Argentina, pionera del cine erótico

El sartario, un cortometraje de contenido sexual explícito protagonizado por marineros y prostitutas del puerto de Rosario para el mercado europeo.

La primera película pornográfica se habría filmado en Argentina. Esta teoría (a la que adhieren varios de los principales historiadores del género) sostiene que nuestro país fue un centro neurálgico en la producción de films pornográficos durante las primeras décadas del siglo XX.  Por Valentín Ibarra, para AIM.

 

Esta producción no se limitó a películas de contenido sexual explícito sino que incluyó también films eróticos que trascendieron la clandestinidad de los circuitos prostibularios, alcanzando en ocasiones, los más selectos cines comerciales del país, afirma Andrea Cuarterolo, historiadora de la Universidad de Buenos Aires e Investigadora del Conicet, en su artículo Fantasías de nitrato. El cine pornográfico y erótico en la Argentina de principios del siglo XX.

 

Se ven allí espectáculos que según vuestra naturaleza,

os harán tapar o cerrar los ojos.

Albert Londres, El camino de Buenos Aires.

De acuerdo con Dave Thompson, autor de Black and White and Blue. Adult Cinema from the Victorian Age to the VCR [Blanco y negro y azul. Cine para adultos desde la época victoriana hasta la videograbadora], los orígenes del cine están innegablemente ligados a lo obsceno ya que fue concebido para “alentar el voyeurismo, el placer de mirar, un acto que ya de por sí parecía indecente”. Por su parte la investigadora Annette Michelson sostiene “que el cuerpo femenino es el verdadero lugar de invención del cinematógrafo” y que este medio “estuvo marcado desde sus mismos orígenes por la inscripción del deseo”. En efecto, desde los pioneros estudios de movimiento los sensuales desplazamientos de mujeres y hombres desnudos, pasando por el kinetoscopio (quinetoscopio o cinetoscopio) de Edison sobre cuyos visores se agolpaban los espectadores para espiar a la sugerente Fátima, bailar con el vientre descubierto, hasta el cine de Méliès y su escandaloso Après Le Bal (1897), donde su futura esposa se desnudaba para la cámara; el sexo y las novedosas imágenes en movimiento estuvieron íntimamente ligados.

Latinoamérica, no fue ninguna excepción por el contrario, muchos de los principales historiadores del género coinciden en señalar a esta región como un centro neurálgico en la producción de films eróticos y pornográficos durante aquel período. Otros estudios afirman que la primera cámara Edison que llegó a Brasil en la década de 1890 fue utilizada para rodar films pornográficos aprovechando la ausencia de cualquier prohibición legal al respecto. México estuvo a la cabeza de la producción de este tipo de películas entre 1926 y 1929, cuando adquirieron una cierta connotación política a partir de un enfrentamiento entre la iglesia y el Estado, grieta que sería alimentada una y otra vez aquí y allá en relación a la desnudez, la sexualidad y la delicada línea divisoria entre lo socialmente visible y lo despreciable (o despreciado).

En los últimos años, la Filmoteca de la Universidad Nacional Autónoma de México (Unam) rescató unas 30 cintas pornográficas filmadas entre 1930 y 1950 que se conservaron durante décadas en el sótano de un viejo cine del DF. También Cuba, que en este período fue una suerte de paraíso del pecado para la burguesía norteamericana, es señalada como un importante punto de producción. Sin embargo, la mayoría de los especialistas en el género sostienen que, en el período temprano (entre 1904 y 1912) fue Argentina la que encabezó la producción de cine porno en la región.

Curt Moreck (historiador y cineasta alemán), escribió en su “Historia moral del cine” (1926) que Buenos Aires fue, en la primera década del siglo XX, el principal centro de producción de films pornográficos a nivel mundial. De acuerdo con el autor, el negocio estaba en manos de alemanes que filmaban estas películas para exportarlas no sólo a su tierra natal sino también a zonas tan alejadas como Rusia, Francia, los Balcanes, Sudáfrica o Inglaterra.

 

El Sartario o El Sartorio  

La leyenda cuenta también que la película pornográfica más antigua que ha sobrevivido hasta nuestros días se habría filmado en la Argentina. Esta teoría, a la que adhieren varios de los principales especialistas del género, sostiene que hacia 1907 se rodó el film El sartario, un cortometraje de contenido sexual explícito protagonizado por marineros y prostitutas del puerto de Rosario para el mercado europeo.

 

… y el arte se pobló de centauros, sátiros, faunos y toros viriles.

 

Más allá de su lugar de origen y de su antigüedad, El sartario es un film inusual por varias razones y la primera de ellas es su inusitada representación de la violencia. Sabido es que en el cine comercial de contenido erótico hay una frecuente vinculación entre sexo y violencia, sin embargo en su período inaugural esto es sumamente extraño y la sexualidad representada es generalmente consentida.

El rapto y violación de la ninfa, si bien están representados con una irónica gentileza, introducen una temática infrecuente en el género que, conecta al film con toda una tradición pictórica y literaria tanto extranjera como local. El rapto femenino surge desde la antigüedad como un motivo básico del erotismo masculino, que prevaleció largamente en la plástica y la literatura universal donde se expresa en la violencia del raptor un resabio de la animalidad.

El film constituye una rareza por su refinada complejidad visual y narrativa, incluye una multiplicidad de escenas, un disfraz elaborado, una variedad de locaciones tanto en exteriores como interiores y un montaje complejo que intercala planos largos y cortos e incluso, varios paneos notables para la época.

Las contradicciones e indeterminaciones respecto a la fecha y origen de gran parte de estos films pornográficos tempranos hablan de la naturaleza de estas películas. Los primeros exponentes del género eran cortos, generalmente de una duración equivalente a una bobina de película, realizados y exhibidos en forma clandestina en clubes exclusivamente masculinos, burdeles y bares. De contenido sexual explícito, estaban comúnmente protagonizados por prostitutas, artistas de cabaret y diversos tipos de voluntarios masculinos que con frecuencia se disfrazaban o cubrían sus rostros para conservar su anonimato.

Actualmente en nuestro país y pese a un breve período de pujanza a finales de los `90 y hasta mediados del 2000, la categoría XXX mantiene su condición de semi-clandestinidad y afuera cultural sin demasiada repercusión mediática ni de sus títulos ni de sus protagonistas.