El cooperativismo: La solidaridad es la fuerza que impulsa a la cooperación

Por Cecilia Ratovicius, de Revista PPV, especial AIM. En diversos sectores de nuestra sociedad se utiliza “cooperativa” como sinónimo de informal o desorganizado. Son numerosas las veces que escuchamos “no estamos en blanco, trabajamos en formato de cooperativa”, o “la organización es cooperativa, no hay cargos o funciones definidas”, aportando sin intención, quizás, al crecimiento de la idea hegemónica: “sin patrón, no hay empresa”.

El cooperativismo: La solidaridad es la fuerza que impulsa a la cooperación

Ante esto, vamos a tratar de analizar una serie de hechos y cifras que nos invita a la reflexión de la mano de la Alianza Cooperativa Internacional, en su regional, Cooperativas de las Américas:

A nivel mundial las cooperativas cuentan con casi 1.000 millones de socios y generan 100 millones de empleos, un 20 por ciento más que las firmas multinacionales (2012).

Las ventas de las 300 empresas cooperativas más grandes del mundo suman trillones de dólares, importe comparable al PIB de algunas de las economías nacionales más importantes (2012).

En Uruguay, las cooperativas son responsables del tres por ciento del PIB. Producen el 90 por ciento de la leche, el 34 por ciento de la miel y el 30 por ciento del trigo. El 60 por ciento de su producción se exporta a más de 40 países (2011).

En Brasil, las cooperativas son responsables de un 37.2 por ciento del PIB agrícola y el 5.4 por ciento del PIB global (2009).

En Estados Unidos, las cooperativas eléctricas rurales atienden a más de 42 millones de usuarios residentes en 47 Estados, lo que representa el 42 por ciento de las líneas eléctricas del país (2010).

En nuestro país:

Según los datos publicados por el Instituto Nacional de Asociativismo y Economía Social (INAES) en 20192:

En la actualidad, las cooperativas poseen 17.818.197 de asociados en todo el país.

Solo en Capital Federal, existen 2.949.619 asociados a diferentes cooperativas.

Los ingresos en 2019 de las cooperativas superaron los 392.000 millones de pesos.

Ante los abrumadores números, vemos que las cooperativas no son ni pequeñas ni marginales, pero claro está que a algunos les hace bien generar confusiones. Nuestra cultura capitalista nos forma para insertarnos a un puesto de trabajo en relación de dependencia, a comprar una vivienda en una gran inmobiliaria o para proveernos de servicios y bienes en grandes cadenas de supermercados. Desde nivel inicial, enseñamos a nuestros hijes que existen solo dos posibilidades laborales: la individualidad del profesional u poseedor de un oficio (medico/a, contador/a, abogado/a, carpinetero/a, mecanico/a, artesano/a, etc.) o la relación jefe-empleado (gerente, oficinista, operario, etc.), pocas son las Instituciones educativas que proveen de enseñanza en cooperativismo y presentan las propuestas colectivas como opción.

Esta discusión, de algún modo, la plantea Foucault en “Vigilar y castigar” cuando pone en tensión el modelo educativo y su origen disciplinador: Somos formados para respetar determinadas reglas o recibir el castigo merecido.

Si bien existen normas que se presentan como una solución a la educación sin cooperativismo (leyes 16.583, 23.427, por nombrar algunas), deberíamos empezar por plantearnos como sociedad qué es una cooperativa y qué modelos disputa. Porque el cooperativismo se trata hoy de eso: Disputar con los grandes grupos concentrados mediante la idea de que otra economía es posible, de que otra sociedad puede crearse y que la solidaridad es la fuerza que nos impulsa a la cooperación.

Las primeras palabras de Mario Cafiero en su asunción al frente al Instituto Nacional de Asociativismo y Economía Social fueron: “Vamos a sacar el Inaes a la calle”. Sin dudas, esto marca un nuevo rumbo para el sector. Desburocratizar al estado es una de las necesidades que nuestra sociedad en recesión necesita, el nuevo gobierno se plantea un objetivo ambicioso, el tiempo dirá si es posible.