 1813 en Buenos Aires. Las instrucciones que llevaban reclamaban:

Independencia de las provincias del poder español.

Igualdad de las provincias.

Libertad civil y religiosa.

Organización republicana.

Federalismo, con un gobierno supremo que entendiera solamente en los negocios generales del Estado, y confederación referida a la protección que se debían las provincias entre sí.

Soberanía de la Provincia Oriental sobre los siete pueblos de las Misiones Orientales.

El  gobierno federal fuera de Buenos Aires.

Buenos Aires rechazó los diplomas de los diputados orientales porque fueron elegidos en un campamento militar, pero aceptó otros que no habían sido elegidos en ninguna parte.

Cuando Artigas se retiró del segundo sitio de  Montevideo, el director Supremo, Gervasio Posadas, lo declaró por decreto del 11 de febrero de 1814 “infame, privado de sus empleos, fuera de la ley y enemigo de la Patria”; mandó perseguirlo y matarlo y puso precio de 6.000 pesos a su cabeza.

Se produjo entonces la primera batalla de la guerra que siguió a la revolución de Mayo, y fue por la libertad de Entre Ríos. Se libró en  El Espinillo, 25 kilómetros al Este de Paraná, cerca de la actual localidad de La Picada. Las tropas del alcalde de Paraná,  Eusebio Hereñú, que había reconocido la autoridad de Artigas e izado su bandera, junto a las orientales de Otorgués vencieron a las del directorio comandadas por Holmberg. Posadas debió entonces aceptar la soberanía entrerriana.

El 29 de junio de 1815 se reunió en Concepción del Uruguay, Entre Ríos, el “Congreso de los Pueblos Libres” llamado Congreso de Oriente, cuyas actas se han perdido. Es posible, pero no está probado, que allí, antes que en Tucumán un año después, se haya declarado la independencia de España y de todo poder extranjero.

Artigas ratificó el uso de la bandera de Belgrano, con el agregado de  una banda roja punzó diagonal, que según Gonzalo Abella es la imagen de la sangre charrúa cayendo desde el cielo como un pájaro herido.

En el campamento de Purificación fue redactado un Reglamento para el fomento de la campaña,  sancionado el 10 de septiembre de 1815. Es   la primera reforma agraria de Nuestra América. Expropiaba  tierras y las repartía entre los que la trabajaban “con la prevención que los más infelices sean los más privilegiados”

Después de la derrota de Tacuarembó ante 12.000 veteranos  lusobrasileños, Artigas se propuso obligar a Buenos Aires a hacerle la guerra a los portugueses, a lo que la metrópolis  se mostraba reacia, antes bien, veía con buenos ojos una invasión a la Banda Oriental que eliminara la influencia de Artigas.

Entonces sus lugartenientes Francisco Ramírez y Estanislao López vencieron a Buenos Aires en Cepeda. El plan parecía realizado, pero en lugar de obligar a los porteños combatir a los portugueses, Ramírez  firmó con Sarratea el Tratado del Pilar y Artigas se supo traicionado.

Con dinero y cañones porteños, Ramírez venció a Artigas en Las Tunas y lo persiguió hasta el Paraguay, conocedor de que el jefe de los orientales podía en Entre Ríos levantar contra él un ejército tan pronto le diera el mínimo respiro.

Cuando marchaba al destierro, los indígenas de las Misiones dejaban sus sembrados, sus familias, sus animales, para seguirlo.

En el Paraguay  murió 30 años después, sin haber regresado nunca a la Banda Oriental, el 23 de septiembre de 1850, a los 86 años. Tenía un perro que se llamaba “Charrúa”. Los  guaraníes lo llamaban  Oberavá Karay, “señor que resplandece”.